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sábado, 18 de junio de 2016

Milagros de un día cualquiera

Digo a menudo que un día simple puede convertirse en uno inolvidable.  Sostengo también que depende de nosotros mismos porque confío en la auto-sanación, en la leyenda del ave fénix humanizándose constantemente.

Hoy el milagro tiene autor y para mi pesar, no se su nombre.

Viajar en tren es, muchas veces y al contrario de lo que creen algunos, es un lujo. Hay un mundo que se gesta ahí,  estación por estación.  Las caras son las mismas por largos lapsos de tiempo, algunos repiten la misma rutina de uno y otros son simples pasajeros que decoran el espacio por un ínfimos momentos.

Mientras iba a la estación,  pensé que tenía ganas de tejerle algo a mi pequeño sobrino ya que, mientras más crezca,  más difícil se me vuelve terminar la obra. Es que ser autodidacta tiene sus beneficios y sus contratiempos. Compré agujas, lana azul y empecé a tejer. Algunas estaciones después de la mía, subió un hombre con dos cajas azules y se sentó al lado mío.  Iba callado y noté con la llamada "vista periférica" que miraba  lo que yo estaba haciendo. Una estación antes de llegar me dijo... -qué lindo que tejas, ya no lo hace casi nadie.  Las abuelas de hoy no tejen... te diste cuenta?  La mía lo hacía.  Cada vez que iba a verla me agasajaba como si fuera una fiesta mi visita.  

Irremediablemente se me inundó la mirada que, como es costumbre, era esquiva ante el contacto con un desconocido.  Muchas veces lamento sobremanera ser tan tímida... y me atreví a decir (con la voz apenas clara) "cuando era muy chiquita mi abuela me enseñó".

Siguió su relato:  Yo soy abuelo, tampoco hago muchas cosas de abuelo, no les enseño cosas como hizo mi abuela conmigo... y de repente sus ojos se llenaron de lágrimas.  "Perdón" dijo.  "Gracias, me acercaste hermosos recuerdos, me trajiste a mi abuela" dije yo.

Secó sus ojos... le dije: es para mi sobrino.  Sonrió y sentenció "ese regalo no tiene precio, cuando sea un viejo como yo, va a recordar que tuvo una tía que le regaló lo más lindo que tenemos... -tiempo-".

La calle es una escuela dicen por ahí.  No coincido plenamente, sin embargo, cuando uno se topa con personas que son capaces de hablarle a una completa desconocida para decirle algo lindo, ligado al sentir, ligado a los gestos que decoran la vida, ahí sí que la calle se convierte en una bella escuela.

No esperaba emocionarme nunca en un vagón cualquiera, un sábado cualquiera... pero se cruzó la persona correcta y fue un vagón especial, un sábado especial y a partir de hoy, un recuerdo especial.

Definitivamente nada nos llevamos de esta tierra más que aquello que podemos guardar en la retina y en el corazón.  Por eso, a veces olvidamos caras pero no olvidamos una caricia.

La vida son instantes repletos de autores... cada uno, con su pluma, sabrá escribir una escena mejor.  

Deseo que así sea para cada uno que se acerque a este blog y se deje llevar por la situación, quizás así puedan estar cerca de alguien querido aunque sea abrazando un recuerdo.