Así como Julieta esperaba en su balcón a Romeo, algunos -que no esperábamos tragedias- solemos amar los balcones, los jardines, las flores, las estrellas, armar una pequeña mesita en el parque con el césped recién cortado perfumando todo alrededor.
Yo amaba cantar sentada en mi ventanal. La verdad es que era necesario para evitar acoples, pero empecé a disfrutarlo con el tiempo. Como todo lo bueno en la vida, aquella vez no pidió permiso la música para tocar mi alma para siempre. Recibí una invitación y fue la cita que repetí con nervios siempre porque cada encuentro era un desafío.
Una guitarra, un bajo, una batería, un micrófono. Ya podíamos empezar a soñar, lo hicimos durante 8 años. Así comenzó el camino. Éramos tan jóvenes, tan llenos de vida, tan eternos... teníamos ganas, corazón y nos faltaba vergüenza. Cualquier espacio de dos por dos era nuestro estudio, era nuestro lugar en el mundo para sentir que había magia, una magia que nunca pudimos probar.
Suena "Nos veremos otra vez" y yo pienso en vos: en tu pañuelo, en la musculosa blanca que tenías cuando te conocí, en tu seriedad, en tus gestos, en tu entusiasmo. Delgado, desafiante y seguro, tan seguro que yo estaba a salvo en el escenario porque ahí estabas.
Te extraño tanto, tanto. No me anduve permitiendo llorar porque tengo esa horrible sensación de que te regalo mi tristeza y quiero saber que donde estás, estás bien pero... es tan difícil por momentos. Es que nos unió la música y yo vivo con ella cada momento, entonces te encuentro cuando en la calle pasa un auto y suena Divididos o cuando -como ayer- suena Kiss en Aspen con esa canción que cantábamos los dos. Te encuentro entre mis papeles con las canciones que practicábamos, tengo tu letra y no paro de preguntarme qué querrías que hicieramos los chicos y yo con todo lo que nos quedó suspendido, nuestras canciones, nuestros sueños.
Hay despedidas para las que uno jamás está listo y yo no te quiero llorar querido amigo pero se acerca marzo y se que algo tuyo querría estar físicamente el lunes acá y ahí voy a estar, aunque mi presencia no llene nada, aunque se me parta el alma, aunque me vaya a doler su pequeña mirada.
Vos no creías en Dios y yo trataba de que una duda se sembrara en vos que creías en la magia y en el amor cuando estabas con tu familia y los observabas... yo te vi en mi sueño con alguien que te llevaba y te ibas feliz, por eso se que estás con eso a lo que llamo Dios hasta que algún día (si corro tu suerte de irte al lugar bonito) sepa ponerle el nombre correcto.
"Yo estoy con vos... nos veremos otra vez" a estas alturas se que es cuestión de tiempo, de una cuenta regresiva que todos tenemos para abrazarte una vez más.
Esto no es ni una carta, ni un poema. Es algo así como una catarsis ahogada tirada al viento mientras se me cruza la imagen de Santy, la mirada de Me y la clara presencia de quien será eternamente un inolvidable amigo.
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miércoles, 29 de julio de 2020
viernes, 12 de mayo de 2017
La puerta
Los últimos días, algunas charlas me han llevado a una idea gráfica que sirve mucho para plantearse la vida. La puerta se hizo para entrar o salir, no para quedarse parado bajo el marco. El que se queda ahí, molesta. No entra. No sale. Molesta al que quiere entrar. Molesta al que quiere salir.
La vida es eso. Cuando uno abre una puerta siempre espera algo: los pesimistas, algo que los ahuyente, casi como si fuera un mecanismo de defensa que los aleja de cualquier nueva oportunidad o riesgo (para estar a tono con la naturaleza pesimista). Los optimistas suelen desilusionarse a menudo pero tienen un plan B para hacer que la decepción sea revertida con alguna idea creativa que termine haciendo que todo luzca como esperaban.
Las puertas fueron hechas para separar lugares, para apartar ambientes, para que cada uno pueda ser un lugar en sí mismo aunque esté dentro de otro gran espacio. Es la vida misma.
