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jueves, 5 de mayo de 2016

Muere el olvido



Decenas de órdenes repetidas en silencio para sentenciar el olvido,
música fuerte, ruido, comedias, luces y todo se olvida... sólo un rato.
A veces se apuesta tanto...
y son cosas tan propias que no tienen precio en el mercado.


Después de todo,

¿qué hace uno con uno mismo cuando se siente acabado?

¿cómo se dibuja la sonrisa?

¿cómo se condenan los labios?

¿cómo se guarda la angustia cuando el corazón está alterado?

¿cómo se apagan los ojos que guardan sueños dorados?

¿cómo se borra la pena de lo oído?

¿cómo se cree que el futuro no es igual al pasado?


Después de todo,

¿qué gana el que intenta y siempre sale dañado?

¿qué hace cuando se le cae de las manos el tiempo confiado?

¿qué puede hacer si volar le da miedo?

¿qué, si está acostumbrado a correr con el lazo atado?



A veces, no es bueno abrir puertas que estaban con candado.

El olvido tiene sus tiempos.

El miedo da alivio porque de coraje se ha disfrazado.

Hay que reordenar el caos, serenar la pena, volver a la oscuridad los pecados.