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miércoles, 29 de julio de 2020
Lo escribí en Marzo de 2017 y hoy se publica así.
Yo amaba cantar sentada en mi ventanal. La verdad es que era necesario para evitar acoples, pero empecé a disfrutarlo con el tiempo. Como todo lo bueno en la vida, aquella vez no pidió permiso la música para tocar mi alma para siempre. Recibí una invitación y fue la cita que repetí con nervios siempre porque cada encuentro era un desafío.
Una guitarra, un bajo, una batería, un micrófono. Ya podíamos empezar a soñar, lo hicimos durante 8 años. Así comenzó el camino. Éramos tan jóvenes, tan llenos de vida, tan eternos... teníamos ganas, corazón y nos faltaba vergüenza. Cualquier espacio de dos por dos era nuestro estudio, era nuestro lugar en el mundo para sentir que había magia, una magia que nunca pudimos probar.
Suena "Nos veremos otra vez" y yo pienso en vos: en tu pañuelo, en la musculosa blanca que tenías cuando te conocí, en tu seriedad, en tus gestos, en tu entusiasmo. Delgado, desafiante y seguro, tan seguro que yo estaba a salvo en el escenario porque ahí estabas.
Te extraño tanto, tanto. No me anduve permitiendo llorar porque tengo esa horrible sensación de que te regalo mi tristeza y quiero saber que donde estás, estás bien pero... es tan difícil por momentos. Es que nos unió la música y yo vivo con ella cada momento, entonces te encuentro cuando en la calle pasa un auto y suena Divididos o cuando -como ayer- suena Kiss en Aspen con esa canción que cantábamos los dos. Te encuentro entre mis papeles con las canciones que practicábamos, tengo tu letra y no paro de preguntarme qué querrías que hicieramos los chicos y yo con todo lo que nos quedó suspendido, nuestras canciones, nuestros sueños.
Hay despedidas para las que uno jamás está listo y yo no te quiero llorar querido amigo pero se acerca marzo y se que algo tuyo querría estar físicamente el lunes acá y ahí voy a estar, aunque mi presencia no llene nada, aunque se me parta el alma, aunque me vaya a doler su pequeña mirada.
Vos no creías en Dios y yo trataba de que una duda se sembrara en vos que creías en la magia y en el amor cuando estabas con tu familia y los observabas... yo te vi en mi sueño con alguien que te llevaba y te ibas feliz, por eso se que estás con eso a lo que llamo Dios hasta que algún día (si corro tu suerte de irte al lugar bonito) sepa ponerle el nombre correcto.
"Yo estoy con vos... nos veremos otra vez" a estas alturas se que es cuestión de tiempo, de una cuenta regresiva que todos tenemos para abrazarte una vez más.
Esto no es ni una carta, ni un poema. Es algo así como una catarsis ahogada tirada al viento mientras se me cruza la imagen de Santy, la mirada de Me y la clara presencia de quien será eternamente un inolvidable amigo.
jueves, 1 de marzo de 2018
Autorreferencial
Tengo casi 30 años, pasé el 99% de mis días con una sonrisa en mi cara. No siempre tuve más motivos para reír que para llorar, pero desde chica, vi a mi mamá siempre con una sonrisa aún cuando yo sabía bien que ya no tenía ni fuerzas para hacerlo, y así entiendo que estar bien no es un regalo de la vida. Es una actitud.
Yo no se todo, no tengo todo claro, no hago ni hice jamás todo bien. Pero lo intenté.
Me inventé mil reglas, todas muy firmes, aunque estos últimos meses traicioné algunas... Ya no se si se justifica que haya sido por amor.
Pero de algo estoy segura, estoy bien. Muy bien.
No estoy atada a nadie. Primero porque el amor no ata, el amor libera, segundo, porque uno se llega a conocer perfectamente, con estrellas y miserias, sólo en soledad.
Viajé sola y descubrí que mucha gente camina con otra de la mano y sigue igual de sola.
Aprendí a leer miradas, a escuchar el ahogo de gargantas desesperadas que gritan de pena sin decir nada... Y una y mil veces más me sentí feliz.
Feliz de estar tranquila conmigo misma. Porque alguna vez estuve con alguien que jamás supo cuales eran mis sueños. Y no busqué que nadie me sacara de allí... Sólo necesitaba encontrarme a mi misma. Darme cuenta de que sin felicidad, no vale la pena nada.
No se todo... es más, no se casi nada pero
hoy se que no existe peor miseria que creer que la lástima es un acto de bondad. No hay nada más triste que conformarnos con las migajas de la vida. No hay veneno que sea más letal que el de apagar los sueños antes de atrevernos a soñar.
sábado, 13 de enero de 2018
Talón, planta y punta
-Así se debe caminar- sentenciaba.
A veces la recuerdo diciendo eso.
En realidad, no la recuerdo a veces sino cuando me pierdo por ahí pensando en cómo no pensar en algunas cosas.
Talón, planta y punta... lo sigo usando. Lo descubrí hace poco. Un paso, otro y voy pensando en cómo apoyo los pies. Algún amante de las terapias nuevas lo llamaría "caminata consciente" o algo así pero para mi es un momento en el que puedo dejar de pensar, lo intento o quizás logro que una manía nueva me permita quitar la atención de mis monotemas.
