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martes, 11 de octubre de 2016

Pequeña feminista ilustrada

Nadie te pide que te vistas de rosa, que uses pollera corta ni pantalones que marquen tu figura y a propósito de eso, nadie te obliga a tener "una figura" específica.
Nadie quiere que te te metas en la cocina en contra de tu voluntad ni que uses corpiños con relleno si no te agrada usarlos.

Nadie pierde el sueño si a vos no te gusta Bécquer, o si Benedetti no te emociona con su prosa. Nadie te pide que traigas vida al mundo. Nadie te juzga si no te gustan las flores o los tacones, nadie se va a dormir pensando que lo que a vos no te gusta, debería gustarte.

Nadie te juzga... nadie más que vos, que venís a confundir "defender el género" con "humillarlo".

El derecho elemental que no debió faltarte es la educación,  que de haberla tenido, hubiese permitido que tu corta mente no te convirtiera en víctima de arengas ridículas.  Sos lo mismo que repudiás.

Destruís el derecho de los otros para escribir frases estúpidas en paredes que nunca construíste, usas la homosexualidad para justificar tus atropellos y así demostrás que no conocés lo que sienten aquellos que intentaron y lograron la igualdad sin herir a otros.
Usas tu fuerza para demostrar bestialidad inhumana en un reclamo que en lugar de enorgullecer, avergüenza. 

No se en qué momento, tu manual de la "pequeña feminista" te volvió tan básica y violenta como un fanático futbolero. No se qué te hizo creer que ver tus pechos al aire te hace libre después de criticar a las mujeres que, por salir en una revista de moda con poca ropa, son la cosificación que en teoría padecemos.

Nadie te quiere rubia ni linda. Nadie te exige inteligencia para caminar por las calles, nadie te quiere con perfumes caros ni pudiendo hablar 5 idiomas, nadie necesita tu sonrisa permanente pero mucho menos ha de ser necesitada tu ira por no ser lo que en realidad querés ser.

Definitivamente,  sería bueno, pequeña feminista ilustrada, que te dieras cuenta de que tus destrozos perjudican a gente que no te obligó a ser lo que no querés ser. Y esos desmanes que provocaste en nombre de un género al que no le aportaste nada ni siquiera ahora,  van a requerir dinero que pudo ir a gente que verdaderamente necesita ser ayudada.

Pequeña feminista ilustrada:

Sos libre, hacé de tu vida lo que quieras, de tu hogar lo que quieras, acostate con  un hombre,  una mujer, una planta. Elegí tu anticonceptivo favorito (porque ese es un derecho que podés ejercer gracias a revolucionarios que han estudiado para brindarte posibilidades).

Comé granos, verduras, carne, o facturas todo el día.  Sentate en el suelo,  no uses tacos si no querés,  hacete tatuajes, sentate de piernas cruzadas o abiertas porque al resto de los mortales no nos importan tus putos traumas!

No te creas revolucionaria por hacer ridiculeces intentando salir en el diario del lunes.

No te creas justa por descalificar a las mujeres que quieren hijos o desean lo que no está en tu librito. Respetá y cuando lo hagas, vas a entender que podés ser lo que quieras y nadie te va a encerrar... pero para eso vas a tener que liberar a tu propia mente de la estupidez que la encarcela.

No te preocupes, todos entendimos que no tenés nada claro... pero si te ayuda, a las mujeres que buscamos igualdad y la conseguimos sin incendiar lo que no es nuestro, nos importa un bledo que tu fetiche sea orinar parada y que eso te haga sentir original. Pero no jodas ni uses a los gays, a mujeres que mueren en la clandestinidad ni a las víctimas de la violencia para levantar una bandera que no podés explicar.

martes, 27 de septiembre de 2016

La triste costumbre

Esa triste costumbre de que el horror no parezca tan desastroso,  que las noticias no nos sorprendan, que sepamos el final de la historia mucho antes de la certeza.

Esa triste costumbre de saber que nadie va a salvarnos, que relacionarte con el otro deja de ser un acto de sano nerviosismo para obligarte a volverte juez de un futuro impredecible.

Esa triste costumbre de no saber hasta dónde es discusión humana, hasta dónde los celos son sólo una muestra de amor que no sabe encontrar mejor forma. Esa triste realidad que nos lleva a vivir a la defensiva, viendo como potencial asesino a cualquiera.

