Llevo años sin escribir, sin entrar al blog, sin hacer algo que me hacía bien. Principalmente "Gracias" por eso.
Hay momentos que son como un bisturí surcando la piel. Pasan, o están pasando; los vemos estaqueados en una realidad que ya es nuestra, aunque no podamos llevarla puesta como ese uniforme nuevo que nos va a acompañar hasta el fin de nuestros días.
Estamos acostumbrados a hablar de las fotos que sí elegimos, esas que nos enorgullecen, las que nos acercan a recuerdos que nos gustan y nos hacen bien; sin embargo la vida tiene muchas otras fotos que nos van a acompañar para siempre y que nos van a recordar que ya no somos lo que fuimos. La vida se trata de todas esas heridas de guerra, las que nos acercan a la sensación de injusticia, las que nos recuerdan una mala decisión, las que nos enfrentan a nuestros fallos y las que difícilmente podamos comprender. Todas ellas nos tatúan la piel, nos forjan el carácter, nos acercan al dolor y nos obligan a seguir adelante.
Seguramente no es nada fácil, pero en definitiva, al mirar el paisaje, vemos que están esos que son capaces de limpiarnos las heridas y besarnos las lágrimas, los que no durmieron pensando en nuestra angustia, los que no quieren ni pensarnos pero vencen la barrera, los que vencen sus propios miedos para vestir una valentía que los desarma porque quieren vernos bien.
Ayer fui me crucé con un soldado de la vida de quien guardaré su identidad sólo por respetar su derecho a no ser mencionado, a menos que algún día me autorice (porque es buena madera y merece que algún lector perdido sepa su nombre). No está pasando su mejor momento, mejor dicho, está pasando una batalla difícil que no tiene más dureza que la misma realidad de saber que él ha cambiado para siempre.
Vi sus inmensos ojos, vi su tristeza, lo escuché, hablamos del tema porque no quería perderme la chance de decirle que todo va a estar bien aunque hoy sea difícil verlo, le hablé de Mingo, un viejo amigo de la familia que estuvo en su lugar y que desafió toda regla convirtiendo su vida en una "normalidad" admirable. Le hablé de otra historia porque somos humanos y aunque algunos dolores son indescriptiblemente nuestros, escuchar que otros han vencido cada "no se puede", termina siendo una especie de "precedente sentado" casi oficializando una victoria futura que huele muy bien.
Se que lo veré en los mismos sitios en los que nos cruzamos, se que habrá que adaptar y adaptarse pero se que lo logrará y se que estaremos muchos apoyando que eso sea un hecho, porque las buenas personas tienen aguateros cada dos metros en el camino de la vida que es largo y, tantas veces hostil.
Me permití sacar una foto cuando se lo llevaron para hacerle un chequeo, decidí hacer esta foto porque minutos antes me había dicho "desde acá tengo la posibilidad de ver un muy lindo amanecer", cuando me di vuelta y miré, sonreí porque había cosas que lejos de entorpecer el paisaje, lo decoraban. La vida nos frena de formas inentendibles, y en ese momento tenemos la oportunidad de ver con claridad que lo que importa no entra en una fotografía, no se paga con dinero, no se consigue con ningún título y es tan nuestro que muchas veces no podemos verlo bien.
Todo pasa, dicen por ahí. Quizás sea cierto, mientras eso sucede, estemos cerca de las personas que nos necesitan. Estemos cerca de ellos y de sus familias.
Algún día esta foto será la portada de un capítulo en el que él habrá descubierto mucho poder, mucha fuerza y también una invitación a enseñar a otros que superarse es una obligación. Habrá muchos otros amaneceres y eso es parte del triunfo, habrá planes, sorpresas, habrá amor, habrá celebraciones, la vida seguirá y lentamente sus colores se volverán más y más fuertes cada vez.
Gracias por permitirme estar cerca. Gracias por tu don de gente. Gracias por las referencias que omito para guardarme tu identidad.



