Talón, planta y punta... mientras hago fuerza para que no se me borre algún viejo recuerdo que necesito conmigo un rato más. Talón, planta y punta... mientras junto todas las respiraciones necesarias que no son necesarias para decidir.
Cada uno tiene su plan de acción para liberarse de su miseria, para huir de su enemigo íntimo que es mucho más peligroso que el que está afuera (si es que existe).
Un paso, otro y estaremos cada día más lejos o más cerca. La distancia y el tiempo pueden ser muy relativos y, aunque alguien asegurara que no es así, me pregunto si sabrá ese incrédulo cuán cerca de alguien se puede estar cuando te sorprende algún recuerdo y cuán lejos de alguien se puede estar aún teniéndolo a tu lado.
Talón, planta y punta para seguir caminando... para que la vida nos lleve al destino perfecto, al menos pensado.
Buen fin de semana a vos que leíste esto sin esperarlo.
jueves, 22 de junio de 2017
Anselmo
Ser solitario y estar solo no son lo mismo, me alegra ser lo primero y no conocer lo segundo. De alguna forma vale la pena preguntarse si cuando todo cae alrededor y dentro de uno, va a haber alguien ahí afuera intentando darte una mano desesperadamente como si se tratara de una cuestión personal.
Desconocer algunas personas nos hace conocer a otras y ese es un negocio que ningún ser de buena cepa debería perderse como experiencia.
No están siendo los mejores tiempos. Eso es real. De alguna manera estoy confirmando que es demasiada alta la proporción humana que despierta cada día con la leve sensación de que cuando el juego termine, irán a parar a un lugar distinto al que irán a parar en verdad. Todos: reinas, reyes, caballos y peones terminaremos en la misma caja, con la luz apagada y de cara a nuestra propia miseria.
Alguna vez leí por ahí que uno ha de mirar desde arriba a otro sólo si es para ayudarlo a pararse y sin dudas es así.
Anselmo era un viejito que dormía en la vereda del nuevo Mercado de Pulgas cuando yo trabajaba en la trasnoche de Aspen. Si yo llegaba más de media hora antes, me quedaba en Dorrego y Córdoba tomando un té con limón para paliar el frío y la hostilidad de la noche, habían sido años de muchos cambios, de realizaciones y de mucha música calmando mis fieras. A veces, cuando se llega a donde uno no sueña el cariño con el espejo nos nubla la vista y es algo a lo que le tengo mucho miedo.
Recuerdo que aquel lunes posterior a despedir a mi abuela recordé que en la vereda había un viejito que parecía no importarle a nadie, incluso no me había importado ni siquiera a mi que era testigo de su paisaje nocturno. Aquel día antes de irme de mi previa laboral, lo recordé a él y recordé su cajita de cigarros siempre cerca, pedí un café para llevar y unos rubios y salí con mucha ansiedad para encontrarlo. Allí estaba, tapado, con la cabeza apoyada en un almohadón amarrado a su carro... me acerqué con algo de miedo -lo confieso- y le dije: Hola amigo! Él se sobresaltó moderadamente y lo primero que hizo fue peinarse con las manos. Sentí ternura. Me hinqué sobre mis rodillas y -mientras le daba el vasito de café y los sobres de azúcar- le dije: "esto es para vos, hace mucho frío... no?". Él asentía con la cabeza y dejaba brotar un dejo de timidez que hacía que sus ojos negros brillaran mucho más en su rostro nevado por el paso de los años. Por un momento creí que estaba emocionado y para romper la nostalgia de un posible gesto de amor pasado golpeando su memoria le dije: ahh ya me olvidaba!!! estos cigarros (aunque hacen mal) son para vos, no fumes mucho!" Él se sonrió y me dijo "Gracias nena". Le acaricié el brazo y me paré para ir a mi cálido estudio de radio. -Me llamo Guada y vos? -Anselmo, me llamo Anselmo. -Hasta mañana, Anselmo!
Me fui con más cosas en el corazón de las que jamás había tenido. Quizás fue mi forma de acariciar a la distancia a mis abuelos. Quizás, sin saberlo, lo hice más por necesidad propia que por la necesidad de él. Me llevé su sonrisa y me hizo mucho más ameno aquel momento. Él no tenía nada, no tenía ni la mirada de los que pasábamos esquivándolo como se esquiva un pozo. Yo tenía mucho y no lo estaba viendo.
El poder es relativo. La generosidad también.
Siempre hay alguien arriba nuestro.
Siempre hay alguien debajo.
Siempre cambiamos.
Siempre cambian las circunstancias.
Todos vamos a ser recordados por lo que fuimos con y sin poder, generosos y avaros.
Lo bueno de estar abajo es descubrir cuánta gente te recuerda bien o no. Lo bueno de estar arriba es saber que es posible doblar las rodillas para ponernos a la altura de los otros: los menos suertudos, los locos, los que no quieren ser parte del sistema, los que se escaparon de todo.
Desde junio de 2013, cada noche teníamos nuestra cita breve. Un chocolatín, un café, un paquete de galletitas, unos cigarros. El 31 de diciembre fue mi última trasnoche y cuando pasé para verlo, lo saludé y le conté que esa sería mi última visita... brindamos con dos latas de gaseosa y le dije: Gracias por todo, Anselmo. Él no entendió mi agradecimiento. Nunca supo que me enseñó muchas cosas que jamás voy a olvidar.