Cuando abrimos una puerta nos estamos dando la oportunidad de encontrar nuestro lugar en el mundo: la puerta de una universidad, de un auto, de una casa, de un café. Quizás después de la puerta que abras hoy, tu vida cambie para siempre ¿lo pensaste?
Quizás lo único necesario sea hacerlo con la convicción de que más allá del resultado, la intención es que sí funcione.
Que no haya puertas a medio abrir por las cuales pasen cosas pequeñas que estorben o por las cuales cualquiera puede espiar el íntimo momento de uno mismo abrazando sus sueños.
A veces son muy necesarios algunos portazos, aprender a dejar en el pasado lo que es del pasado, aprender a acotar el mundo a presencias de calidad porque en la moda como en la vida, menos siempre es más.
Es cierto que la vida nos puede sorprender, pero de alguna forma tengo la impresión de que eso no sucede hasta que no podemos desligarnos de esas viejas costumbres, de personas que no nos dejan nada y que se quedan ahí paradas, bajo el marco de la puerta, haciendo que la luz entre a medias y dejando en nuestra retina una imagen que se nos clava como una espina.
A veces son necesarios algunos portazos, aprender a dejar en el pasado lo que es del pasado, aprender a acotar el mundo a presencias de calidad, a presencias reales, a presencias genuinas. La gente indicada no va a darnos beneficios, va a hacernos mejores personas y eso es algo que queda para siempre. Aún esos que nos hacen mejores personas, cuando se van, cierran la puerta porque hicieron su tarea.
No se trata de terminar mal. Se trata de terminar. Cerrar la puerta a lo viejo para descansar, volver a abrir la puerta y dar así, paso a lo nuevo.
Cerrá tu puerta. Acostate. Mirá el techo y decí: "estoy list@ para lo que viene". Así será. Mañana será otro día, aparecerán otras puertas y detrás de cada una de ellas, una nueva oportunidad.
Voy a estar deseando que elijas la mejor.
Por cuestión de respeto no voy a dar el nombre de las dos personas que me inspiraron estas líneas pero, conociendo mucho a una y casi sin conocer a la otra, GRACIAS.
Nada de lo que viven los demás pasa por mi costado sin ser un mensaje.
La vida es eso. Cuando uno abre una puerta siempre espera algo: los pesimistas, algo que los ahuyente, casi como si fuera un mecanismo de defensa que los aleja de cualquier nueva oportunidad o riesgo (para estar a tono con la naturaleza pesimista). Los optimistas suelen desilusionarse a menudo pero tienen un plan B para hacer que la decepción sea revertida con alguna idea creativa que termine haciendo que todo luzca como esperaban.
Las puertas fueron hechas para separar lugares, para apartar ambientes, para que cada uno pueda ser un lugar en sí mismo aunque esté dentro de otro gran espacio. Es la vida misma.
Cuando abrimos una puerta nos estamos dando la oportunidad de encontrar nuestro lugar en el mundo: la puerta de una universidad, de un auto, de una casa, de un café. Quizás después de la puerta que abras hoy, tu vida cambie para siempre ¿lo pensaste?
Quizás lo único necesario sea hacerlo con la convicción de que más allá del resultado, la intención es que sí funcione.
Que no haya puertas a medio abrir por las cuales pasen cosas pequeñas que estorben o por las cuales cualquiera puede espiar el íntimo momento de uno mismo abrazando sus sueños.
A veces son muy necesarios algunos portazos, aprender a dejar en el pasado lo que es del pasado, aprender a acotar el mundo a presencias de calidad porque en la moda como en la vida, menos siempre es más.
Es cierto que la vida nos puede sorprender, pero de alguna forma tengo la impresión de que eso no sucede hasta que no podemos desligarnos de esas viejas costumbres, de personas que no nos dejan nada y que se quedan ahí paradas, bajo el marco de la puerta, haciendo que la luz entre a medias y dejando en nuestra retina una imagen que se nos clava como una espina.
A veces son necesarios algunos portazos, aprender a dejar en el pasado lo que es del pasado, aprender a acotar el mundo a presencias de calidad, a presencias reales, a presencias genuinas. La gente indicada no va a darnos beneficios, va a hacernos mejores personas y eso es algo que queda para siempre. Aún esos que nos hacen mejores personas, cuando se van, cierran la puerta porque hicieron su tarea.
