Nadie sabe bien de qué se trata este camino, un camino que no ando por primera vez.
Ser solitario y estar solo no son lo mismo, me alegra ser lo primero y no conocer lo segundo. De alguna forma vale la pena preguntarse si cuando todo cae alrededor y dentro de uno, va a haber alguien ahí afuera intentando darte una mano desesperadamente como si se tratara de una cuestión personal.
Desconocer algunas personas nos hace conocer a otras y ese es un negocio que ningún ser de buena cepa debería perderse como experiencia.
No están siendo los mejores tiempos. Eso es real. De alguna manera estoy confirmando que es demasiada alta la proporción humana que despierta cada día con la leve sensación de que cuando el juego termine, irán a parar a un lugar distinto al que irán a parar en verdad. Todos: reinas, reyes, caballos y peones terminaremos en la misma caja, con la luz apagada y de cara a nuestra propia miseria.
Alguna vez leí por ahí que uno ha de mirar desde arriba a otro sólo si es para ayudarlo a pararse y sin dudas es así.
Anselmo era un viejito que dormía en la vereda del nuevo Mercado de Pulgas cuando yo trabajaba en la trasnoche de Aspen. Si yo llegaba más de media hora antes, me quedaba en Dorrego y Córdoba tomando un té con limón para paliar el frío y la hostilidad de la noche, habían sido años de muchos cambios, de realizaciones y de mucha música calmando mis fieras. A veces, cuando se llega a donde uno no sueña el cariño con el espejo nos nubla la vista y es algo a lo que le tengo mucho miedo.
Recuerdo que aquel lunes posterior a despedir a mi abuela recordé que en la vereda había un viejito que parecía no importarle a nadie, incluso no me había importado ni siquiera a mi que era testigo de su paisaje nocturno. Aquel día antes de irme de mi previa laboral, lo recordé a él y recordé su cajita de cigarros siempre cerca, pedí un café para llevar y unos rubios y salí con mucha ansiedad para encontrarlo. Allí estaba, tapado, con la cabeza apoyada en un almohadón amarrado a su carro... me acerqué con algo de miedo -lo confieso- y le dije: Hola amigo! Él se sobresaltó moderadamente y lo primero que hizo fue peinarse con las manos. Sentí ternura. Me hinqué sobre mis rodillas y -mientras le daba el vasito de café y los sobres de azúcar- le dije: "esto es para vos, hace mucho frío... no?". Él asentía con la cabeza y dejaba brotar un dejo de timidez que hacía que sus ojos negros brillaran mucho más en su rostro nevado por el paso de los años. Por un momento creí que estaba emocionado y para romper la nostalgia de un posible gesto de amor pasado golpeando su memoria le dije: ahh ya me olvidaba!!! estos cigarros (aunque hacen mal) son para vos, no fumes mucho!" Él se sonrió y me dijo "Gracias nena". Le acaricié el brazo y me paré para ir a mi cálido estudio de radio. -Me llamo Guada y vos? -Anselmo, me llamo Anselmo. -Hasta mañana, Anselmo!
Me fui con más cosas en el corazón de las que jamás había tenido. Quizás fue mi forma de acariciar a la distancia a mis abuelos. Quizás, sin saberlo, lo hice más por necesidad propia que por la necesidad de él. Me llevé su sonrisa y me hizo mucho más ameno aquel momento. Él no tenía nada, no tenía ni la mirada de los que pasábamos esquivándolo como se esquiva un pozo. Yo tenía mucho y no lo estaba viendo.
El poder es relativo. La generosidad también.
Siempre hay alguien arriba nuestro.
Siempre hay alguien debajo.
Siempre cambiamos.
Siempre cambian las circunstancias.
Todos vamos a ser recordados por lo que fuimos con y sin poder, generosos y avaros.
Lo bueno de estar abajo es descubrir cuánta gente te recuerda bien o no. Lo bueno de estar arriba es saber que es posible doblar las rodillas para ponernos a la altura de los otros: los menos suertudos, los locos, los que no quieren ser parte del sistema, los que se escaparon de todo.
Desde junio de 2013, cada noche teníamos nuestra cita breve. Un chocolatín, un café, un paquete de galletitas, unos cigarros. El 31 de diciembre fue mi última trasnoche y cuando pasé para verlo, lo saludé y le conté que esa sería mi última visita... brindamos con dos latas de gaseosa y le dije: Gracias por todo, Anselmo. Él no entendió mi agradecimiento. Nunca supo que me enseñó muchas cosas que jamás voy a olvidar.
Estos no están siendo los mejores días pero creo que por algo lo recordé a él. Quizás porque estoy viendo varias rodillas dobladas para ayudarme a andar. Será cuestión de no olvidarme jamás algunos nombres, algunas caras, algunas palabras. Será cuestión de celebrar cualquier avatar que ponga a prueba el valor innegociable de la libertad.