Estos no están siendo los mejores días pero creo que por algo lo recordé a él. Quizás porque estoy viendo varias rodillas dobladas para ayudarme a andar. Será cuestión de no olvidarme jamás algunos nombres, algunas caras, algunas palabras. Será cuestión de celebrar cualquier avatar que ponga a prueba el valor innegociable de la libertad.
viernes, 12 de mayo de 2017
La puerta
La vida es eso. Cuando uno abre una puerta siempre espera algo: los pesimistas, algo que los ahuyente, casi como si fuera un mecanismo de defensa que los aleja de cualquier nueva oportunidad o riesgo (para estar a tono con la naturaleza pesimista). Los optimistas suelen desilusionarse a menudo pero tienen un plan B para hacer que la decepción sea revertida con alguna idea creativa que termine haciendo que todo luzca como esperaban.
Las puertas fueron hechas para separar lugares, para apartar ambientes, para que cada uno pueda ser un lugar en sí mismo aunque esté dentro de otro gran espacio. Es la vida misma.
Cuando abrimos una puerta nos estamos dando la oportunidad de encontrar nuestro lugar en el mundo: la puerta de una universidad, de un auto, de una casa, de un café. Quizás después de la puerta que abras hoy, tu vida cambie para siempre ¿lo pensaste?
Quizás lo único necesario sea hacerlo con la convicción de que más allá del resultado, la intención es que sí funcione.
Que no haya puertas a medio abrir por las cuales pasen cosas pequeñas que estorben o por las cuales cualquiera puede espiar el íntimo momento de uno mismo abrazando sus sueños.
A veces son muy necesarios algunos portazos, aprender a dejar en el pasado lo que es del pasado, aprender a acotar el mundo a presencias de calidad porque en la moda como en la vida, menos siempre es más.
Es cierto que la vida nos puede sorprender, pero de alguna forma tengo la impresión de que eso no sucede hasta que no podemos desligarnos de esas viejas costumbres, de personas que no nos dejan nada y que se quedan ahí paradas, bajo el marco de la puerta, haciendo que la luz entre a medias y dejando en nuestra retina una imagen que se nos clava como una espina.
A veces son necesarios algunos portazos, aprender a dejar en el pasado lo que es del pasado, aprender a acotar el mundo a presencias de calidad, a presencias reales, a presencias genuinas. La gente indicada no va a darnos beneficios, va a hacernos mejores personas y eso es algo que queda para siempre. Aún esos que nos hacen mejores personas, cuando se van, cierran la puerta porque hicieron su tarea.
No se trata de terminar mal. Se trata de terminar. Cerrar la puerta a lo viejo para descansar, volver a abrir la puerta y dar así, paso a lo nuevo.
Cerrá tu puerta. Acostate. Mirá el techo y decí: "estoy list@ para lo que viene". Así será. Mañana será otro día, aparecerán otras puertas y detrás de cada una de ellas, una nueva oportunidad.
Voy a estar deseando que elijas la mejor.
Por cuestión de respeto no voy a dar el nombre de las dos personas que me inspiraron estas líneas pero, conociendo mucho a una y casi sin conocer a la otra, GRACIAS.
Nada de lo que viven los demás pasa por mi costado sin ser un mensaje.
viernes, 14 de abril de 2017
Vestida de ausencia
jueves, 30 de marzo de 2017
Buenos deseos
Que te robe años lo incierto.
Que te sorprenda la vida.
Que te arrebate una lágrima un buen recuerdo.
Que te digan que se te ve mejor.
Que parezcas lo que sos o que parezcas siempre menos.
Que te salga de los poros la alegría.
Que las etiquetas, los colores y las ausencias te pesen menos.
Que regales cosas sin precio y que jamás te compren con dinero.
Que los envases no te engañen.
Que no te decepcionen las sonrisas.
Que te acuestes con un sueño.
Que despiertes con otro nuevo.
Que las opiniones no te afecten a menos que sea para alentarte a intentarlo de nuevo.
Que te robe angustias lo sincero.
Que te robe las dudas un buen cuento.
Que nadie colonice tus puertos con banderas que no resistan al viento.
Que la paz te abrace inmensamente como el mar abraza a un velero.
Que las dudas sean, en el tren de tu vida, simplemente pasajeros.
Que leer te robe una sonrisa.
Que nazca una esperanza por el simple hecho de leer esto.
miércoles, 22 de febrero de 2017
Querido Mario Benedetti
"No llorarse las mentiras sino cantarse las verdades" dijo alguna vez el mismo que supo dictar con inteligencia un sin fin de miserias personales que no fueron más que el dolor hecho verbo.
Yo me declaro poeta porque así vivo. Pero no soy poeta como esos a los que admiro, aunque muchas veces mirando sus fotos pude encontrar en sus ojos la misma tristeza que se dibuja tantas veces en los míos; soy poeta para vivir pero no de profesión. ¿Por qué? Porque ellos le escriben al amor que se vuelve virtud en el barro de sus defectos, porque lo celebran como si lamer las heridas fuera más placentero que el mismísimo amor. Entonces, cuando la herida duele, entiendo que yo no voy a ser jamás como ellos, que se sientan en un sillón a observar con orgullo la huella indeleble de lo que los simples mortales vamos a insistir en llamar fracaso.
