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sábado, 15 de octubre de 2016

Mundial

Preguntó: ¿Dónde estás?
Respondí: En África.
Él dijo: ¿Te gustaría?
Contesté: Me gusta viajar y aprender... así que los destinos son siempre correctos.

Así empezaba a bocetear esta idea que es probable que termine con mis pies pidiendo permiso en otras tierras.

Es que en estos tiempos en los que viajar es un poco moda, un poco imagen, un poco escape, puede que terminemos perdiéndole cariño al primitivo encuentro del ser consigo mismo.

Viajar no tiene que ver con acumular millas compulsivamente sino con la posibilidad de saborear cada milímetro de espacio con el atropello de un cachorro que busca alimento, con la pasión de Frida amando a Diego y sus calas, con la exagerada mirada de Botero, con el amor que brota de la voz de Chavela. De vez en cuando hay que dejar que se ahoguen los ojos ante alguna maravilla... un niño jugando en el campo, una mujer creando un telar, una guitarra pariendo una melodía ante un grupo de turistas que sin saberlo, pronto la van a olvidar.  Viajar te llena los ojos, la cabeza y el alma. Escuchar voces, tonadas, guardar olores y llenar la retina de cosas que esconde el alba.

Viajar es permitirse un encuentro con algo de nosotros que se queda perdido entre los libros de la facu, entre los asfaltos de la ciudad, entre los encuentros de amigos que nos regalan oxígeno de vez en cuando.

Viajar es permitir que los relojes de Dalí se nos derritan entre las manos, es dejar que Gardel nos enseñe a bailar aunque no sepamos nada de tango. Es abrir la cabeza y estar siempre de visita, y quien está de visita aprende la lección y saborea la escapada.

La vida es un viaje y será asunto de cada uno elegir la estación en la que sea mejor bajarnos.

Yo no estoy en África pero decirlo me llevó a viajar un rato para darle sentido a esa frase que dice "la imaginación permite abrir alas grandes como el cielo en una cárcel del tamaño de un puño".

Viajar es tomarse la vida a fondo blanco. No importa si sea Grecia, Carlos Keen o un parque público que nos queda un poquito alejado.

A veces en la vida,  5 minutos o 10 años son simplemente "un rato".