¡Eso no es culpa nuestra, señores jueces!
Eso es culpa de ustedes que nos llevaron a esto. Esto es culpa de ustedes que liberaron violadores, pedófilos,  asesinos... eso es culpa de quienes hacen las leyes, porque son ustedes los que deciden si ser violada de día es menos grave que ser violada de noche. Es culpa de ustedes que con cada fallo y perdón rápido están condenando a otra mujer. Es culpa de ustedes que siguen sin entender que esos cuerpos: semi enterrados, calcinados, desintegrados, o los que aún no aparecen, eran personas. Eran mujeres u hombres que le quitaron el sueño a alguien e hicieron soñar a otros, eran mujeres u hombres que nacieron de otras mujeres y hombres, eran mujeres u hombres que enriquecían la vida de alguien más, por ejemplo sus hijos; eran sueños vivos y eran parte de la fotografía misma de la vida.

Es culpa de ustedes que firman desde sus despachos suntuosos,  que vuelven a casa y apoyan la cabeza en la almohada porque jamás entendieron que cada firma estaba sentenciando a otro ser humano. Esas lapiceras y esos sellos son balas, señores jueces y legisladores.

Esa triste costumbre de soportar que todo termine en manos de ustedes está llegando a un punto insostenible. Por ellas y por ellos. Por cada muerto de este bendito suelo es que ustedes deben responder por cada mala decisión.

Por Janet, Soledad, María,  Axel, Diego, Jorge, Matías, Florencia, Marta, Nora, Ángeles, Agustín, Nahuel y cada nombre existente.

La violencia brota con cada padre que muere exigiendo justicia por sus hijos, muchas veces sin lograrlo. La violencia impera en la mente de los bárbaros pero también de los artistas y eso ya no es responsabilidad de los que quedamos librados a la suerte que nos regalen las condenas que ustedes dibujan desde sus lugares impunes.

Creo que subestiman la fuerza de la gente buena que hasta hoy ha regalado digna tolerancia... pero no deberían hacerlo. Basta de la inoperancia que los caracteriza,  basta de la inhumanidad que los reina, basta de firmar libertades que generan muerte allí afuera.

Justicia. Basta de impunidad.

domingo, 28 de agosto de 2016

Morir de miedo

Esto de las redes sociales nos impide romper sanamente los vínculos, nos aleja de la idea clásica que descansaba en las poesías de Gustavo Adolfo Bécquer donde, estar distanciados del amor era algo angustiante y doloroso.  La lejanía de aquellos tiempos quedaba librada al azar y allí sí valía la leyenda "del hilo rojo" porque, definitivamente, si dos personas estaban destinadas a estar juntas, más allá de las adversidades y los procesos de la vida, habría encuentro.

Seguramente si Pablo Neruda viviera estos tiempos, en lugar de estar noches enteras mirando estrellas que le inspiraran tan hermosas prosas, estaría stalkeando a su amada en Facebook; estaría viendo si su portada da indicios de que ya hay un nuevo amor o estaría escribiendo indirectas en Twitter.  Gabriel García Márquez estaría escribiendo sobre los muros de los políticos del momento y su visión de la realidad sería acotada a lo que sus contactos quisieran mostrar en las redes sociales, por lo que sus novelas costumbristas, quizás no existirían tan perfectamente descriptas como las conocemos hoy.

Las parejas de antes se divorciaban y pasaban a ser completos desconocidos.  Separarse era sinónimo de romper lazos con un montón de gente que no tenía que ver con uno y que hasta quizás,  nos caía mal.  Los amigos de cada bando se volvían soldados de la tropa y atacar al contrincante era un folklore que tenía un duelo relativamente breve, hoy -en cambio- los ex tortolitos se ven en internet quizás para ver quién de los dos envejece más rápido, engorda más y se deteriora mejor... pero en definitiva, el lazo sigue.

Aquellos que aman en estos tiempos tienen que saber que hay una gigantesca valentía en el acto mismo  de amar ya que es probable que, cuando el amor se termine, (si es que deciden separarse) en las redes sociales habrá mucho material que NO se autodestruirá en 5 minutos como decían los comunicados que recibía el Inspector Gadget.  No bastará con que Pepe y Moni borren los álbumes de fotos, porque Pao, Coqui, Dardo y María Elena han sacado fotos también.  Entonces, hay un punto en el que nada se irá para siempre.