"Una confesión: la soledad ha dejado de herirme" dijo un día Benedetti y cuando lo leí sentí ganas de abrazarlo. Juro que cerré los ojos y lo sentí. Lo sentí enjuto, con los brazos bajos -quizás porque los que saben abrazar el dolor, suelen desconocer cómo se abrazan las personas-, lo sentí latir como aceptándome parte de su especie, una degeneración quizás de su bohemio andar. Lo imaginé atravesado por mi sonrisa que a esta altura es inevitable sea cual sea mi estado de ánimo. Lo imaginé escupiendo versos en una hoja, volviendo a sentir las caricias que supieron tocar su alma, lo imaginé percibiendo su propia sangre corriendo por sus venas, sonriendo recuerdos, llorando desilusiones, insultando sus propios errores, aplaudiendo haberlo intentado.
Los poetas son a la literatura lo que el payaso al circo, riegan con palabras los papeles que aparecen en la vida. Un poeta se levanta por la noche porque le arde una idea, la frase que no dijo, el final perfecto, el adjetivo que va a ponerle nombre a un beso, el punto final de un verso. Los poetas decoran el guión, lamen la pluma y han visto muchas veces la tinta corrida cuando al momento de poner FIN, los sorprende una emoción.
lunes, 13 de febrero de 2017
Soundtrack
Cuando escucho críticas sobre artistas, canciones o discos siempre pienso lo mismo: no le llegó. Y es que eso no se fabrica, me arriesgaría a decir que ni siquiera el más estudioso y conocedor en la materia puede escapar a la magia que reside en esa combinación perfecta entre melodía y música cuando son capaces de decir justo eso que jamás supimos poner en palabras.
Nuestra vida es una película en proceso y ahí vamos llenando el ambiente de perfumes, colores, sonido y música. Cada momento tiene una melodía indeleble como el paso de las estrellas en la luna. Cada canción esconde rostros y situaciones que quizás nunca más podamos repetir, momentos que van a nadar en el fango de nuestra miseria tratando de salir a la superficie para que la memoria no los reemplace.
Elegimos la música para un momento y lo volvemos eterno en algo mucho más intangible que la mente. Pasará el tiempo y quizás olvidemos rostros, perfumes, promesas incumplidas, compromisos rotos pero cuando suene una melodía que tenga que ver con nuestra historia vamos a sentir que no existe tiempo ni espacio para una sensación.
Years gone by and still words don`t come easily like "I love u" algo así como: Los años pasan y las palabras aún no vienen fácilmente, como "te amo".
¿Será acaso la vida una eterna quimera?
Pareciera que las grandes canciones, las grandes películas, las grandes obras siempre se trataron de amores desbaratados. Amores que murieron de miedo, amores desaprovechados, amores que fueron vencidos por tradiciones, amores sellados con billetes, amores que latían con una fragancia barata aunque estuvieran casados con perfumes caros. Es que el amor parece terminar siempre en el mismo lugar, en esos rincones en los que dos pueden ser dos para siempre aunque caminen separados.
Alguna vez un señor me dijo: "no puedo arriesgar todo lo que tengo" y mi mente hacía mil preguntas aunque no pudiera expresarlo. Yo sigo sin saber qué perdía él pero entendí que los que más pierden son los solitarios. Cuando nos dejamos agarrar las manos después de tanto tiempo, estamos apostando algo que pocos conocen: la libertad de no tener motivos para decepcionarnos. Esa sí que es una apuesta arriesgada.
Sólo será cuestión de dejarse abrazar y esperar. Después de todo, mientras muchas cosas se derrumban alrededor, la música irá tejiendo la banda sonora perfecta una y otra vez para que la película sea siempre un poco mejor, para que cuando tengamos que recordar sea ameno ver las fotografías que decidimos guardar, para que cuando quememos el álbum nos quede algo en un lugar al que nadie jamás podrá viajar más que nosotros mismos.
"Decir las palabras correctas en el momento justo" como dice la canción que amo de Tracy Chapman nos hubiese robado la posibilidad de que la banda sonora de mi vida tuviera esa canción.
Definitivamente, todo existe y sucede por un motivo. Valdrá la pena que en este camino no seamos lo suficientemente torpes como para perdernos la oportunidad de cerrar la historia con un digno final.
Les dejo la canción que inspiró este texto. Es tan sentida que apuesto que sin conocer el lenguaje, van a entenderla perfectamente. Quizás de eso se trata la música.
https://www.youtube.com/watch?v=UTF2qZbVnCM
domingo, 12 de febrero de 2017
El chocolate
miércoles, 25 de enero de 2017
Uno no elige el amor, dijo Cortázar
¿Cómo actuarías si alguien te dijera que tu fecha de vencimiento puede ser develada de una vez y para siempre?
No miro películas por la noche porque quiero irme a dormir con la mente libre de angustias innecesarias y creo que la suerte que se corre cuando se elige una película oscila entre la violencia y la tristeza en un ochenta por ciento de los casos. Particularmente detesto las películas en las que una persona que muere trasciende las fronteras de la física -tal y como la conocemos nosotros- para contactarse con los que quedan, quizás porque lamentaría tener que reconocer que si no me pude conectar con gente que quiero y que se ha ido es por una incapacidad personal y no por la vida misma.
