Los últimos días, algunas charlas me han llevado a una idea gráfica que sirve mucho para plantearse la vida. La puerta se hizo para entrar o salir, no para quedarse parado bajo el marco. El que se queda ahí, molesta. No entra. No sale. Molesta al que quiere entrar. Molesta al que quiere salir.
La vida es eso. Cuando uno abre una puerta siempre espera algo: los pesimistas, algo que los ahuyente, casi como si fuera un mecanismo de defensa que los aleja de cualquier nueva oportunidad o riesgo (para estar a tono con la naturaleza pesimista). Los optimistas suelen desilusionarse a menudo pero tienen un plan B para hacer que la decepción sea revertida con alguna idea creativa que termine haciendo que todo luzca como esperaban.
Las puertas fueron hechas para separar lugares, para apartar ambientes, para que cada uno pueda ser un lugar en sí mismo aunque esté dentro de otro gran espacio. Es la vida misma.
Cuando abrimos una puerta nos estamos dando la oportunidad de encontrar nuestro lugar en el mundo: la puerta de una universidad, de un auto, de una casa, de un café. Quizás después de la puerta que abras hoy, tu vida cambie para siempre ¿lo pensaste?
Quizás lo único necesario sea hacerlo con la convicción de que más allá del resultado, la intención es que sí funcione.
Que no haya puertas a medio abrir por las cuales pasen cosas pequeñas que estorben o por las cuales cualquiera puede espiar el íntimo momento de uno mismo abrazando sus sueños.
A veces son muy necesarios algunos portazos, aprender a dejar en el pasado lo que es del pasado, aprender a acotar el mundo a presencias de calidad porque en la moda como en la vida, menos siempre es más.
Es cierto que la vida nos puede sorprender, pero de alguna forma tengo la impresión de que eso no sucede hasta que no podemos desligarnos de esas viejas costumbres, de personas que no nos dejan nada y que se quedan ahí paradas, bajo el marco de la puerta, haciendo que la luz entre a medias y dejando en nuestra retina una imagen que se nos clava como una espina.
A veces son necesarios algunos portazos, aprender a dejar en el pasado lo que es del pasado, aprender a acotar el mundo a presencias de calidad, a presencias reales, a presencias genuinas. La gente indicada no va a darnos beneficios, va a hacernos mejores personas y eso es algo que queda para siempre. Aún esos que nos hacen mejores personas, cuando se van, cierran la puerta porque hicieron su tarea.
No se trata de terminar mal. Se trata de terminar. Cerrar la puerta a lo viejo para descansar, volver a abrir la puerta y dar así, paso a lo nuevo.
Cerrá tu puerta. Acostate. Mirá el techo y decí: "estoy list@ para lo que viene". Así será. Mañana será otro día, aparecerán otras puertas y detrás de cada una de ellas, una nueva oportunidad.
Voy a estar deseando que elijas la mejor.
Por cuestión de respeto no voy a dar el nombre de las dos personas que me inspiraron estas líneas pero, conociendo mucho a una y casi sin conocer a la otra, GRACIAS.
Nada de lo que viven los demás pasa por mi costado sin ser un mensaje.
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viernes, 12 de mayo de 2017
sábado, 6 de mayo de 2017
Ahí viene el sol
Hoy me desperté y vi el cielo de un color fucsia estridente mezclado con anaranjado y con un celeste que hacía todo por sobrevivir.
No es que no haya visto estos colores antes, no es que sea este el mejor cielo, no tiene nada de especial (astronómicamente hablando). Lo especial tiene que ver con cómo lo veo hoy.
Hay una frase que repite alguien a quien adoro y dice "uno conoce a la pareja de uno cuando se separa" y si bien no puedo dar demasiada fe sobre este comentario, sí creo que tiene que ver con el sabor de la despedida y con la forma en la que actuamos cuando algo ya no funciona.
Tener que despedirse es una forma de matar algo nuestro, es saber que nos va a faltar parte de nuestro folklore, de nuestra falaz armonía que está abrazada siempre más al miedo que a los propios deseos. Es que en las despedidas se siente miedo más allá de cualquier convicción.
Hoy miré el cielo y se veía distinto, como más encendido, como más vivo, como si quisiera demostrarme que es lindo y está ahí para mi, como si quisiera implorarme que no lo cambie por otro cielo. Parece una locura pero las despedidas, en definitiva, son eso. Tener que decir "adiós" es una forma de crecer, ya lo dijo Cerati y a veces es parte de elegir lo mejor, de quedarnos con lo que nos representa un desafío, con lo que nos va a obligar a romper algunas costumbres porque algo mejor nos espera.