No se trata de terminar mal. Se trata de terminar. Cerrar la puerta a lo viejo para descansar, volver a abrir la puerta y dar así, paso a lo nuevo.
Cerrá tu puerta. Acostate. Mirá el techo y decí: "estoy list@ para lo que viene". Así será. Mañana será otro día, aparecerán otras puertas y detrás de cada una de ellas, una nueva oportunidad.
Voy a estar deseando que elijas la mejor.
Por cuestión de respeto no voy a dar el nombre de las dos personas que me inspiraron estas líneas pero, conociendo mucho a una y casi sin conocer a la otra, GRACIAS.
Nada de lo que viven los demás pasa por mi costado sin ser un mensaje.
viernes, 10 de marzo de 2017
Bendita voz
Cada vez que me siento frente a esta máquina, la casualidad me pone frente a una carpeta llena de cosas mezcladas porque carezco de la disciplina que te sobró siempre a vos. En muchos momentos podría renegar del simple hecho de saber que mis 10 minutos se transforman en dos horas en el afán de que el desastre no aumente. La culpa me obliga a ordenar un poquito por miedo a perder -entre tantas alternativas tecnológicas- la posibilidad de volver eternos los momentos que me robaron alguna sonrisa.
La música termina siendo un "amor sagrado" y este rígido se volvió un templo desde que no estás. Acá, cada vez que me pierdo te encuentro y dudo que sea una simple casualidad que tu bendita voz aparezca en cada video o en cada audio para devolverme a esos lugares en los que mi voz se atrevía a mis desafíos y a lo que ustedes me proponían. Fui feliz muchas veces y otras no tanto, pero de un tiempo a esta parte sólo recuerdo nítidamente los capítulos en los que nos reíamos de nosotros y soñábamos grande.
Una de las últimas canciones que hicimos decía "un retrato viejo que no tiene ni un recuerdo está vacío esperando por lo que vendrá". Ustedes hacían lo que sabían y yo me limitaba a ponerle palabras a muchas de las canciones, no siempre querían decir algo específico y esa canción no tenía mucho sentido para mi. Hoy que me encontré con un video en el que se te ve feliz haciendo lo que tanto te gustaba, presté atención a la letra y creo que es una verdadera bendición que los lugares que pisaste tengan tu huella indeleble, tengan una foto de tu sonrisa en cada retrato, en cada rincón.
Con vos no hubo que esperar "lo que vendrá" porque honraste el presente al punto de quedarte para siempre en todos los lugares que fueron tuyos.
Bendita tu voz cada vez que, en estos archivos sin nombre, aparece para inspirarme una carcajada, para regalarme la nitidez perfecta de un recuerdo o para arrancarme una lágrima de este corazón que te extraña tanto.
Me estarías diciendo "Lu, no seas pavota, no llores" pero sabés que soy sensible y para mi los amigos son lo más maravilloso que nos regala la vida, porque son los hermanos que se eligen. Gracias por la casualidad de nuestros caminos cruzándose tantas veces para encontrarnos en salas lujosas, de poca monta o en nuestras casas para curar todo con la música. Gracias a la vida por tu amistad, por tu tiempo de calidad, por haberte convertido en un ser valioso en mis momentos más tristes.
Cada vez que suene un platillo sentiré tu abrazo cerca mío.
https://youtu.be/KAOL9oT3DIU
La música termina siendo un "amor sagrado" y este rígido se volvió un templo desde que no estás. Acá, cada vez que me pierdo te encuentro y dudo que sea una simple casualidad que tu bendita voz aparezca en cada video o en cada audio para devolverme a esos lugares en los que mi voz se atrevía a mis desafíos y a lo que ustedes me proponían. Fui feliz muchas veces y otras no tanto, pero de un tiempo a esta parte sólo recuerdo nítidamente los capítulos en los que nos reíamos de nosotros y soñábamos grande.
