Después de tantos textos de autoayuda, de mensajes en internet, de palabras subliminales, decidí escribir sin destinatario más que aquel que quiera ponerse una remera que diga "este palo es para mi".
Tengo casi 30 años, pasé el 99% de mis días con una sonrisa en mi cara. No siempre tuve más motivos para reír que para llorar, pero desde chica, vi a mi mamá siempre con una sonrisa aún cuando yo sabía bien que ya no tenía ni fuerzas para hacerlo, y así entiendo que estar bien no es un regalo de la vida. Es una actitud.
Yo no se todo, no tengo todo claro, no hago ni hice jamás todo bien. Pero lo intenté.
Me inventé mil reglas, todas muy firmes, aunque estos últimos meses traicioné algunas... Ya no se si se justifica que haya sido por amor.
Pero de algo estoy segura, estoy bien. Muy bien.
No estoy atada a nadie. Primero porque el amor no ata, el amor libera, segundo, porque uno se llega a conocer perfectamente, con estrellas y miserias, sólo en soledad.
Viajé sola y descubrí que mucha gente camina con otra de la mano y sigue igual de sola.
Aprendí a leer miradas, a escuchar el ahogo de gargantas desesperadas que gritan de pena sin decir nada... Y una y mil veces más me sentí feliz.
Feliz de estar tranquila conmigo misma. Porque alguna vez estuve con alguien que jamás supo cuales eran mis sueños. Y no busqué que nadie me sacara de allí... Sólo necesitaba encontrarme a mi misma. Darme cuenta de que sin felicidad, no vale la pena nada.
No se todo... es más, no se casi nada pero
hoy se que no existe peor miseria que creer que la lástima es un acto de bondad. No hay nada más triste que conformarnos con las migajas de la vida. No hay veneno que sea más letal que el de apagar los sueños antes de atrevernos a soñar.
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jueves, 1 de marzo de 2018
domingo, 18 de diciembre de 2016
Viajar liviano
Viajar liviano, como aquel día en el que emprendimos este viaje al que nos acostumbramos a llamar vida. Viajar sin carga, sin ropas que tapen lo que somos, lo que reside en nuestra esencia. Viajar despojados de propiedades. Viajar sin llaves ni cadenas, sabiendo que las únicas puertas que son nuestras son las que están abiertas. Viajar por la vida sin ataduras, asumiendo tareas con alegría, amando la posibilidad de hacer, hacer aquello que nos de la posibilidad de amar.
Que no hay sillas nuestras, ni lugares de privilegio más importantes que los que nos dan los que nos aman, que no hay lugar en el que estemos a salvo si somos terroristas de nuestros propios sueños. Que no existen cenas si no hay mañanas, que no hay fidelidad más útil que la de ser sincero con uno mismo. Que los crueles van a apuntarnos y van a disparar con palabras por la espalda y nos van a escupir su bronca en la cara. Que el amor estancado va a ser tanto que va a encontrar un surco para escapar y regar todo a su paso.
Viajar liviano para que no nos moleste la ropa cuando queramos abrazarnos.
Viajar liviano para que no nos pesen los reclamos, livianos para poder irnos con la misma facilidad con la que llegamos, para que nos de risa la espera, para que nos espere la risa cuando acabe el llanto.
Que no hay lugares comprados para nadie, que no somos dueños, que no somos eternos más que en los recuerdos de quienes eligen seguir amando. Que los hilos rojos unen sin querer a los que deben estar unidos para que sea más bello el cuadro, que los hilos rojos cuando atan se rompen y terminan sangrando.
Vivir recordando el amor aunque nos apedreen con espanto, regalar aunque nos rechacen, acariciar aunque nos pateen, reír ante el enojo que quiere desintegrar lo bueno que la vida juntos sabe dejarnos. Viajar liviano para que las cicatrices cierren, para que la piel se siga dorando, para que el viento pinte con fuerza su mejor cuadro.
Que no somos de nadie, ni de aquí ni de allá y que estamos de paso.
Que nada se nos vuelva demasiado importante para que jamás seamos esclavos.
Guada
Que no hay sillas nuestras, ni lugares de privilegio más importantes que los que nos dan los que nos aman, que no hay lugar en el que estemos a salvo si somos terroristas de nuestros propios sueños. Que no existen cenas si no hay mañanas, que no hay fidelidad más útil que la de ser sincero con uno mismo. Que los crueles van a apuntarnos y van a disparar con palabras por la espalda y nos van a escupir su bronca en la cara. Que el amor estancado va a ser tanto que va a encontrar un surco para escapar y regar todo a su paso.
Viajar liviano para que no nos moleste la ropa cuando queramos abrazarnos.
Viajar liviano para que no nos pesen los reclamos, livianos para poder irnos con la misma facilidad con la que llegamos, para que nos de risa la espera, para que nos espere la risa cuando acabe el llanto.