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jueves, 22 de junio de 2017
Anselmo
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viernes, 14 de abril de 2017
Vestida de ausencia
Alguna vez oí a lo lejos a alguien decir que "no toda ausencia es olvido". Desde aquel momento me he preguntado muchas veces si esa frase tenía algo de cierto. La ausencia es la forma sutil en la que la vida nos termina demostrando que todo esto es un gran rompecabezas. La pieza que no encaja, tarde o temprano, con los costados ajados de tanto intentar, terminará en el fondo de la bolsa esperando el paisaje correcto. Estoy convencida de que tarde o temprano sucede así.
Los desencuentros de la vida son habituales, algunos se acostumbran a ellos, levantan la bandera de la queja, se lamen la herida en silencio, sonríen para la cámara, se acuestan y en la oscuridad de la habitación es donde ven todo con mayor claridad. Es la paradoja de la vida, los momentos en los que no hay luz, las cosas suelen verse mejor.
Nos acostumbramos a estar mal y también tomamos por costumbre quejarnos desde el sofá. Otros vamos por la vida vestidos de inconformables, ante el menor disgusto se nos instala la espina del miedo, miedo a volvernos como esos que no nos gustan nada, esos que transcurren, que eligen por comodidad, que se cansaron temprano de pelear por la felicidad. Una felicidad que no se resume a un buen vino, a gustos que se puedan aparentar, a fotos llenas de sonrisas que parecen una publicidad.
En este mundo nos resulta más fácil sacarnos la ropa que los miedos, entonces le ponemos tiempo a todo, evaluamos todo, mostramos lo que tenemos como si fueran trofeos, perdemos el tiempo en estos espacios en los que tenemos a personas que quizás necesitan dos mates y un abrazo en lugar de millones de likes.
El miedo me aburre, pero es un aspecto demasiado personal como para pretender que el que lea esto se pregunte a qué le tiene miedo. De todas formas, quizás lo hagas. No estaría mal.
"La ausencia no es olvido" o quizás sí. Hay muchas formas de estar ausente sin estarlo. Hay muchas formas de estar cerca estando definitivamente lejos. A veces hay que aprender a la fuerza cosas que de otra forma nos costarían la vida.
A quien lea esto le deseo una vida llena de presencias. Que lleguen vestidas de música, de regalos en la calle, de gestos humanos, de palabras de aliento, de momentos inolvidables, de cuerpos cansados de bailar, de libros, de frases, de consejos de viejos y de niños, de sonrisas y de sueños.
viernes, 28 de octubre de 2016
Indeleble
Siempre estará vivo el recuerdo.
Vendrá a susurrar ese nombre que te pasea
entre el olvido y el amor,
sacudirá alguna lágrima escondida
entre las hojas de un otoño cualquiera
y te abrazará como el viento bravo que
se adueña del mar.
Siempre estará vivo el recuerdo.
Te visitará en la mirada piadosa de
un animal silvestre,
te llenará de calor el cuerpo cuando
un café te traiga su melancolía y
te robará una sonrisa cuando la ternura
de un niño te arranque de la rutina.
Siempre estará vivo el recuerdo.
Viajará contigo y no le importará
qué tan lejos vayas,
te besará por las noches,
te llenará de luz cada mañana.
Tejerá tus sueños, te enredará dulcemente
y cuando algo no funcione,
logrará calmarte entre sus brazos
que te parecerán espadas.
Siempre estará vivo el recuerdo aunque
ni siquiera hayas podido alcanzarlo,
aunque su boca no diga tu nombre,
aunque sus ojos jamás te hayan mirado.
Siempre estará vivo el recuerdo
y te arrastrará a lo que fuiste
y te pondrá de rodillas mil veces
cuando quieras olvidarlo;
beberá tus lágrimas y cuando te gane la noche
dirán en secreto, su nombre, tus labios.
Siempre estará vivo el recuerdo y
no te odiará por querer matarlo,
él sabe acompañar en silencio y
sabe provocar espanto.
Vendrá a susurrar ese nombre que te pasea
entre el olvido y el amor,
sacudirá alguna lágrima escondida
entre las hojas de un otoño cualquiera
y te abrazará como el viento bravo que
se adueña del mar.
Siempre estará vivo el recuerdo.
Te visitará en la mirada piadosa de
un animal silvestre,
te llenará de calor el cuerpo cuando
un café te traiga su melancolía y
te robará una sonrisa cuando la ternura
de un niño te arranque de la rutina.
Siempre estará vivo el recuerdo.
Viajará contigo y no le importará
qué tan lejos vayas,
te besará por las noches,
te llenará de luz cada mañana.