Una de las últimas canciones que hicimos decía "un retrato viejo que no tiene ni un recuerdo está vacío esperando por lo que vendrá". Ustedes hacían lo que sabían y yo me limitaba a ponerle palabras a muchas de las canciones, no siempre querían decir algo específico y esa canción no tenía mucho sentido para mi. Hoy que me encontré con un video en el que se te ve feliz haciendo lo que tanto te gustaba, presté atención a la letra y creo que es una verdadera bendición que los lugares que pisaste tengan tu huella indeleble, tengan una foto de tu sonrisa en cada retrato, en cada rincón.
Con vos no hubo que esperar "lo que vendrá" porque honraste el presente al punto de quedarte para siempre en todos los lugares que fueron tuyos.
Bendita tu voz cada vez que, en estos archivos sin nombre, aparece para inspirarme una carcajada, para regalarme la nitidez perfecta de un recuerdo o para arrancarme una lágrima de este corazón que te extraña tanto.
Me estarías diciendo "Lu, no seas pavota, no llores" pero sabés que soy sensible y para mi los amigos son lo más maravilloso que nos regala la vida, porque son los hermanos que se eligen. Gracias por la casualidad de nuestros caminos cruzándose tantas veces para encontrarnos en salas lujosas, de poca monta o en nuestras casas para curar todo con la música. Gracias a la vida por tu amistad, por tu tiempo de calidad, por haberte convertido en un ser valioso en mis momentos más tristes.
Cada vez que suene un platillo sentiré tu abrazo cerca mío.
https://youtu.be/KAOL9oT3DIU
domingo, 18 de diciembre de 2016
Viajar liviano
Viajar liviano, como aquel día en el que emprendimos este viaje al que nos acostumbramos a llamar vida. Viajar sin carga, sin ropas que tapen lo que somos, lo que reside en nuestra esencia. Viajar despojados de propiedades. Viajar sin llaves ni cadenas, sabiendo que las únicas puertas que son nuestras son las que están abiertas. Viajar por la vida sin ataduras, asumiendo tareas con alegría, amando la posibilidad de hacer, hacer aquello que nos de la posibilidad de amar.
Que no hay sillas nuestras, ni lugares de privilegio más importantes que los que nos dan los que nos aman, que no hay lugar en el que estemos a salvo si somos terroristas de nuestros propios sueños. Que no existen cenas si no hay mañanas, que no hay fidelidad más útil que la de ser sincero con uno mismo. Que los crueles van a apuntarnos y van a disparar con palabras por la espalda y nos van a escupir su bronca en la cara. Que el amor estancado va a ser tanto que va a encontrar un surco para escapar y regar todo a su paso.
Viajar liviano para que no nos moleste la ropa cuando queramos abrazarnos.
Viajar liviano para que no nos pesen los reclamos, livianos para poder irnos con la misma facilidad con la que llegamos, para que nos de risa la espera, para que nos espere la risa cuando acabe el llanto.
Que no hay lugares comprados para nadie, que no somos dueños, que no somos eternos más que en los recuerdos de quienes eligen seguir amando. Que los hilos rojos unen sin querer a los que deben estar unidos para que sea más bello el cuadro, que los hilos rojos cuando atan se rompen y terminan sangrando.
Vivir recordando el amor aunque nos apedreen con espanto, regalar aunque nos rechacen, acariciar aunque nos pateen, reír ante el enojo que quiere desintegrar lo bueno que la vida juntos sabe dejarnos. Viajar liviano para que las cicatrices cierren, para que la piel se siga dorando, para que el viento pinte con fuerza su mejor cuadro.
Que no somos de nadie, ni de aquí ni de allá y que estamos de paso.
Que nada se nos vuelva demasiado importante para que jamás seamos esclavos.
Guada
Que no hay sillas nuestras, ni lugares de privilegio más importantes que los que nos dan los que nos aman, que no hay lugar en el que estemos a salvo si somos terroristas de nuestros propios sueños. Que no existen cenas si no hay mañanas, que no hay fidelidad más útil que la de ser sincero con uno mismo. Que los crueles van a apuntarnos y van a disparar con palabras por la espalda y nos van a escupir su bronca en la cara. Que el amor estancado va a ser tanto que va a encontrar un surco para escapar y regar todo a su paso.
