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lunes, 29 de octubre de 2018

Pinocho gay, Caperucita lesbiana y Raspunzel transexual

Si hubiese puesto: Raspunzel tiene que ser colectivera, Caperucita mecánica y Pinocho empleado doméstico hubiese cerrado el discurso pero la EDUCACIÓN SEXUAL INTEGRAL tiene varios soldados pretendiendo sexualizar todo. Es innecesario y claramente marca que no se busca respetar al otro tal y como es sino modificarlo. Lo elemental sería fomentar la aceptación y el respeto, la valoración individual y las actitudes de convivencia... pero no. Ahí vamos a ponerle corpiño a Bob Esponja aunque sea esponja y a ponerle pene a la Sirenita aunque sea sirena.

Mientras esto ocupa el tiempo de algunos docentes (porque es injusto generalizar), hay chicos que se van a su casa llorando porque los acosan y nadie lo nota, porque sufren abusos y nadie lo nota o porque tiene necesidades que tampoco nadie nota.

Por un lado hay una enorme necesidad de romper con los "estereotipos impuestos", por el otro - y aunque genéticamente haya una clasificación que no ofrece lugar a dudas- todos los días se agrega una clasificación nueva, un término que encasilla tanto como el de "hombre y mujer". Con qué sentido? Hasta cuándo? En qué momento vamos a entender que lo que uno haga con su sexualidad no necesita explicación?

Una vez más se hace lo que se critica. "No me encasillen" grita alguien mientras sostiene un cartel que dice "soy transgénero". Qué sentido tiene si a pesar del nombre seguimos sin trabajar por lo único que nos serviría: el respeto. La puntería argenta es pésima para orientar el foco al lugar desde donde la foto salga clara, siempre apuntamos al sol y la foto sale quemada, no aprendemos más.

La prioridad es el respeto porque sin eso no vamos a ningún lado, la inclusión es el respeto para que nadie se sienta aislado y la educación es la única capaz de darnos herramientas para sobrevivir estando solos o acompañados.

Caperucita era una nenita de capa roja que le llevaba comida a su abuelita enferma, Pinocho era un muñeco de madera y su carpintero era un viejo que nunca supimos con quién se acostaba. Quizás estaba enamorado de la abuela de Caperucita o del herrero de su pueblo, todo puede ser. Raspunzel era una chica que pasó mucho tiempo encerrada y su pelo era muestra de ello. Lo cierto es que en todas las historias hay algo productivo para poder desarrollar en un aula. Por ahí Caperucita podría ser un disparador para hablar de cómo tratar a nuestros abuelos y viejitos, quizás Pinocho podría servir para hablar sobre lo importante que es cuidar a los que queremos y nos quieren, aunque sean distintos (como él que era de madera), quizás Raspunzel podría ayudarnos a hablar sobre la soledad que atraviesan muchos niños y también muchos adultos.

Pero bueno... quizás no les da para sacar las cosas buenas porque la onda es destruir lo que existe para reemplazarlo por versiones que no son inclusivas sino igual de parciales que las peores visiones del mundo.

No publico el nombre de la docente porque no me consta que sea de su autoría la consigna pero sin dudas su plan de clase no es nada original. No hay forma de escribir un cuento sobre Pinocho gay sin aludir a la sexualidad porque, que yo sepa, los gays no hacen nada estereotipado que pueda ser incluido en un cuento. Nada más tendiente a la discriminación que este ejercicio carente de sentido.