Fiestas Navideñas, cumpleaños, recitales, fotos grupales, etiquetas en lugares, en viajes... todo queda en algún lugar y posiblemente, en algún momento nos volveremos a encontrar con recuerdos que nos vendrán a impedir olvidar lo que fuimos ayer y eso nos va a movilizar y nos hará preguntarnos una y otra vez si lo que elegimos estuvo bien.

En fin... solamente pienso que sería muy lindo perderse algunos recuerdos, podría llegar a ser una linda forma de ganar salud mental, de dejar de preguntarnos qué hubiese sido si...

Posiblemente habrá un momento en el que podamos mirar el álbum de nuestra vida (que no estará colgado en ninguna nube) ese que habita en nuestro corazón y en nuestra mente y ahí, cuando no haya más tiempo seguiremos preguntándonos cómo hubiese sido la vida si hubiésemos abierto otras puertas, pero ya está... para no morir de miedo, bastará con saber que todo lo que decidimos salió del corazón.

jueves, 11 de agosto de 2016

Y tu cabeza está llena de ratas...

Resulta que pensaba que la próxima vez que fuera a escribir, lo haría sobre mi viajecito.  Suelo observar el mundo, sea cual sea el alrededor que toque, y me pongo a esbozar algunas líneas que quizás a alguien le lleguen.  Esta vez no pudo ser.

Pongo los pies en la tierra nuevamente, se terminan mis vacaciones y... él, que se animó a asegurar en una de sus canciones "soy mi propio soberano" terminó siendo como dice en la misma letra "soy mi propio enemigo. ...tengo corta la mirada."

Existen muchos momentos en los que una se topa con personas que nos dicen "todavía sos muy chica, ya vas a entender".  Pasan los años y, con absoluta ansiedad nos acostumbramos a esperar "entender" eso que los "adultos" dijeron que entenderíamos más adelante.

Qué gran desilusión llega cuando descubrimos que los años no son sinónimo de sabiduría, ni de cautela, ni de aprendizaje... que la miseria existe sin importar el sexo, la edad, la educación, la clase económica ni la geografía.  El lado positivo, quizás sea, aprender a temer hasta de uno mismo.  ¿En qué momento nacen los corazones nobles?  ¿En qué momento se desintegra el límite entre ser un ser humano y ser un perfecto sorete?  Perdón por la palabra pero, animal, bestia, desagradable, indeseable son términos demasiado livianos.

No sé cómo será en otras partes del mundo pero... en nuestro país existe  la "penecracia".

La penecracia es ese sistema de organización por el cual, tanto hombres como mujeres, usan frases tales como:

"está mal atendida"
"malco"
"tiene síndrome de tafal de gaver"
o la última adquisición literaria aportada por Gustavo Cordera "hay mujeres que necesitan ser violadas para tener sexo".

La penecracia es ese sistema que considera que un pene es sinónimo de alegría.  Pero qué triste que hasta los que se consideran muy "progre" tengan que caer tan bajo.

Demás está destacar que estas declaraciones fueron dadas en una facultad de periodismo, donde hay chicos y no tan chicos que van a estudiar, a aprender ni más ni menos que la importancia de lo que se dice y el cómo.  
Pero ahí fue él, el rockero piola, que tiene dos hijas mujeres, a dar tan retrógradas declaraciones.  Su hija le dijo:  papá, para qué dijiste eso adelante de gente que no te va a entender? sos un pelotudo.  

En fin, me pregunto qué clase de gente sería la que sí lo entendería al pobre Gustavo.  Lo que sí comparto es que es un pelotudo que creyó que tener un pene lo hace portador de una felicidad que debe ser repartida (quiera o no la chica en cuestión recibir su "alegría poco democrática") ya que según él,  parecería ser ese el remedio para la histeria femenina de alguna mujer de 16 años (detalle no menor a destacar en sus declaraciones ya que el maduro músico -que, aparentemente ve en su espejo a un adolescente- habla de mujeres de esa edad en sus dichos).

Pero aquí no termina el tema. Una radio de rock por excelencia en Argentina se niega a pasar la música de Gustavo Cordera como manifestación de rechazo ante sus desacertadas declaraciones, Mendoza y Córdoba cancelaron sus shows pero... ya salieron algunos a defender la "democracia" diciendo que él tiene su libertad de expresión como la tenemos todos y que está mal que lo censuren.

No se en qué momento hemos dejado de usar el diccionario.  Lo que Gustavo tiene es libertad, no sólo democracia, por eso dijo lo que dijo.  Y lo que tienen las radios y las organizadoras de eventos es libertad y democracia para decidir qué artista apoyar y a cuál no.