Viajar liviano para que no nos moleste la ropa cuando queramos abrazarnos.
Viajar liviano para que no nos pesen los reclamos, livianos para poder irnos con la misma facilidad con la que llegamos, para que nos de risa la espera, para que nos espere la risa cuando acabe el llanto.
Que no hay lugares comprados para nadie, que no somos dueños, que no somos eternos más que en los recuerdos de quienes eligen seguir amando. Que los hilos rojos unen sin querer a los que deben estar unidos para que sea más bello el cuadro, que los hilos rojos cuando atan se rompen y terminan sangrando.
Vivir recordando el amor aunque nos apedreen con espanto, regalar aunque nos rechacen, acariciar aunque nos pateen, reír ante el enojo que quiere desintegrar lo bueno que la vida juntos sabe dejarnos. Viajar liviano para que las cicatrices cierren, para que la piel se siga dorando, para que el viento pinte con fuerza su mejor cuadro.
Que no somos de nadie, ni de aquí ni de allá y que estamos de paso.
Que nada se nos vuelva demasiado importante para que jamás seamos esclavos.
Guada
martes, 13 de diciembre de 2016
Latimos
En estos tiempos en los que la palabra blanqueo es moneda corriente en revistas de economía y en revistas de chimentos pensé que era buena idea hacer un blanqueo personal en voz alta y dejar que el trazo marque el ritmo.
Amo las frases, las retorcidas y las simples. Alguna vez, hace ya bastante tiempo, leí: "cuando encontrás la respuesta, viene el universo a cambiarte la pregunta". Me causó gracia en aquel entonces porque me imaginé la cara de alguien perdido ante alguna situación nada importante, por supuesto. Pues bien, este año de mi vida tiene mucho de aquella frase de sobre de azúcar.
Si me dan a elegir entre el mar y un río, yo elijo el mar. Me gusta su bravura, su fuerza y su sorpresa. Me gusta su golpe constante porque cambia la vida a su alrededor, me gusta el viento, me gusta que me despeine, adoro que sale mi piel, amo escucharlo diciendo nada y diciendo tanto. Me encontré muchas veces sonriendo al descubrir que logra ponerme piel de gallina por el solo hecho de existir. Frente al mar aprendí a hablar conmigo misma con más calma, aprendí a decirme "basta", aprendí que el miedo es una parte esencial, no de estar viva, sino de sentirme viva.
Este año fue muy rico laboralmente. Romper estructuras para alguien como yo es vivir rindiendo exámenes. Di la bienvenida y dije adiós muchas veces. Me reí a carcajadas, escuché consejos, me emocioné, leí entre líneas y me guardé muchos pensamientos. Crecer, de alguna forma, debe ser algo así como aprender a ver con los ojos abiertos pero también con los ojos cerrados.
Este año armé lío sin querer, me angustié, me preocupé. Cuando bajó la marea entendí que hubo cosas que pude escribirlas mejor, sin soberbia, que pude ser políticamente correcta, que pude haber sido más astuta; pero releo una y otra vez aquel polémico "Pequeña feminista ilustrada" y digo: soy yo, nadie me paga por escribir, tengo derecho a decir lo que pienso y a decirlo sin pensar demasiado lo que digo. Para sutilezas y escritos inteligentes hay otros que ganan lo que no gano yo.
Este año viajé, cumplí sueños porque había que fabricar otros nuevos, saqué fotos que valieron la pena, el riesgo y la risa. Aprendí que en la vida no todo lo que se encuentra es nuevo, yo descubrí en mi viejo a un amigo viajero con el que todos los ratos son geniales.
Este año negocié precios falando un portuñol muy básico. Me caí (literalmente) varias veces. Tropecé muchas más. Desafiné en una presentación en vivo y sentí ganas de ahorcarme con el cable del micrófono pero bastó con pensar en mis amigos para continuar.
Este año ligué muchos asados porque como trabajo los fines de semana por la tarde, el del domingo es una utopía, entonces -como quien no quiere la cosa- lo menciono de vez en cuando para que alguien se cope con una parrilladita un jueves o martes y me haga feliz. Se ve que mi cara de desgraciada ha dado buenos resultados así que no descarto estudiar teatro para lograr más cosas en algún momento (léase esbozando una sonrisa, sino no garpa).
