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viernes, 10 de marzo de 2017

Bendita voz

Cada vez que me siento frente a esta máquina, la casualidad me pone frente a una carpeta llena de cosas mezcladas porque carezco de la disciplina que te sobró siempre a vos.  En muchos momentos podría renegar del simple hecho de saber que mis 10 minutos se transforman en dos horas en el afán de que el desastre no aumente.  La culpa me obliga a ordenar un poquito por miedo a perder -entre tantas alternativas tecnológicas- la posibilidad de volver eternos los momentos que me robaron alguna sonrisa.

La música termina siendo un "amor sagrado" y este rígido se volvió un templo desde que no estás.  Acá, cada vez que me pierdo te encuentro y dudo que sea una simple casualidad que tu bendita voz aparezca en cada video o en cada audio para devolverme a esos lugares en los que mi voz se atrevía a mis desafíos y a lo que ustedes me proponían.  Fui feliz muchas veces y otras no tanto, pero de un tiempo a esta parte sólo recuerdo nítidamente los capítulos en los que nos reíamos de nosotros y soñábamos grande.

Una de las últimas canciones que hicimos decía "un retrato viejo que no tiene ni un recuerdo está vacío esperando por lo que vendrá".  Ustedes hacían lo que sabían y yo me limitaba a ponerle palabras a muchas de las canciones, no siempre querían decir algo específico y esa canción no tenía mucho sentido para mi.  Hoy que me encontré con un video en el que se te ve feliz haciendo lo que tanto te gustaba, presté atención a la letra y creo que es una verdadera bendición que los lugares que pisaste tengan tu huella indeleble, tengan una foto de tu sonrisa en cada retrato, en cada rincón.

Con vos no hubo que esperar "lo que vendrá" porque honraste el presente al punto de quedarte para siempre en todos los lugares que fueron tuyos.

Bendita tu voz cada vez que, en estos archivos sin nombre, aparece para inspirarme una carcajada, para regalarme la nitidez perfecta de un recuerdo o para arrancarme una lágrima de este corazón que te extraña tanto.

Me estarías diciendo "Lu, no seas pavota, no llores" pero sabés que soy sensible y para mi los amigos son lo más maravilloso que nos regala la vida, porque son los hermanos que se eligen.  Gracias por la casualidad de nuestros caminos cruzándose tantas veces para encontrarnos en salas lujosas, de poca monta o en nuestras casas para curar todo con la música.  Gracias a la vida por tu amistad, por tu tiempo de calidad, por haberte convertido en un ser valioso en mis momentos más tristes.

Cada vez que suene un platillo sentiré tu abrazo cerca mío.


https://youtu.be/KAOL9oT3DIU

viernes, 2 de diciembre de 2016

El deber y el querer no duermen juntos

Entre el deber y el querer duerme quieta la conciencia.
El deber, eso que no es más que la creación de un sistema de reglas ajenas a uno, un legado de límites que encarcelan corazones y mentes, un espacio que nos vuelve violentos porque en el fondo, ahí donde aún somos nosotros mismos, ese "alguien" que queremos destruir, busca desesperadamente escapar de nuestra aparente evolución, de nuestro deber.

"El querer" lee Romeo & Julieta y bebe gota a gota del veneno del miedo al que llama realidad para sostener su adulta imagen mientras sonríe a escondidas recordando esos instantes en los que se sintió verdaderamente vivo. "El querer" conoció tan bien los colores que quiere volver a ellos una y otra vez para que todo en su ser florezca, el gris aparece camuflado para recordarle que "el deber" es cosa de adultos y lo logra convencer.

El deber viste de marca y a la moda. Usa perfumes caros y vacaciona sólo para sacarse fotos que van a decorar alguna red social.  El querer viste cómodo y anda liviano porque está siempre listo para viajar aunque no tenga cámaras con las que pueda guardar retratos. 
El deber ríe bajo, critica fuerte y ama poco. 
El querer ríe alto, critica bajo y ama mucho.
El deber duele.  El querer muere.

El deber va poniendo ladrillo a ladrillo y te permite estar seguro, va levantando hilera por hilera y te fabrica un fuerte del que no sale nadie y al que no entra nadie, no lo cambia el viento, no se ensucia pero tampoco te permite ver demasiado y quizás algún día descubras que es difícil -pero no imposible- salir.

El querer deja que la naturaleza le muestre guaridas mientras camina, se pincha con algunas espinas, siente frío, calor, conoce el miedo que generan los riesgos pero sigue su camino porque está convencido de que lo verdaderamente bueno está por llegar.

El deber es responsable con lo políticamente correcto.
El querer te invita a honrar la vida.

El deber tiene hilos invisibles que encadenan tus pies, tus manos y también tu corazón.
El querer te desmorona como marioneta en una obra porque quiere que sepas que también está vivo aquello que no se ve.

Siempre me repito... quizás esto sea leído en el momento correcto por alguien que lo necesitaba.  Ojalá así sea, deseo que cuando leas esto, te sientas feliz de la vereda en la que decidís estar y si no estás del lado que le da sentido a tu vida, ojalá al menos estés a tiempo de cambiar.



jueves, 27 de octubre de 2016

Ingobernables

Ingobernable el corazón,
capaz de latir sin que 
podamos controlarlo,
capaz de acelerarse para 
mostrarnos que algo nos asusta
o nos alerta, o nos conmueve, 
o nos hace sentir distintos.
Ingobernable la mente,
que trabaja sin que lo pidamos, 
que diagrama salidas o 
nos bloquea el paso,
que sigue su ruta sin que 
podamos notarlo,
que dibuja esquemas, 
que nos puede hacer parecer 
inteligentes y estúpidos,
que nos ahoga cuando creemos 
que estamos flotando.
Ingobernables las manos,
que hacen, que mueven, que acarician, 
que frenan, que avanzan,
que secan lágrimas y dibujan sonrisas.
Ingobernables los que van 
por los caminos que quieren 
sin importar más nada.

Al menos, así lo siento yo.

Guada.