Si en Vale 97.5 no pasan a Guillermo Fernández cantando tango, no es por censura sino por lineamientos artísticos.  Si RQP 104.3 no pasa Agapornis no es por censura sino porque no responde a los criterios de la emisora.  Así que si hay radios que no pasan más a Gustavo Cordera, será porque son dirigidas por tipos que tienen hijas, sobrinas, esposas a las que respetan en sus libertades y por cuestiones más que claras, se niegan a apoyar a un artista que se considera en sus canciones como alguien de "excesiva humanidad" pero... cuando la guitarra no suena, el cordero pierde la ternura y dice cosas a las que considera psicodrama quizás para seguir intentando convencer a alguien con su desvarío penecrático.

Lo escuché decir que está arrepentido y está bien que lo haga... pero también dijo que sus dichos desataron una "fuerza poderosa" que parece asustarlo, por él mismo y por sus hijas.  Fue entonces cuando recordé una frase que me decían mucho durante mi infancia: "antes de poner la lengua en movimiento hay que poner el cerebro en funcionamiento".  En aquel entonces me preguntaba para qué me decían eso, hoy entiendo que es para no decir cosas de las que no haya retorno.

Únicamente en la provincia de Buenos Aires se cometen 28 violaciones por día.  Las fiscalías reciben una denuncia cada 45 minutos.  Seguramente, recluído en La Paloma o alguno de esos lugares amorosos alejados de la realidad, Gustavo Cordera no tuvo en cuenta este dato estadístico al decir lo que dijo frente a los alumnos de la escuela de periodismo sobre arte TEA. Quizás con otro escenario o frente a un alumnado en el que hubiese habido una sola persona que hubiese sufrido una violación, el tema hubiese sido distinto, quizás ahí sí la vida lo hubiese puesto de cara contra su pseudo excesiva humanidad.

La edad no nos dará sabiduría.  El paso del tiempo es simplemente un conglomerado de situaciones de las cuales uno puede o no aprender.  Sin ponerse en los zapatos ajenos, sin pensar detenidamente antes de que el ego nos tape, va a ser difícil que la edad nos llegue a hacer dignos seres "humanos".

En conclusión, ya lo dijo la hija de Cordera.  Es un pelotudo.
Quizás le estén llegando los años y haya querido hacerse el copado frente a los "pibes" de la facu.  La pifió, mal.  Quiso decir lo que dijo.  Dijo lo que quiso decir.  Nadie entendió mal.  Nadie pudo haberlo entendido distinto.

Quizás María Soledad Morales (17 años al momento de su violación y muerte, hoy tendría 43), Marita Verón (23 años al momento de su desaparición, hoy tendría 37), Jimena Hernández (11 años al momento de su violación y muerte, hoy tendría 36) y tantas otras mujeres y niñas pueden dar fe de que una violación no tiene nada que ver con lo que los "seres humanos" podemos entender por sexo.

Ser "pelotudo" no es una buena explicación.  Para combatir estas ideas no existe mejor técnica que educar con amor y respeto.  Pene y vagina tenemos todos... coherencia y humanidad, no.

Al menos así lo puedo ver yo.


martes, 19 de julio de 2016

33

Dos días después de haber cumplido 33 años me permito estas líneas.

Hay momentos convulsionados en la vida, afectos que se vuelven poco "afectos" y otros que nos dan cariño que no sabemos si merecemos. Hay días que duelen mucho, que nos atan la voz y nos quitan el sueño pero que, indefectiblemente, sirven para parar el mundo, el reloj, la pelota y ver qué nos está pasando.

Los días previos a mi cumpleaños no han sido ideales pero de las situaciones menos perfectas se aprenden las mejores lecciones así que, acá estoy.

33 años, todo un número si asumo que en mi memoria no están tan distantes mis 15 años, mi secundario, mis ingresos al ISER.  33 años siendo una gran soñadora en acción, creyendo que siempre todo va a estar mejor, sabiendo que depende de mi esfuerzo el 80% del éxito o no, entendiendo que a veces una puerta cerrada es un gran regalo.

33 años de los cuales recuerdo casi todos.