Este año estuve cerca de mis personas queridas, esas a las que tengo siempre escondidas.
Este año me dejé abrazar mucho tratando de romper ese rechazo al contacto físico que me genera espanto y me hace parecer fría con gente con la que jamás quisiera serlo. Es curiosa la vida, creo que aprendí a abrazar cuando entendí que quien me enseñó a saludar con ese noble gesto ya no va a escribirme "estoy en la puerta Lu, tomamos unos mates un rato?". Ese mensaje bastaba para que saliera a abrirle y sabía que venía el "acomodamiento de chakras" que sólo Nico sabía regalarme. Este año aprendí que no quiero dejar que pase el tiempo sin intentar lo que sea que haya que intentar.
Ya no importa la edad para nada en la vida. Existen quienes la vuelven un festival cada día y para esos, la vida está bien vivida sea 10, 20, 30 o 90 años. Existen los que necesitan varias para volver y aprender a sonreírle al tiempo, para seducirlo sin esperar que se despinte los labios.
Este año leí y escuché palabras muy crueles de gente que no me importa y de otros a quienes supe querer demasiado. También recibí gestos inmensos de personas que te adoptan desde una sintonía. Aprendí a tomarme con gracia las suposiciones que hagan sobre mi persona, si es el precio que tiene la discreción, lo pago con mucho amor.
Lo que se hoy de la historia esta a la que llamamos vida es que te da lo que te sirve para aprender a andar, así que es mejor borrar eso de que la vida te devuelve lo que das porque creo que no es tan matemático el asunto.
Pasé noches mirando el cielo, pasé horas sentada a la vera de mi cama suspendida en el tiempo. Hice promesas a una estrella. Se me doblaron las rodillas de tristeza. Me dolió la cara y el estómago de la risa. Vi gente que quiero emocionarse de felicidad. Vi gente que quiero llorando en soledad.
Por ahí el truco consista en no desilusionar a aquella persona que supimos ser cuando apenas llegábamos a sentarnos solos y nos bastaba ver un árbol iluminado para atrevernos a soñar.
Este año se resume con la frase final de una hermosa película: Caballos Salvajes.
Que la magia los toque, vestida como más les guste. Que los inunde con su perfume. Que les sacuda el cuerpo y despabile aquello que por costumbre los mantiene dormidos. Que la realidad los golpee como el mar golpea con su ruido, que los despeine, que los erice, que les dore la piel, que con su frío les recuerde que la música perfecta es la que marcan los latidos.
Gracias por leerme.
Amo las frases, las retorcidas y las simples. Alguna vez, hace ya bastante tiempo, leí: "cuando encontrás la respuesta, viene el universo a cambiarte la pregunta". Me causó gracia en aquel entonces porque me imaginé la cara de alguien perdido ante alguna situación nada importante, por supuesto. Pues bien, este año de mi vida tiene mucho de aquella frase de sobre de azúcar.
Si me dan a elegir entre el mar y un río, yo elijo el mar. Me gusta su bravura, su fuerza y su sorpresa. Me gusta su golpe constante porque cambia la vida a su alrededor, me gusta el viento, me gusta que me despeine, adoro que sale mi piel, amo escucharlo diciendo nada y diciendo tanto. Me encontré muchas veces sonriendo al descubrir que logra ponerme piel de gallina por el solo hecho de existir. Frente al mar aprendí a hablar conmigo misma con más calma, aprendí a decirme "basta", aprendí que el miedo es una parte esencial, no de estar viva, sino de sentirme viva.
Este año fue muy rico laboralmente. Romper estructuras para alguien como yo es vivir rindiendo exámenes. Di la bienvenida y dije adiós muchas veces. Me reí a carcajadas, escuché consejos, me emocioné, leí entre líneas y me guardé muchos pensamientos. Crecer, de alguna forma, debe ser algo así como aprender a ver con los ojos abiertos pero también con los ojos cerrados.