Ahí viene el sol, amenaza con mostrarme su mejor versión, con darme su calor un día más para que no me olvide jamás que fue mi compañía muchas veces, que fue testigo de cosas que ni yo misma se; viene feliz porque sabe que siempre le agradecí que estuviera.
Ahí viene el sol y se me llena la retina de imágenes de los momentos en los que fui muy feliz. Sólo vienen esos momentos y esa es una elección inconsciente de lo más atinado que puede sucederme hoy.
De fondo, la voz de George Harrison me acaricia los oídos y me deja soñar un rato más. Me invita a pensar en los motivos que hubo para que cada cosa sucediera, porque por más Dios y estrellas en el cielo, el camino se hace andando. Tuve muchos motivos, muchos sueños que parí en este mismo balconcito que hoy veo tan perfecto.
Me invade una pregunta: ¿debería uno irse de los lugares en los que se animó a soñar grande? y la respuesta llega con este sol. Por supuesto que sí, porque hay mucho más ahí afuera.
Mientras algunos buscan ganarle a otros, yo sigo la batalla más dura pero la única que me importa. Algún día voy a mirarme al espejo, voy a tener mis ojos grandes llenos de arrugas, voy a tener mis aritos de perlas, voy a sonreír y voy a decir "siempre elegí bien, gracias Dios". Uno no se puede equivocar demasiado si entre tanta lógica le da lugar al corazón.
Me deseo un buen viaje... a muchos lugares en los que brille el sol, a muchos lugares en los que siempre haya algo por aprender y gente a la que admirar, a lugares donde podamos pasar largas horas con amigos de esos que siempre saben estar, a muchos lugares en los que la gente "importante" valga por lo que guarda en esa caja fuerte a la que llamamos corazón.
No es que no haya visto estos colores antes, no es que sea este el mejor cielo, no tiene nada de especial (astronómicamente hablando). Lo especial tiene que ver con cómo lo veo hoy.
Hay una frase que repite alguien a quien adoro y dice "uno conoce a la pareja de uno cuando se separa" y si bien no puedo dar demasiada fe sobre este comentario, sí creo que tiene que ver con el sabor de la despedida y con la forma en la que actuamos cuando algo ya no funciona.
Tener que despedirse es una forma de matar algo nuestro, es saber que nos va a faltar parte de nuestro folklore, de nuestra falaz armonía que está abrazada siempre más al miedo que a los propios deseos. Es que en las despedidas se siente miedo más allá de cualquier convicción.
Hoy miré el cielo y se veía distinto, como más encendido, como más vivo, como si quisiera demostrarme que es lindo y está ahí para mi, como si quisiera implorarme que no lo cambie por otro cielo. Parece una locura pero las despedidas, en definitiva, son eso. Tener que decir "adiós" es una forma de crecer, ya lo dijo Cerati y a veces es parte de elegir lo mejor, de quedarnos con lo que nos representa un desafío, con lo que nos va a obligar a romper algunas costumbres porque algo mejor nos espera.
Ahí viene el sol, amenaza con mostrarme su mejor versión, con darme su calor un día más para que no me olvide jamás que fue mi compañía muchas veces, que fue testigo de cosas que ni yo misma se; viene feliz porque sabe que siempre le agradecí que estuviera.
Ahí viene el sol y se me llena la retina de imágenes de los momentos en los que fui muy feliz. Sólo vienen esos momentos y esa es una elección inconsciente de lo más atinado que puede sucederme hoy.
De fondo, la voz de George Harrison me acaricia los oídos y me deja soñar un rato más. Me invita a pensar en los motivos que hubo para que cada cosa sucediera, porque por más Dios y estrellas en el cielo, el camino se hace andando. Tuve muchos motivos, muchos sueños que parí en este mismo balconcito que hoy veo tan perfecto.
Me invade una pregunta: ¿debería uno irse de los lugares en los que se animó a soñar grande? y la respuesta llega con este sol. Por supuesto que sí, porque hay mucho más ahí afuera.
Mientras algunos buscan ganarle a otros, yo sigo la batalla más dura pero la única que me importa. Algún día voy a mirarme al espejo, voy a tener mis ojos grandes llenos de arrugas, voy a tener mis aritos de perlas, voy a sonreír y voy a decir "siempre elegí bien, gracias Dios". Uno no se puede equivocar demasiado si entre tanta lógica le da lugar al corazón.
Me deseo un buen viaje... a muchos lugares en los que brille el sol, a muchos lugares en los que siempre haya algo por aprender y gente a la que admirar, a lugares donde podamos pasar largas horas con amigos de esos que siempre saben estar, a muchos lugares en los que la gente "importante" valga por lo que guarda en esa caja fuerte a la que llamamos corazón.
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