En estos 33 años vi cómo la vida convertía a mis padres en mis héroes, vi a mi hermana volverse mi amiga, soñé con un buen amor (no con un príncipe azul sino con un tipo que me quisiera en su equipo), me equivoqué, me decepcioné, decepcioné a otros, me postergué, abandoné sueños, insistí con otros, fracasé, lloré, pasé algunas noches sin dormir, lo logré.

En estos 33 años vi crecer demasiado rápido a personas que amé y por las que hubiese dado mi vida, me dolió el paso del tiempo.  Aprendí a irme cuando algo no me hacía bien, intenté unir a las personas que no debían estar separadas, lastimé sin querer, pedí perdón, me perdonaron pero no aprendí a perdonarme.

En estos 33 años probé con 3 carreras, me quedé con la más sencilla para recibirme pero la más difícil de conquistar.  La conquisté.  Pasé largas noches soñándome en una radio, me metí en estudios en los cuales no se veían las tapas de los CDs de la tierra (si -con suerte- había música y no la tenía que llevar yo) y fui feliz y trabajé como si estuviera en la mejor emisora del mundo.

Tuve los mejores operadores, con o sin título ellos daban luz al cartelito más hermoso, ese que dice "Aire". Conocí a Badía, me dijo que me parecía a su primer amor, me enamoré de él cuando dijo eso.

Llegué a Aspen y presenté las canciones que más amaba escuchar, supe lo que era la máxima felicidad, también conocí lo que era no coordinar del sueño.  No me quejé porque cuando me sentía destruída pensaba en un albañil que se levanta a las 5 de la mañana y se muere de frío y ahí se me pasaba el padecimiento. Cuando me dormí con los ojos abiertos me fui, por respeto a Aspen y por respeto a su audiencia que merecía de mi lo mejor.  Nació Arpeggio y me adoptó, me enamoré de la música clásica, es mi casa y allí me divierto y siempre saco algo nuevo para guardar en mi cabeza y en mis oídos.

Después de Aspen creí que ya no volvería a conducir, no es nada fácil la cosa... y un día dos amigos me dijeron "se va una locutora de Vale", me pasaron un mail, (fue el primer CV que envié por mail). Al otro día me llamó mi actual jefe, fui al casting, me dijo: "tengo para ofrecerte ya mismo los fines de semana en la trasnoche".
Sentí ganas de inmolarme, le dije: "acepto pero, por favor no me dejes morir en la trasnoche" mientras mi cerebro repetía en silencio "no le podés estar diciendo esto a este hombre".
Me contestó: "no te puedo prometer nada porque lo que tengo es esto".
Le agradecí el trabajo.  Me fui pensando que me lo merecía ya que, camino a la entrevista, ayudé a cruzar la avenida a un ciego y se me cayó al piso... pensé que era un castigo divino por mi improductiva solidaridad.

Un día, una de las locutoras más hermosas del mundo me dio un regalo y sin saberlo cambió todo (Irene Córdoba).  Empecé a trabajar a la tarde, gran desafío, romper estereotipos.  Mis compañeros y mi jefe me dijeron: "pensá que estás hablándole a una amiga" y eso fue todo, descubrí que conducir es eso.  Adaptarse al carro, subirse a la onda, tener siempre en cuenta el momento del día y por sobre todo, agradecer la oportunidad.

Tuve grandes bendiciones y buenos jefes.
Jamás recibí propuestas indecentes, en cambio recibí confianza y me alegra que hayan creído y crean en mi. En estos 33 años cultivé en mi mente la idea simple y certera de que para hacer las cosas, hay que hacerlas bien... sino, es preferible "no hacer un carajo".  Tuve 19 trabajos, me fui bien de todos, aprendí en todos y me quedaron buenos amigos en cada uno de ellos.  Nunca le pisé la cabeza a nadie para llegar porque en casa me enseñaron que el obstáculo más difícil es ese que veo cuando miro al espejo.

En 33 años soñé con tener una familia propia, elegí mal, me sentí usada y entendí que eso era responsabilidad mía.  Me regalaron un perro, lo detesté porque "era el souvenir que me dejaba un ex para ligarme al pasado", y un día llegué y vi que esa bola de pelos meneaba su rabo y se hacía pis cuando me veía y entendí que no debo juzgar sin dar una oportunidad.  Aprendí a amarlo y me ama.  Es mío, decora mi vida con su amor de cuatro patas y me enseña que cuando se ama, es sin condiciones.

