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sábado, 8 de abril de 2017

El juez

Una vez más la noticia que NO sorprende, nos sorprende. 

Una vez más la noticia retuerce el estómago de los que abrazábamos, quizás infantilmente, la idea de que Micaela iba a aparecer viva.

Basta imaginarse a esa madre pariendo un dolor que seguramente duele más que un parto porque éste será un dolor eterno. Basta imaginarse la impotencia de ese padre que como hombre se debe  preguntar cómo alguien es capaz de algo semejante.

Ahí está.  Ya es definitivo. Apareció muerta. Podemos suponer los opinólogos que el autor es Sebastián Wagner,  todo indica que sí,  si no lo fuera, hay otro mal parido dando vueltas.  De todas formas... no olvidemos más!  Por favor!!! No olvidemos que hay un juez que usó su firma para dar libertad a un violador que cometió más de un crimen. No olvidemos que Carlos Rossi nos condenó con su firma, que largó al lobo en el medio de un corral lleno de corderos (en los que no están sus seres queridos porque los jueces viven como reyes en este país) y en la ruleta le tocó a Micaela pero pudo ser tu hija, tu sobrina, tu hermana. No olvidemos que Carlos Rossi firmó el certificado de defunción de Micaela. Es así.  No hay nada subjetivo en esto.

Un violador disfruta del acto de someter. Por eso la estupidez de Cordera se vuelve mucho más grave hoy!!! Ves, progre de manual, que no es joda lo que dijiste??

Ven? Ven que nosotros somos quietos??
Ojalá hoy se llenaran las plazas!!! Ojalá hoy fuéramos al Congreso para exigir que estas lacras se pudran en la cárcel,  o que sirvan como donantes vivos! Suena facho?

Más facho es seguir permitiendo que tipos como Rossi o Axel López nos condenen!
Prohibido olvidar!
Prohibido perdonarlos.
Son nuestros empleados.
No nos olvidemos de eso.


Ya están organizando una marcha (para el martes, esa es la parte triste) y eso hace que esto se vuelva cuestión más propia de un movimiento social que de la sociedad en movimiento.


Seguimos sin entender nada. Estamos perdiendo el hermoso don de la espontaneidad, que no entiende de almanaques ni horarios, porque cuando la sangre hierve, la acción es irrefrenable.