Que no hay lugares comprados para nadie, que no somos dueños, que no somos eternos más que en los recuerdos de quienes eligen seguir amando. Que los hilos rojos unen sin querer a los que deben estar unidos para que sea más bello el cuadro, que los hilos rojos cuando atan se rompen y terminan sangrando.
Vivir recordando el amor aunque nos apedreen con espanto, regalar aunque nos rechacen, acariciar aunque nos pateen, reír ante el enojo que quiere desintegrar lo bueno que la vida juntos sabe dejarnos. Viajar liviano para que las cicatrices cierren, para que la piel se siga dorando, para que el viento pinte con fuerza su mejor cuadro.
Que no somos de nadie, ni de aquí ni de allá y que estamos de paso.
Que nada se nos vuelva demasiado importante para que jamás seamos esclavos.
Guada
martes, 10 de mayo de 2016
El temblor
Nadie toma de dos fuentes a la vez. Es físicamente imposible.
Tan solo intentarlo nos provocaría cansancio mental, nos daría más sed, nos robaría calma, las pulsaciones se acelerarían, desearíamos más y empezaríamos a dudar sobre qué fuente es la que deberíamos elegir.
Comenzaríamos con una, luego seguiríamos con la otra.
Querríamos volver a la primera para recordar el sabor, y luego iríamos a la segunda y automáticamente estaríamos olvidando cómo sabía la primera.
Y tomaríamos de una mirando la otra, beberíamos de una deseando sin cansancio aquella que no elegimos.
No existe momento de mayor libertad y mayor angustia que el simple acto de "decidir".
Y nos invaden frases que repetimos por inercia.
"Más vale malo conocido que bueno por conocer"
"El que no arriesga no gana"
"Cada camino empieza con un simple paso"
Así batalla nuestra mente que no siente, disparando sin piedad a un corazón que no piensa.
Soñamos con situaciones tantas veces...
Son perfectas.
Son tan perfectas que nos dan miedo.
Nadie puede beber de dos fuentes al mismo tiempo. Siempre que nos levantamos empezamos a caminar con un pie y el otro no se ofende. Al preparar un café, agarramos una taza y no estalla el mundo por las otras 5 que quedaron en el fondo, esperando.
Repito una y otra vez, no se puede estar en dos caminos al mismo tiempo. No se puede dormir en dos camas ni soñar dos vidas.
Estamos eligiendo constantemente. No debería dolernos ya, sin embargo, no logramos entender que elegir nos hace verdaderamente libres, nos permite crecer y nos empuja afuera de los lugares cómodos que teje nuestra más interna oscuridad.
La vida nos sacude, nos derrumba los muros que nos protegen, nos deja al descubierto, nos revuelca por el barro y nos observa desde lejos.
Haberse convertido en ruinas pueden ser una buena forma de volver a empezar.
Tan solo intentarlo nos provocaría cansancio mental, nos daría más sed, nos robaría calma, las pulsaciones se acelerarían, desearíamos más y empezaríamos a dudar sobre qué fuente es la que deberíamos elegir.
Comenzaríamos con una, luego seguiríamos con la otra.
Querríamos volver a la primera para recordar el sabor, y luego iríamos a la segunda y automáticamente estaríamos olvidando cómo sabía la primera.
Y tomaríamos de una mirando la otra, beberíamos de una deseando sin cansancio aquella que no elegimos.
No existe momento de mayor libertad y mayor angustia que el simple acto de "decidir".
Y nos invaden frases que repetimos por inercia.
"Más vale malo conocido que bueno por conocer"
"El que no arriesga no gana"
"Cada camino empieza con un simple paso"
Así batalla nuestra mente que no siente, disparando sin piedad a un corazón que no piensa.
Soñamos con situaciones tantas veces...
Son perfectas.
Son tan perfectas que nos dan miedo.
Nadie puede beber de dos fuentes al mismo tiempo. Siempre que nos levantamos empezamos a caminar con un pie y el otro no se ofende. Al preparar un café, agarramos una taza y no estalla el mundo por las otras 5 que quedaron en el fondo, esperando.
Repito una y otra vez, no se puede estar en dos caminos al mismo tiempo. No se puede dormir en dos camas ni soñar dos vidas.
Estamos eligiendo constantemente. No debería dolernos ya, sin embargo, no logramos entender que elegir nos hace verdaderamente libres, nos permite crecer y nos empuja afuera de los lugares cómodos que teje nuestra más interna oscuridad.
La vida nos sacude, nos derrumba los muros que nos protegen, nos deja al descubierto, nos revuelca por el barro y nos observa desde lejos.
Haberse convertido en ruinas pueden ser una buena forma de volver a empezar.
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