Este año armé lío sin querer, me angustié, me preocupé. Cuando bajó la marea entendí que hubo cosas que pude escribirlas mejor, sin soberbia, que pude ser políticamente correcta, que pude haber sido más astuta; pero releo una y otra vez aquel polémico "Pequeña feminista ilustrada" y digo: soy yo, nadie me paga por escribir, tengo derecho a decir lo que pienso y a decirlo sin pensar demasiado lo que digo. Para sutilezas y escritos inteligentes hay otros que ganan lo que no gano yo.
Este año viajé, cumplí sueños porque había que fabricar otros nuevos, saqué fotos que valieron la pena, el riesgo y la risa. Aprendí que en la vida no todo lo que se encuentra es nuevo, yo descubrí en mi viejo a un amigo viajero con el que todos los ratos son geniales.
Este año negocié precios falando un portuñol muy básico. Me caí (literalmente) varias veces. Tropecé muchas más. Desafiné en una presentación en vivo y sentí ganas de ahorcarme con el cable del micrófono pero bastó con pensar en mis amigos para continuar.
Este año ligué muchos asados porque como trabajo los fines de semana por la tarde, el del domingo es una utopía, entonces -como quien no quiere la cosa- lo menciono de vez en cuando para que alguien se cope con una parrilladita un jueves o martes y me haga feliz. Se ve que mi cara de desgraciada ha dado buenos resultados así que no descarto estudiar teatro para lograr más cosas en algún momento (léase esbozando una sonrisa, sino no garpa).
Este año estuve cerca de mis personas queridas, esas a las que tengo siempre escondidas.
Este año me dejé abrazar mucho tratando de romper ese rechazo al contacto físico que me genera espanto y me hace parecer fría con gente con la que jamás quisiera serlo. Es curiosa la vida, creo que aprendí a abrazar cuando entendí que quien me enseñó a saludar con ese noble gesto ya no va a escribirme "estoy en la puerta Lu, tomamos unos mates un rato?". Ese mensaje bastaba para que saliera a abrirle y sabía que venía el "acomodamiento de chakras" que sólo Nico sabía regalarme. Este año aprendí que no quiero dejar que pase el tiempo sin intentar lo que sea que haya que intentar.
Ya no importa la edad para nada en la vida. Existen quienes la vuelven un festival cada día y para esos, la vida está bien vivida sea 10, 20, 30 o 90 años. Existen los que necesitan varias para volver y aprender a sonreírle al tiempo, para seducirlo sin esperar que se despinte los labios.
Este año leí y escuché palabras muy crueles de gente que no me importa y de otros a quienes supe querer demasiado. También recibí gestos inmensos de personas que te adoptan desde una sintonía. Aprendí a tomarme con gracia las suposiciones que hagan sobre mi persona, si es el precio que tiene la discreción, lo pago con mucho amor.
Lo que se hoy de la historia esta a la que llamamos vida es que te da lo que te sirve para aprender a andar, así que es mejor borrar eso de que la vida te devuelve lo que das porque creo que no es tan matemático el asunto.
Pasé noches mirando el cielo, pasé horas sentada a la vera de mi cama suspendida en el tiempo. Hice promesas a una estrella. Se me doblaron las rodillas de tristeza. Me dolió la cara y el estómago de la risa. Vi gente que quiero emocionarse de felicidad. Vi gente que quiero llorando en soledad.
Por ahí el truco consista en no desilusionar a aquella persona que supimos ser cuando apenas llegábamos a sentarnos solos y nos bastaba ver un árbol iluminado para atrevernos a soñar.
Este año se resume con la frase final de una hermosa película: Caballos Salvajes.
"Se puede hacer algo para estar completamente vivo, antes de estar definitivamente muerto..."
"La puta que vale la pena estar vivo!!"
Que la magia los toque, vestida como más les guste. Que los inunde con su perfume. Que les sacuda el cuerpo y despabile aquello que por costumbre los mantiene dormidos. Que la realidad los golpee como el mar golpea con su ruido, que los despeine, que los erice, que les dore la piel, que con su frío les recuerde que la música perfecta es la que marcan los latidos.
Gracias por leerme.
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