Tejerá tus sueños, te enredará dulcemente
y cuando algo no funcione,
logrará calmarte entre sus brazos
que te parecerán espadas.
Siempre estará vivo el recuerdo aunque
ni siquiera hayas podido alcanzarlo,
aunque su boca no diga tu nombre,
aunque sus ojos jamás te hayan mirado.
Siempre estará vivo el recuerdo
y te arrastrará a lo que fuiste
y te pondrá de rodillas mil veces
cuando quieras olvidarlo;
beberá tus lágrimas y cuando te gane la noche
dirán en secreto, su nombre, tus labios.
Siempre estará vivo el recuerdo y
no te odiará por querer matarlo,
él sabe acompañar en silencio y
sabe provocar espanto.
Vendrá el recuerdo.
Caminará por tu ceño cuando una duda
te invada sin respuesta por lo que
pudo haber sido si lo hubieras intentado.
Siempre estará vivo el recuerdo de
lo que no quisiste llamar realidad
y te visitará en algún momento para que
llueva en tu corazón cada lágrima que tus mentiras,
vestidas de decisiones, han logrado generar.
Siempre estará vivo el recuerdo,
aunque no conozca de rencores,
aunque nada malo te desee,
aunque tu existencia le haya robado
la ilusión de los milagros.
Estará vivo el recuerdo y se acercará cuando
pudo haber sido si lo hubieras intentado.
Siempre estará vivo el recuerdo de
lo que no quisiste llamar realidad
y te visitará en algún momento para que
llueva en tu corazón cada lágrima que tus mentiras,
vestidas de decisiones, han logrado generar.
Siempre estará vivo el recuerdo,
aunque no conozca de rencores,
aunque nada malo te desee,
aunque tu existencia le haya robado
la ilusión de los milagros.
Estará vivo el recuerdo y se acercará cuando
el camino te regale soledad;
te abrigará como lo hacía con cada beso de bienvenida
y con cada ahogo que tu adiós sonriente,
en esa irrealidad, le ha sabido regalar.
Siempre estará vivo el recuerdo,
vivirá hasta el día en que la vida te deje en una vieja estación
y tus ojos te enseñen que ya no haya nadie a quien puedas esperar.
te abrigará como lo hacía con cada beso de bienvenida
y con cada ahogo que tu adiós sonriente,
en esa irrealidad, le ha sabido regalar.
Siempre estará vivo el recuerdo,
vivirá hasta el día en que la vida te deje en una vieja estación
y tus ojos te enseñen que ya no haya nadie a quien puedas esperar.
domingo, 28 de agosto de 2016
Morir de miedo
Esto de las redes sociales nos impide romper sanamente los vínculos, nos aleja de la idea clásica que descansaba en las poesías de Gustavo Adolfo Bécquer donde, estar distanciados del amor era algo angustiante y doloroso. La lejanía de aquellos tiempos quedaba librada al azar y allí sí valía la leyenda "del hilo rojo" porque, definitivamente, si dos personas estaban destinadas a estar juntas, más allá de las adversidades y los procesos de la vida, habría encuentro.
Seguramente si Pablo Neruda viviera estos tiempos, en lugar de estar noches enteras mirando estrellas que le inspiraran tan hermosas prosas, estaría stalkeando a su amada en Facebook; estaría viendo si su portada da indicios de que ya hay un nuevo amor o estaría escribiendo indirectas en Twitter. Gabriel García Márquez estaría escribiendo sobre los muros de los políticos del momento y su visión de la realidad sería acotada a lo que sus contactos quisieran mostrar en las redes sociales, por lo que sus novelas costumbristas, quizás no existirían tan perfectamente descriptas como las conocemos hoy.
Las parejas de antes se divorciaban y pasaban a ser completos desconocidos. Separarse era sinónimo de romper lazos con un montón de gente que no tenía que ver con uno y que hasta quizás, nos caía mal. Los amigos de cada bando se volvían soldados de la tropa y atacar al contrincante era un folklore que tenía un duelo relativamente breve, hoy -en cambio- los ex tortolitos se ven en internet quizás para ver quién de los dos envejece más rápido, engorda más y se deteriora mejor... pero en definitiva, el lazo sigue.
Aquellos que aman en estos tiempos tienen que saber que hay una gigantesca valentía en el acto mismo de amar ya que es probable que, cuando el amor se termine, (si es que deciden separarse) en las redes sociales habrá mucho material que NO se autodestruirá en 5 minutos como decían los comunicados que recibía el Inspector Gadget. No bastará con que Pepe y Moni borren los álbumes de fotos, porque Pao, Coqui, Dardo y María Elena han sacado fotos también. Entonces, hay un punto en el que nada se irá para siempre.
