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martes, 10 de mayo de 2016

El temblor

Nadie toma de dos fuentes a la vez.  Es físicamente imposible.
Tan solo intentarlo nos provocaría cansancio mental, nos daría más sed, nos robaría calma, las pulsaciones se acelerarían, desearíamos más y empezaríamos a dudar sobre qué fuente es la que deberíamos elegir.

Comenzaríamos con una, luego seguiríamos con la otra.
Querríamos volver a la primera para recordar el sabor, y luego iríamos a la segunda y automáticamente estaríamos olvidando cómo sabía la primera.
Y tomaríamos de una mirando la otra, beberíamos de una deseando sin cansancio aquella que no elegimos.

No existe momento de mayor libertad y mayor angustia que el simple acto de "decidir".

Y nos invaden frases que repetimos por inercia.

"Más vale malo conocido que bueno por conocer"
"El que no arriesga no gana"
"Cada camino empieza con un simple paso"

Así batalla nuestra mente que no siente, disparando sin piedad a un corazón que no piensa.
Soñamos con situaciones tantas veces...
Son perfectas.
Son tan perfectas que nos dan miedo.

Nadie puede beber de dos fuentes al mismo tiempo.  Siempre que nos levantamos empezamos a caminar con un pie y el otro no se ofende.  Al preparar un café, agarramos una taza y no estalla el mundo por las otras 5 que quedaron en el fondo, esperando.

Repito una y otra vez, no se puede estar en dos caminos al mismo tiempo.  No se puede dormir en dos camas ni soñar dos vidas.

Estamos eligiendo constantemente.  No debería dolernos ya, sin embargo, no logramos entender que elegir nos hace verdaderamente libres, nos permite crecer y nos empuja afuera de los lugares cómodos que teje nuestra más interna oscuridad.

La vida nos sacude, nos derrumba los muros que nos protegen, nos deja al descubierto, nos revuelca por el barro y nos observa desde lejos.

Haberse convertido en ruinas pueden ser una buena forma de volver a empezar.