En 33 años pasé los últimos 10 llevando con alegría el título más generoso que me ha dado la vida: TIA.  Entendí que en una sonrisa reside la sanación, aprendí que cuando alguien te abraza y sólo te llega a la rodilla en realidad está tocando tu corazón.

33 años y yo sólo pienso en mirar al cielo y decir "GRACIAS".  A vos, que pusiste gente tan maravillosa en mi vida.  Gracias por los que no puedo abrazar, gracias porque los tuve.  Gracias por los padres que me regalaste, gracias porque los veo y los amo cada día más, gracias porque me dan todo y yo sigo sintiendo que haga lo que haga sigo estando en falta, gracias por mi hermana y por su cercanía en mis momentos más tristes, gracias por mis amigos, mi gente querida, por los hijos de mis amigos que son sus alegrías y que por ser la de ellos, son la mía.  Gracias por los lugares a los que llego y donde me regalan una sonrisa.

33 años en los que hay muchas cosas que no han sido como soñaba, pero otras me han sorprendido tan maravillosamente que todo valdrá siempre la pena y la alegría.

"Sueña un sueño despacito entre mis manos hasta que por la ventana suba el sol"... así decía la canción con la que me dormía mi madrina. Yo seguiré soñando y todo será siempre mucho mejor.

#Gracias papá, mamá, sis, madri, Vi, Gi, Ly, Fettu, Ni, a los que me escucharon en alguna radio y me dejaron entrar en sus casitas y a todos los compañeros, colegas y oyentes que me crucé estos años.

viernes, 24 de junio de 2016

Conectate

45 minutos delante de una mujer que tenía en su regazo a un pequeño que no caminaba, dato que aporto sólo para graficar su corta edad.
Durante todos esos minutos, ella estuvo con sus ojos puestos en el teléfono celular.  No es figurativo, es literal.  No levantó los ojos de su teléfono mientras su pequeño me miraba incansablemente y mientras sus pequeños deditos acariciaban el abrigo de una mujer que estaba sentada al lado de su madre.

Regordete, con ojos avellanados y profundamente negros, con un flequillo tímido que escapaba de la capucha de un buzo que parecía demasiado liviano para el frío de estos días.  Su nariz colorada evidenciaba algún resfrío que me hizo pensar en que ya habían pasado muchos minutos sin que su madre lo mirara siquiera para ver si estaba bien ya que, parecía ser un niño tranquilo porque ni se movía.

Yo le guiñaba un ojo y le sonreía, quizás con la ilusión de motivar algo en él porque he sido motivada en mi niñez y aprendí por experiencia que los niños necesitan estímulos para ser atentos, inteligentes y felices.

Saqué un pañuelo de mi bolso y se lo di a la madre, que me miró con cara de asombro. No entendía por qué le daba un pañuelo y apenas si sacó sus ojos de la pantalla boba para darse cuenta de que alguien le estaba dando algo.  Con voz templada le dije "tiene la nariz sucia".

Recién ahí miró la carita de su bebé.

No pude evitar pensar en que los seres humanos somos, muchas veces, incapaces de entender de qué se trata la vida.  Definitivamente no es el mero hecho de tener la capacidad de procrear lo que nos convierte en humanos con derechos... es la capacidad de obrar racionalmente antes de procrear y la capacidad humana de interactuar y hacer honor a nuestras decisiones lo que nos hace seres verdaderamente humanos.

La tecnología es una herramienta.  Claramente.
Los recitales tienen miles y miles de personas que ya ni observan aquello por lo que pagan, buscan desesperadamente grabar todo, todo el tiempo. Las cenas de pareja son un panorama desalentador que indica que la gente se junta como se juntan dos tazas en un armario, como se juntan las hojas en un apunte abandonado. No se miran, ni miran al plato, no discuten... ni siquiera eso.

Es cierto, cada uno decide qué hacer.  No tengo fundamentos científicos que aportar a mi observación pero sí hay algo que lamento absolutamente y es la casualidad de formar parte de una generación plagada de zombies incapaces de dar tiempo de amor, de escuchar, de mirar a los ojos, de volver y de conectarse con los afectos.  Después de todo y una vez más, posiblemente sea el amor lo único que nos salve del caos.

Conectate con lo verdadero.  Conectate con el amor.

miércoles, 22 de junio de 2016

Messi, gracias por ser argentino



Ayer se gestaba en mi mente este texto dedicado a un ser que logra unir millones de voces en el mundo en un mismo momento, con la misma energía, con la misma pasión, con la misma admiración y lo que es mejor, con el mismo respeto.

