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jueves, 19 de octubre de 2017

Y si...?

Qué podrida estoy de todo esto!
Recuerdo que cuando era niña, un muerto era noticia nacional que conmocionaba y dejaba una especie de silbido en los oídos, ese silbido que sentimos cuando estamos aturdidos.

De un tiempo a esta parte nos hemos vuelto descartables. 

No importan los motivos porque si importaran daríamos lugar a justificaciones. 

Si era militante, si era un hippie, si era un idealista, si era carne de cañón... era un hombre.  Pero es cierto que mirar la historia con inocencia me volvería cómplice de una sociedad a la que siempre le gustan estos mártires porque son los que se pueden usar cuando la ineptitud nos domina. Fue bandera de campaña y lo va a seguir siendo porque esa es una costumbre argentina.

Versiones, hipótesis y posibilidades que se ríen como se ríe un león entre la maleza dorada porque sabe que todo está dado para que la víctima no lo vea hasta que ya sea demasiado tarde.

Me pregunto cuáles eran sus convicciones, qué soñaba, quién era.  Cuando alguien muere así se lleva todo en ese último instante de vida, se lleva la verdad en las retinas y acá quedamos nosotros, los que miramos el diario, los que nos ponemos en un bando o en el otro.

Yo estoy como ajena a mi y miro este respeto llamativo con cierto recelo, la confirmación oficial es una liebre suelta en la jaula de las hienas.  Para bien o para mal a todos le servía vivo o muerto, sí... LES SERVÍA.  Eso es lo triste.  Somos piezas de este tablero lleno de conveniencias donde algunos se disfrazan de peones aunque sean reyes y reinas.

Esta situación no tiene sentencia, quizás y ojalá la tenga pero me pregunto cuántas veces a lo largo de la historia vamos a seguir siendo testigos de la forma descarada en la que los jóvenes son usados.  Tengo la fuerte convicción de que es así.  De que los idealistas no son personas convencidas de algo desde la razón absoluta y desde un cuestionamiento práctico, los idealistas son trabajadores de los sueños ajenos a los que un día cualquiera, por conveniencia o por las mismas circunstancias de cada caso, les termina llegando el momento de entender que cuando el juego termina los siguen usando.

Puedo ser sincera y decir que en mi cabeza hay tantas preguntas como en la de cualquiera que lea esto, pero lo que más me provoca espanto es que con cada posibilidad e hipótesis la respuesta sea "es posible".

Este es el país del todo posible.  No nos gusta la mentira, no nos gusta la verdad.  Nos gusta ser ovejas. Si defendemos algo no le vemos defectos; si los tiene, permitimos hasta su más cruel exterminio. Si me beneficia a mi, es bueno aunque perjudique a otro. Somos un país repleto de gente que tiene sueños de izquierda y vive como oligarcas y eso no nos da asco.  Somos un país en el que la vida de un inocente vale menos que la de un funcionario.  Somos las focas aplaudidoras de cualquier espectáculo marino.  No nos gusta perder a nada entonces defendemos ciegamente a los personajes para los que existimos solo cuando es necesario.

Santiago Maldonado fue lo mismo.  No se si lo mató gendarmería (que ya carga con su historia), si lo sacrificaron esos mapuches con papeles de dudosa procedencia (opinión absolutamente prejuiciosa y personal), o si murió solo en el río intentando llegar al otro lado (tierra sagrada a la que no puede entrar ni la justicia, cosa que me parece una payasada).  No se qué pasó y lo que más me apena es tener miedo de que nunca se sepa.

No nos olvidemos de que en este país ha muerto un fiscal y nos dijeron cualquier cosa, que pudimos ver videos de un peritaje que fue más digno de una escena de "Locademia de policía" que de gente idónea.  Si eso pasa con personajes nada simples, ¿qué podemos esperar para cualquier otro mortal?

Santiago Maldonado terminó siendo carne de cañón de una o de otra forma.  Era un pibe argentino que creyó en un reclamo con el que podemos o no estar de acuerdo.  Desapareció un día.  Las versiones más fuertes indicaban que se lo llevó gendarmería.  Lamentablemente no hubo ni imágenes ni videos que pudieran registrar el momento. Sus compañeros dieron datos. Se hicieron rastrillajes río abajo.  Se cambió de juez.  Se obtuvieron otros datos y la información aportada por un testigo de identidad reservada permitió que en poco más de una hora encontraran el cuerpo en el lugar indicado.

No me queda más que desear que algún día entendamos que no le importamos a nadie más que a esos que nos alcanzan un té cuando nos sentimos mal.  Confío en que algún día no muy lejano la clase política esté llena de gente capaz incapaz de "cagarse" en la vida de los otros como ya estamos acostumbrados.

Como dice un spot por ahí "nuestras vidas valen más que sus ganancias".
Suena a utopía.

Y si...
Y... sí.