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miércoles, 8 de marzo de 2017

La soberana

Apenas comienza la mañana y las redes sociales empiezan a vislumbrar lo que será otro de esos días que los sociólogos y los psicólogos deben amar.

Algunos ya están posteando frases tales como "puta pero no tuya", "no tengo amo", "las mujeres somos el poder",  otros arremeten con "muchos idiotas dicen feliz día y no saben que no hay nada que festejar", otros piden "igualdad" y están los que sostienen "no arruinen este día con sus hormonas".

Hay para todos los gustos.

De un tiempo a esta parte todo termina siendo una gran mezcla. Por un lado es cierto que casi nadie sabe el origen de este día, ni el marco. Lo que hoy conocemos como "día de la mujer" fue un cúmulo de sucesos en los que hasta había una guerra de por medio, se pedía paz, se pedía comida, se pedía el voto femenino.
Paz, comida (para toda la población) y la posibilidad de votar.

En el marco de esa naciente conciencia colectiva, un cuantioso número de mujeres murió en New York por las pésimas condiciones de trabajo que padecían.  Este evento fue quizás el elemento desencadenante de algo que se gestaba desde un reclamo que va mucho más allá de los usos políticos que se le intente dar a este día, lo que se pedía era ni más ni menos que respeto.

Esa es la palabra que nadie escribe y que casi nadie practica.

De a poco vamos acostumbrándonos a la idea de que la igualdad es posible y eso es una falacia espantosa. Nos alborotamos y salimos constantemente a intentar reivindicar estas fechas con comportamientos muy distantes a aquello que originó que existiera -por ejemplo- un 8 de marzo.

Las mujeres y los hombres jamás seremos iguales.  Eliminar el género nos nos va a hacer iguales. En la naturaleza, los animales machos y las hembras no son iguales. Quizás los días como estos serían mucho mejores si volviéramos a hablar de "respeto humano" que es lo que faltó aquel día en New York, o cada vez que una mujer no pudo votar, o lo que falta cada vez que alguien muere de hambre.

Yo soy mujer y no me interesa convertirme en Rambo, no quiero atravesar a los hombres con mis balas. No quiero la pena de los hombres que dicen "la mujer es frágil y delicada" porque no todas las mujeres se sienten así.  No quiero ver a los hombres maltratando a sus parejas en la calle ni ver a las chicas abofeteando a sus novios en la calle porque NO somos iguales.

Estos días dejan en el aire una sensación de empoderamiento que es muy peligrosa porque no hemos podido defender nuestras ideas sin violencia, sin descalificar y sin agredir a otros. Cuando los que hacen de esto una movida política gestan la idea se olvidan que mientras están todas reunidas no pasa nada pero cuando andamos solas, la cosa es muy distinta porque lo que nos gobierna es la violencia colectiva.

Quizás es hora de asumir que todo sigue siendo una cuestión de respeto humano, porque con su sola existencia estaríamos mucho mejor.

Conozco tipos que dan asco, abusivos, groseros,  que hablan estupideces sobre las mujeres porque para ellos somos trofeos. Hay tipos que han abandonado a sus hijos, que han golpeado a sus parejas, que han golpeado a sus hermanos y hasta sus padres. Para ellos vale cualquier calificativo. 

Los días como hoy también pienso que esto de sentir que ser mujer debe ser visto como un orgullo me recuerda más a los sometimientos religiosos que a un fin altruista, después de todo Tejerina mató a su beba y es una mujer que mató a otra que ni pudo defenderse.

Yo no celebro este día porque no. Pero si me regalan una flor no voy a decir "no necesito tus flores porque no soy tu sometida".

Brindo (aunque sea temprano) por una humanidad que aprenda de los eventos históricos y que avance. No todos somos iguales ni lo seremos. 

Hombres los hay brutos, sucios, violentos, amables,  egocéntricos,  estafadores,  justos.

Si hoy podes enseñarle a una niña a respetar y a exigir que la respeten, si le enseñas a un niño lo mismo, no será necesario que haya tantas fechas notables que recordar mañana.

Mujeres las hay brutas, inteligentes, dependientes, indomables, inquietas, sumisas, agresivas, alegres, soñadoras, serias... las hubo criminales y las hubo libres de todo prejuicio.

Por eso, tal como aquel "pequeña feminista ilustrada": "nadie te pide que te vistas de rosa", las peores cadenas que podemos tener son las de nuestra mente, por eso hoy - 8 de marzo -  me quedo deseando respeto humano y principalmente que dejemos de necesitar la opinión y aprobación ajena para ser lo que deseamos.
En el mundo hay reglas. En mi casa, en mi cuerpo y en mi alma la soberana soy yo. Te deseo soberanía personal, eso es algo que vamos a tener que defender de nuestra propia miseria hasta el último día.