Fiestas Navideñas, cumpleaños, recitales, fotos grupales, etiquetas en lugares, en viajes... todo queda en algún lugar y posiblemente, en algún momento nos volveremos a encontrar con recuerdos que nos vendrán a impedir olvidar lo que fuimos ayer y eso nos va a movilizar y nos hará preguntarnos una y otra vez si lo que elegimos estuvo bien.
En fin... solamente pienso que sería muy lindo perderse algunos recuerdos, podría llegar a ser una linda forma de ganar salud mental, de dejar de preguntarnos qué hubiese sido si...
Posiblemente habrá un momento en el que podamos mirar el álbum de nuestra vida (que no estará colgado en ninguna nube) ese que habita en nuestro corazón y en nuestra mente y ahí, cuando no haya más tiempo seguiremos preguntándonos cómo hubiese sido la vida si hubiésemos abierto otras puertas, pero ya está... para no morir de miedo, bastará con saber que todo lo que decidimos salió del corazón.
Seguramente si Pablo Neruda viviera estos tiempos, en lugar de estar noches enteras mirando estrellas que le inspiraran tan hermosas prosas, estaría stalkeando a su amada en Facebook; estaría viendo si su portada da indicios de que ya hay un nuevo amor o estaría escribiendo indirectas en Twitter. Gabriel García Márquez estaría escribiendo sobre los muros de los políticos del momento y su visión de la realidad sería acotada a lo que sus contactos quisieran mostrar en las redes sociales, por lo que sus novelas costumbristas, quizás no existirían tan perfectamente descriptas como las conocemos hoy.
Las parejas de antes se divorciaban y pasaban a ser completos desconocidos. Separarse era sinónimo de romper lazos con un montón de gente que no tenía que ver con uno y que hasta quizás, nos caía mal. Los amigos de cada bando se volvían soldados de la tropa y atacar al contrincante era un folklore que tenía un duelo relativamente breve, hoy -en cambio- los ex tortolitos se ven en internet quizás para ver quién de los dos envejece más rápido, engorda más y se deteriora mejor... pero en definitiva, el lazo sigue.
Aquellos que aman en estos tiempos tienen que saber que hay una gigantesca valentía en el acto mismo de amar ya que es probable que, cuando el amor se termine, (si es que deciden separarse) en las redes sociales habrá mucho material que NO se autodestruirá en 5 minutos como decían los comunicados que recibía el Inspector Gadget. No bastará con que Pepe y Moni borren los álbumes de fotos, porque Pao, Coqui, Dardo y María Elena han sacado fotos también. Entonces, hay un punto en el que nada se irá para siempre.
Fiestas Navideñas, cumpleaños, recitales, fotos grupales, etiquetas en lugares, en viajes... todo queda en algún lugar y posiblemente, en algún momento nos volveremos a encontrar con recuerdos que nos vendrán a impedir olvidar lo que fuimos ayer y eso nos va a movilizar y nos hará preguntarnos una y otra vez si lo que elegimos estuvo bien.
En fin... solamente pienso que sería muy lindo perderse algunos recuerdos, podría llegar a ser una linda forma de ganar salud mental, de dejar de preguntarnos qué hubiese sido si...
Posiblemente habrá un momento en el que podamos mirar el álbum de nuestra vida (que no estará colgado en ninguna nube) ese que habita en nuestro corazón y en nuestra mente y ahí, cuando no haya más tiempo seguiremos preguntándonos cómo hubiese sido la vida si hubiésemos abierto otras puertas, pero ya está... para no morir de miedo, bastará con saber que todo lo que decidimos salió del corazón.
jueves, 5 de mayo de 2016
Muere el olvido
Decenas de órdenes repetidas en silencio para sentenciar el olvido,
música fuerte, ruido, comedias, luces y todo se olvida... sólo un rato.
A veces se apuesta tanto...
y son cosas tan propias que no tienen precio en el mercado.
Después de todo,
¿qué hace uno con uno mismo cuando se siente acabado?
¿cómo se dibuja la sonrisa?
¿cómo se condenan los labios?
¿cómo se guarda la angustia cuando el corazón está alterado?
¿cómo se apagan los ojos que guardan sueños dorados?
¿cómo se borra la pena de lo oído?
¿cómo se cree que el futuro no es igual al pasado?
Después de todo,
¿qué gana el que intenta y siempre sale dañado?
¿qué hace cuando se le cae de las manos el tiempo confiado?
¿qué puede hacer si volar le da miedo?
¿qué, si está acostumbrado a correr con el lazo atado?
A veces, no es bueno abrir puertas que estaban con candado.
El olvido tiene sus tiempos.
El miedo da alivio porque de coraje se ha disfrazado.
Hay que reordenar el caos, serenar la pena, volver a la oscuridad los pecados.
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