Hoy vi una película que logró plasmar ese pensamiento que hubiese querido poder decir ordenadamente en tantas oportunidades. El camino suele toparnos con amigos, familia y compañeros que pasan malos ratos, que sufren al tener que decidir, al tener que tomar caminos que generan idea de incertidumbre y por lo general, el dinero o la estabilidad financiera son el motor de la mayoría de las decisiones. Nada es cuestionable. Cada uno hace con su tiempo y su libro lo que desea.
Alguna vez, no mucho tiempo atrás, tuve largas y lindas charlas con alguien a quien quise mucho y repetidamente decía algo así como "no tenés que hacer esto o aquello por mi" dando por sentado que yo hacía grandes esfuerzos por impresionarlo. Me molestaban esas palabras aunque siempre supe que lo que él veía como algo forzado, para mi era un comportamiento natural. Mi idea de tiempo siempre es efímera. Mi idea de vida es voluble. Hacer de un rato simple algo bonito no cuesta nada. Creo.
Yo tenía de él breves instantes, se lo decía a menudo y no como un reclamo, sino para que no malograra los momentos insultando la vida con sus prejuicios desacertados, después de todo respondían a sus costumbres, a su filosofía y a lo que quería creer y no a mis verdaderos motivos. De todas formas, insistí una y otra vez con "mis" costumbres y con mis gestos porque eran el camino que yo elegía recorrer en esa historia, fuera como fuera, durara lo que durara y terminara como terminara.
Yo no sabía nada de tiempo con él, no había horarios y eso era suficiente para que el simple hecho de transcurrir tuviera un valor distinto. Cada despedida era una pequeña muerte. Cada bienvenida parecía una nueva forma de nacer. Pensé innumerable cantidad de veces cómo describir lo que estaba aprendiendo de la situación, no de la historia sino del paso mismo de la vida. Seguía aprendiendo a ver el tiempo como supo verlo Dalí.
Si supieras la fecha de vencimiento de tu envase:
¿dónde estarías ahora?
¿a quién querrías ver?
¿a quién le pedirías perdón?
¿a quién correrías a abrazar?
¿dónde querrías cenar por última vez?
¿qué canción escucharías y por qué?
¿a dónde viajarías?
¿qué harías?
Se que mientras leías las preguntas, sin dudarlo supiste las respuestas. Algunas con varias opciones. Otras temerariamente definitivas. Es como dice aquel dicho: "cuando le preguntás algo al universo tenés que lanzar una moneda al aire... cuando ésta está girando, asombrosamente sabés de qué lado querés que caiga". Siempre sabemos la respuesta. A veces la despertamo demasiado tarde.
La vida, simple y llana, voluble e intensa, enceguecedora por su luz y su oscuridad.
Siguen siendo los pequeños detalles los que nos muestran cómo son las personas, cuánto valen, cuánto nos elevan, cuánto nos desafían, cuánto nos motivan, cuánto nos cautivan, cuánto asombro nos generan, cuánta admiración se ganan.
Desintegrar algo puede ser la mejor forma de entender que debemos llevar el cuerpo a esos lugares en los que sabemos que indefectiblemente puede encontrarse con el alma. Pasamos la mayor parte del tiempo divididos, separados de nosotros mismos como si fuéramos eternos.
domingo, 25 de diciembre de 2016
Dos caminos
Se puede vivir de dos formas: con amor y sin amor.
Por estos lares, casi cayéndonos del continente, estamos los argentinos. Somos seres iguales al resto de la humanidad aunque disfrutemos creyéndonos distintos, interesantes y raros.
Por acá anda todo dividido. Los K y los anti K, los cumbieros y los chetos, los del rock pulenta y los del rock de "elite", River y Boca, los que aman el asado y los veganos, los que toman mate amargo y los que le ponen azúcar, los que quieren a Maradona y los que quieren a Messi.
El argentino no tiene problema con el dolor porque se lo banca, el asunto es que la expresión o no de ese padecer siempre depende de quién los hiere. Todos nos estafan, desde hace rato, pero siempre estamos apuntando al otro para que el de nuestro equipo parezca "menos peor".
El argentino nace jefe y campeón. Sabe todo y no necesita leer manuales con ninguna instrucción. Se queja cuando no le dan algo y cuando se lo dan, sospecha. No en vano está la frase "otra vez el tango"... somos quejosos, llorones.
Es cierto, no todos. Pero en líneas generales es así. Estos últimos meses fueron insufribles las redes sociales, que PAMI, que los descuentos, que no entran inversiones al país, que vamos en picada, que voy a prender el aire cuando vuelva Cristina, que el paro, que las paritarias, que la obra social, que mi jefe, que el bondi, que la telefonía móvil...
Algunos aspectos son muy importantes, el 90% de los que opinan y publican estadísticas y balances hacen copia y pegatina y repiten y reproducen o para generar alegría o para inducir suicidios en masa.
