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jueves, 27 de octubre de 2016

Ingobernables

Ingobernable el corazón,
capaz de latir sin que 
podamos controlarlo,
capaz de acelerarse para 
mostrarnos que algo nos asusta
o nos alerta, o nos conmueve, 
o nos hace sentir distintos.
Ingobernable la mente,
que trabaja sin que lo pidamos, 
que diagrama salidas o 
nos bloquea el paso,
que sigue su ruta sin que 
podamos notarlo,
que dibuja esquemas, 
que nos puede hacer parecer 
inteligentes y estúpidos,
que nos ahoga cuando creemos 
que estamos flotando.
Ingobernables las manos,
que hacen, que mueven, que acarician, 
que frenan, que avanzan,
que secan lágrimas y dibujan sonrisas.
Ingobernables los que van 
por los caminos que quieren 
sin importar más nada.

Al menos, así lo siento yo.

Guada.