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viernes, 14 de abril de 2017

Vestida de ausencia

Alguna vez oí a lo lejos a alguien decir que "no toda ausencia es olvido".  Desde aquel momento me he preguntado muchas veces si esa frase tenía algo de cierto.  La ausencia es la forma sutil en la que la vida nos termina demostrando que todo esto es un gran rompecabezas.  La pieza que no encaja, tarde o temprano, con los costados ajados de tanto intentar, terminará en el fondo de la bolsa esperando el paisaje correcto.  Estoy convencida de que tarde o temprano sucede así.

Los desencuentros de la vida son habituales, algunos se acostumbran a ellos, levantan la bandera de la queja, se lamen la herida en silencio, sonríen para la cámara, se acuestan y en la oscuridad de la habitación es donde ven todo con mayor claridad.  Es la paradoja de la vida, los momentos en los que no  hay luz, las cosas suelen verse mejor.

Nos acostumbramos a estar mal y también tomamos por costumbre quejarnos desde el sofá.  Otros vamos por la vida vestidos de inconformables, ante el menor disgusto se nos instala la espina del miedo, miedo a volvernos como esos que no nos gustan nada, esos que transcurren, que eligen por comodidad, que se cansaron temprano de pelear por la felicidad.  Una felicidad que no se resume a un buen vino, a gustos que se puedan aparentar, a fotos llenas de sonrisas que parecen una publicidad.

En este mundo nos resulta más fácil sacarnos la ropa que los miedos, entonces le ponemos tiempo a todo, evaluamos todo, mostramos lo que tenemos como si fueran trofeos, perdemos el tiempo en estos espacios en los que tenemos a personas que quizás necesitan dos mates y un abrazo en lugar de millones de likes.  

El miedo me aburre, pero es un aspecto demasiado personal como para pretender que el que lea esto se pregunte a qué le tiene miedo.  De todas formas, quizás lo hagas.  No estaría mal.

"La ausencia no es olvido" o quizás sí.  Hay muchas formas de estar ausente sin estarlo.  Hay muchas formas de estar cerca estando definitivamente lejos.  A veces hay que aprender a la fuerza cosas que de otra forma nos costarían la vida.

A quien lea esto le deseo una vida llena de presencias.  Que lleguen vestidas de música, de regalos en la calle, de gestos humanos, de palabras de aliento, de momentos inolvidables, de cuerpos cansados de bailar, de libros, de frases, de consejos de viejos y de niños, de sonrisas y de sueños.



sábado, 18 de febrero de 2017

Para vos

Te escribo a vos que te vas recreando dentro mío como una autómata resistente. Te escribo a vos que me acompañas desde hace tanto tiempo que no recuerdo bien cuándo fue el bendito o maldito día en el que nos dimos la bienvenida. Te escribo para que sepas formalmente lo que ya sabés bien... y es que te estoy descubriendo tan cerca de mi corazón que empiezo a temer que algún día pongas en mi territorio tu bandera.

Tus seductoras luces tenues me mantienen tantas veces a salvo; juego con tu sombra y cabalgo las melodías que me hacen creerte hermana inseparable de la libertad.

Yo creo que te quiero aunque no me hagas bien, como quien toma de lo que le hace mal hasta olvidar que es malo. Te abrazo y  te vuelvo mi escudo, mi almohada y muchas veces mi santuario.

Han sido tantos los años que por momentos siento que acaricias mi pelo mientras me voy quedando dormida, soñando con que el tiempo no te deje tatuada en mi vida como una decisión con gusto a herida.

Me pregunto cuántos serán los que te besen la boca antes de que termine el día esperando que llegue el momento en el que sea posible despedirte para siempre y con una sonrisa. Cuántos habrán padecido tu hostil presencia que no es más que un boceto de la más cruel ausencia. Cuántos habrán regalado sus lágrimas en honor a tu indisimulable existencia que late fuerte porque -aunque invisible- sos gigante. Cuántos se abrazarán a errores por el simple hecho de tenerte miedo, cuantos decidirán arrebatadamente sus futuros para huir de vos... Cuántos,  como yo, te verán repleta de virtudes que difícilmente puedan existir.


Que me dures lo que debas, que me huyas si te atrapo y que me desilusiones cada tanto para que seas una cabaña de vacaciones a la que volver cada vez que no tenga a dónde ir.