El punto es que ayer a las 00.00 los hogares de barro, los lujosos pisos de Puerto Madero, los dueños de los campos, los fundadores de comedores barriales, los niños de una escuela privada, los de una pública, el gerente, el operario, el de mantenimiento, el desocupado, el que recién se recibió, la embarazada, el que no quiere hijos, el que los sueña, el engañado, el que engañó, los abuelos, los hijos, los nietos, los que tienen auto, los que no, los que celebran todo con tal de que haya fiesta, los solitarios, los viajantes, los que preparan comida, los comensales; todos pensamos en alguien que queremos.
Ahí no hubo economía ni política que valiera la pena. Ayer no hubo lugar para nadie que no haya sido verdaderamente parte de nuestras vidas. Hay dos formas de vivir: con y sin amor. El argentino es calentón y se las sabe todas, siempre reclama más de lo que da, nunca le alcanza y siempre siente que alguien lo está estafando... pero el argentino siempre tiene alguien en su mente a quien le gustaría abrazar.
Ayer dejé a un lado el celular porque quería ver a mis personas queridas. Las observé y las respeté tal y como son. Ayer agradecí poder levantar una copa y decirles "que Dios te bendiga". No se bien quién será Dios, cuál será su forma, su procedencia, pero estoy convencida de que el milagro de la vida no puede ser obra de nadie como nosotros, los simples mortales. Ayer a las 00 todos abrazamos a alguien, más no sea con la hermosa capacidad de recordar.
En fin... nos envenenamos 364 días del año y nos regalamos escasos buenos ratos. Ojalá algún día cambiemos la proporción. Ojalá algún día podamos dar vuelta la historia.
Es cierto que hay que batallar, pero la vida pasa por otro lado, justo por ese lado que estamos dejando pasar.
domingo, 18 de diciembre de 2016
Viajar liviano
Que no hay sillas nuestras, ni lugares de privilegio más importantes que los que nos dan los que nos aman, que no hay lugar en el que estemos a salvo si somos terroristas de nuestros propios sueños. Que no existen cenas si no hay mañanas, que no hay fidelidad más útil que la de ser sincero con uno mismo. Que los crueles van a apuntarnos y van a disparar con palabras por la espalda y nos van a escupir su bronca en la cara. Que el amor estancado va a ser tanto que va a encontrar un surco para escapar y regar todo a su paso.
Viajar liviano para que no nos moleste la ropa cuando queramos abrazarnos.
Viajar liviano para que no nos pesen los reclamos, livianos para poder irnos con la misma facilidad con la que llegamos, para que nos de risa la espera, para que nos espere la risa cuando acabe el llanto.
Que no hay lugares comprados para nadie, que no somos dueños, que no somos eternos más que en los recuerdos de quienes eligen seguir amando. Que los hilos rojos unen sin querer a los que deben estar unidos para que sea más bello el cuadro, que los hilos rojos cuando atan se rompen y terminan sangrando.
Vivir recordando el amor aunque nos apedreen con espanto, regalar aunque nos rechacen, acariciar aunque nos pateen, reír ante el enojo que quiere desintegrar lo bueno que la vida juntos sabe dejarnos. Viajar liviano para que las cicatrices cierren, para que la piel se siga dorando, para que el viento pinte con fuerza su mejor cuadro.
Que no somos de nadie, ni de aquí ni de allá y que estamos de paso.
Que nada se nos vuelva demasiado importante para que jamás seamos esclavos.
Guada
viernes, 2 de diciembre de 2016
El deber y el querer no duermen juntos
viernes, 28 de octubre de 2016
Indeleble
Vendrá a susurrar ese nombre que te pasea
entre el olvido y el amor,
sacudirá alguna lágrima escondida
entre las hojas de un otoño cualquiera
y te abrazará como el viento bravo que
se adueña del mar.
Siempre estará vivo el recuerdo.
Te visitará en la mirada piadosa de
un animal silvestre,
te llenará de calor el cuerpo cuando
un café te traiga su melancolía y
te robará una sonrisa cuando la ternura
de un niño te arranque de la rutina.
Siempre estará vivo el recuerdo.
Viajará contigo y no le importará
qué tan lejos vayas,
te besará por las noches,
te llenará de luz cada mañana.
Tejerá tus sueños, te enredará dulcemente
y cuando algo no funcione,
logrará calmarte entre sus brazos
que te parecerán espadas.
Siempre estará vivo el recuerdo aunque
ni siquiera hayas podido alcanzarlo,
aunque su boca no diga tu nombre,
aunque sus ojos jamás te hayan mirado.
Siempre estará vivo el recuerdo
y te arrastrará a lo que fuiste
y te pondrá de rodillas mil veces
cuando quieras olvidarlo;
beberá tus lágrimas y cuando te gane la noche
dirán en secreto, su nombre, tus labios.
Siempre estará vivo el recuerdo y
no te odiará por querer matarlo,
él sabe acompañar en silencio y
sabe provocar espanto.
pudo haber sido si lo hubieras intentado.
Siempre estará vivo el recuerdo de
lo que no quisiste llamar realidad
y te visitará en algún momento para que
llueva en tu corazón cada lágrima que tus mentiras,
vestidas de decisiones, han logrado generar.
Siempre estará vivo el recuerdo,
aunque no conozca de rencores,
aunque nada malo te desee,
aunque tu existencia le haya robado
la ilusión de los milagros.
Estará vivo el recuerdo y se acercará cuando
te abrigará como lo hacía con cada beso de bienvenida
y con cada ahogo que tu adiós sonriente,
en esa irrealidad, le ha sabido regalar.
Siempre estará vivo el recuerdo,
vivirá hasta el día en que la vida te deje en una vieja estación
y tus ojos te enseñen que ya no haya nadie a quien puedas esperar.
jueves, 27 de octubre de 2016
Ingobernables
capaz de latir sin que
podamos controlarlo,
capaz de acelerarse para
mostrarnos que algo nos asusta
o nos alerta, o nos conmueve,
o nos hace sentir distintos.
Ingobernable la mente,
que trabaja sin que lo pidamos,
que diagrama salidas o
nos bloquea el paso,
que sigue su ruta sin que
podamos notarlo,
que dibuja esquemas,
que nos puede hacer parecer
inteligentes y estúpidos,
que nos ahoga cuando creemos
que estamos flotando.
Ingobernables las manos,
que hacen, que mueven, que acarician,
que frenan, que avanzan,
que secan lágrimas y dibujan sonrisas.
Ingobernables los que van
por los caminos que quieren
sin importar más nada.
Al menos, así lo siento yo.
Guada.
sábado, 15 de octubre de 2016
Mundial
Preguntó: ¿Dónde estás?
Respondí: En África.
Él dijo: ¿Te gustaría?
Contesté: Me gusta viajar y aprender... así que los destinos son siempre correctos.
Así empezaba a bocetear esta idea que es probable que termine con mis pies pidiendo permiso en otras tierras.
Es que en estos tiempos en los que viajar es un poco moda, un poco imagen, un poco escape, puede que terminemos perdiéndole cariño al primitivo encuentro del ser consigo mismo.
Viajar no tiene que ver con acumular millas compulsivamente sino con la posibilidad de saborear cada milímetro de espacio con el atropello de un cachorro que busca alimento, con la pasión de Frida amando a Diego y sus calas, con la exagerada mirada de Botero, con el amor que brota de la voz de Chavela. De vez en cuando hay que dejar que se ahoguen los ojos ante alguna maravilla... un niño jugando en el campo, una mujer creando un telar, una guitarra pariendo una melodía ante un grupo de turistas que sin saberlo, pronto la van a olvidar. Viajar te llena los ojos, la cabeza y el alma. Escuchar voces, tonadas, guardar olores y llenar la retina de cosas que esconde el alba.
Viajar es permitirse un encuentro con algo de nosotros que se queda perdido entre los libros de la facu, entre los asfaltos de la ciudad, entre los encuentros de amigos que nos regalan oxígeno de vez en cuando.
Viajar es permitir que los relojes de Dalí se nos derritan entre las manos, es dejar que Gardel nos enseñe a bailar aunque no sepamos nada de tango. Es abrir la cabeza y estar siempre de visita, y quien está de visita aprende la lección y saborea la escapada.
La vida es un viaje y será asunto de cada uno elegir la estación en la que sea mejor bajarnos.
Yo no estoy en África pero decirlo me llevó a viajar un rato para darle sentido a esa frase que dice "la imaginación permite abrir alas grandes como el cielo en una cárcel del tamaño de un puño".
Viajar es tomarse la vida a fondo blanco. No importa si sea Grecia, Carlos Keen o un parque público que nos queda un poquito alejado.
A veces en la vida, 5 minutos o 10 años son simplemente "un rato".
domingo, 28 de agosto de 2016
Morir de miedo
Seguramente si Pablo Neruda viviera estos tiempos, en lugar de estar noches enteras mirando estrellas que le inspiraran tan hermosas prosas, estaría stalkeando a su amada en Facebook; estaría viendo si su portada da indicios de que ya hay un nuevo amor o estaría escribiendo indirectas en Twitter. Gabriel García Márquez estaría escribiendo sobre los muros de los políticos del momento y su visión de la realidad sería acotada a lo que sus contactos quisieran mostrar en las redes sociales, por lo que sus novelas costumbristas, quizás no existirían tan perfectamente descriptas como las conocemos hoy.
Las parejas de antes se divorciaban y pasaban a ser completos desconocidos. Separarse era sinónimo de romper lazos con un montón de gente que no tenía que ver con uno y que hasta quizás, nos caía mal. Los amigos de cada bando se volvían soldados de la tropa y atacar al contrincante era un folklore que tenía un duelo relativamente breve, hoy -en cambio- los ex tortolitos se ven en internet quizás para ver quién de los dos envejece más rápido, engorda más y se deteriora mejor... pero en definitiva, el lazo sigue.
Aquellos que aman en estos tiempos tienen que saber que hay una gigantesca valentía en el acto mismo de amar ya que es probable que, cuando el amor se termine, (si es que deciden separarse) en las redes sociales habrá mucho material que NO se autodestruirá en 5 minutos como decían los comunicados que recibía el Inspector Gadget. No bastará con que Pepe y Moni borren los álbumes de fotos, porque Pao, Coqui, Dardo y María Elena han sacado fotos también. Entonces, hay un punto en el que nada se irá para siempre.
Fiestas Navideñas, cumpleaños, recitales, fotos grupales, etiquetas en lugares, en viajes... todo queda en algún lugar y posiblemente, en algún momento nos volveremos a encontrar con recuerdos que nos vendrán a impedir olvidar lo que fuimos ayer y eso nos va a movilizar y nos hará preguntarnos una y otra vez si lo que elegimos estuvo bien.
En fin... solamente pienso que sería muy lindo perderse algunos recuerdos, podría llegar a ser una linda forma de ganar salud mental, de dejar de preguntarnos qué hubiese sido si...
Posiblemente habrá un momento en el que podamos mirar el álbum de nuestra vida (que no estará colgado en ninguna nube) ese que habita en nuestro corazón y en nuestra mente y ahí, cuando no haya más tiempo seguiremos preguntándonos cómo hubiese sido la vida si hubiésemos abierto otras puertas, pero ya está... para no morir de miedo, bastará con saber que todo lo que decidimos salió del corazón.
viernes, 24 de junio de 2016
Conectate
Durante todos esos minutos, ella estuvo con sus ojos puestos en el teléfono celular. No es figurativo, es literal. No levantó los ojos de su teléfono mientras su pequeño me miraba incansablemente y mientras sus pequeños deditos acariciaban el abrigo de una mujer que estaba sentada al lado de su madre.
Regordete, con ojos avellanados y profundamente negros, con un flequillo tímido que escapaba de la capucha de un buzo que parecía demasiado liviano para el frío de estos días. Su nariz colorada evidenciaba algún resfrío que me hizo pensar en que ya habían pasado muchos minutos sin que su madre lo mirara siquiera para ver si estaba bien ya que, parecía ser un niño tranquilo porque ni se movía.
Yo le guiñaba un ojo y le sonreía, quizás con la ilusión de motivar algo en él porque he sido motivada en mi niñez y aprendí por experiencia que los niños necesitan estímulos para ser atentos, inteligentes y felices.
Saqué un pañuelo de mi bolso y se lo di a la madre, que me miró con cara de asombro. No entendía por qué le daba un pañuelo y apenas si sacó sus ojos de la pantalla boba para darse cuenta de que alguien le estaba dando algo. Con voz templada le dije "tiene la nariz sucia".
Recién ahí miró la carita de su bebé.
No pude evitar pensar en que los seres humanos somos, muchas veces, incapaces de entender de qué se trata la vida. Definitivamente no es el mero hecho de tener la capacidad de procrear lo que nos convierte en humanos con derechos... es la capacidad de obrar racionalmente antes de procrear y la capacidad humana de interactuar y hacer honor a nuestras decisiones lo que nos hace seres verdaderamente humanos.
La tecnología es una herramienta. Claramente.
Los recitales tienen miles y miles de personas que ya ni observan aquello por lo que pagan, buscan desesperadamente grabar todo, todo el tiempo. Las cenas de pareja son un panorama desalentador que indica que la gente se junta como se juntan dos tazas en un armario, como se juntan las hojas en un apunte abandonado. No se miran, ni miran al plato, no discuten... ni siquiera eso.
Es cierto, cada uno decide qué hacer. No tengo fundamentos científicos que aportar a mi observación pero sí hay algo que lamento absolutamente y es la casualidad de formar parte de una generación plagada de zombies incapaces de dar tiempo de amor, de escuchar, de mirar a los ojos, de volver y de conectarse con los afectos. Después de todo y una vez más, posiblemente sea el amor lo único que nos salve del caos.
Conectate con lo verdadero. Conectate con el amor.
martes, 10 de mayo de 2016
El temblor
Tan solo intentarlo nos provocaría cansancio mental, nos daría más sed, nos robaría calma, las pulsaciones se acelerarían, desearíamos más y empezaríamos a dudar sobre qué fuente es la que deberíamos elegir.
Comenzaríamos con una, luego seguiríamos con la otra.
Querríamos volver a la primera para recordar el sabor, y luego iríamos a la segunda y automáticamente estaríamos olvidando cómo sabía la primera.
Y tomaríamos de una mirando la otra, beberíamos de una deseando sin cansancio aquella que no elegimos.
No existe momento de mayor libertad y mayor angustia que el simple acto de "decidir".
Y nos invaden frases que repetimos por inercia.
"Más vale malo conocido que bueno por conocer"
"El que no arriesga no gana"
"Cada camino empieza con un simple paso"
Así batalla nuestra mente que no siente, disparando sin piedad a un corazón que no piensa.
Soñamos con situaciones tantas veces...
Son perfectas.
Son tan perfectas que nos dan miedo.
Nadie puede beber de dos fuentes al mismo tiempo. Siempre que nos levantamos empezamos a caminar con un pie y el otro no se ofende. Al preparar un café, agarramos una taza y no estalla el mundo por las otras 5 que quedaron en el fondo, esperando.
Repito una y otra vez, no se puede estar en dos caminos al mismo tiempo. No se puede dormir en dos camas ni soñar dos vidas.
Estamos eligiendo constantemente. No debería dolernos ya, sin embargo, no logramos entender que elegir nos hace verdaderamente libres, nos permite crecer y nos empuja afuera de los lugares cómodos que teje nuestra más interna oscuridad.
La vida nos sacude, nos derrumba los muros que nos protegen, nos deja al descubierto, nos revuelca por el barro y nos observa desde lejos.
Haberse convertido en ruinas pueden ser una buena forma de volver a empezar.