Yo crecí en esta tierra en la que el fútbol es mucho más que un evento deportivo. Acá el fútbol es tradición, religión, es herencia. Papá compra la camiseta para su bebé al otro día de ver en la ecografía que "es varón". El primer regalo suele ser una pelota, de colores, blanda, de tela y con cascabeles... pero una pelota al fin. En Argentina, el asado, el tango y el fútbol son ADN, son la expresión viva de lo que nos une y es por eso que el que no ama el tango, cuando sale del país y escucha "Cafetín de Buenos Aires" deja que se le piante un lagrimón; el perfume del domingo al mediodía es el del asado hecho por el abuelo y papá, con los nenes alrededor esperando con ansias aprender a hacer el fuego; y el fútbol es el color que envuelve este paisaje verde y extenso.

A mis 32 años he visto muchos jugadores apasionados, virtuosos, dedicados, guerreros, de hecho coleccioné fotos de Matías Almeyda durante mi adolescencia y gracias a él aprendí a observar el fútbol europeo y supe que la combinación de la técnica y disciplina de ellos necesita la rusticidad de nuestros argentinos para que tanta organización deportiva no vuelva aburrido y previsible un domingo a las 6.

En una semana me encontré repitiendo dos veces la misma expresión: "No se puede creer".

Messi. Sí, así a secas. Messi. El jugador en la cancha y en la vida. Ese que ojalá se vuelva ejemplar ídolo de las generaciones futuras. Ese que a esta altura ha superado con creces no solo récords sino las expectativas de quienes quieren el fútbol y no, de quienes se resistieron a darle la derecha, de quienes lo cuestionaron y sostuvieron "le falta".

No le falta, le sobra!

Se define a los líderes como las personas capaces de guiar e influir a otras personas o grupos de personas, que además son reconocidos como tales.

Sólo con esa definición se puede refutar verbalmente cualquier expresión que, a esta altura, es pasado. Siempre es bueno aportar un poco de educación que modere la pasión.

Messi, "el jugador", ese al que le negaban la 10, ese que tenía una vara muy alta para superar, ese que cargaba con la historia pisándole los talones. 


Sí, ese que "todavía" no ganó un mundial. 

Ese que recibió en España lo que no supieron darle nuestros clubes. 

Messi, el que aún así decidió que quería vestir la albiceleste. Messi, el callado, el mudo, el silencioso obrero. 


El que le lleva una alegría al argentino promedio que soñó con ser futbolista, ese que hace que los ojos de mi sobrino brillen, ese que mira la pelota como un chico mira la vidriera de una juguetería. 


Messi, el que apunta, calcula y dispara. El sumiso. Ese que, siendo uno no necesita "líos" para que su nombre esté en boca de todos, ese que se mueve como cualquier técnico quiere, ese que parece un jugador de Play.  Sí, ese... así, milimétrico, veloz, prolijo en la cancha y fuera de ella. 


Messi... ese que le hace todo más fácil al resto porque aprendió a poner su virtud al servicio de otros.

Messi, el mejor jugador del mundo.

Messi, el que tiene un don y lo valora.

Messi, el que responde ataques con silencio.

Messi, el que por cada humillación brinda un acto magistral.

Messi, el jugador que sonríe y nos invita a hacerlo con él.

Messi, el que nos hace olvidar durante 90 minutos que este país está plagado de gente que no le llega ni a los tobillos.

Messi, el que nos devuelve la alegría que los políticos nos quitan, más no sea lo que dura un partido.

Messi, el que conserva mirada de niño y logró a base de trabajo hacer de la pelota, una extensión de su cuerpo.

Messi, el que nos demuestra que con sacrificio y fe en uno mismo, pero principalmente respetando a los otros, se puede llegar tan lejos como se desee.


Yo soy de la generación que tenía como ídolo a alguien que fue "pasado" mucho antes de terminar su carrera. De una generación que dijo D10S a alguien que ha dado muestras de ser inmoral, injusto y desagradecido con sus hermanos, nosotros... los argentinos.

Siento un enorme alivio de que los niños de hoy puedan amarlo, en nuestro país y en el mundo entero.

Sí, señores... Messi, el pibe que hizo de las ventanas, puertas. El que, por cada ataque, devolvió una jugada inolvidable.


Cinco letras, un nombre, un grito. Messi... gracias por ser argentino.






martes, 21 de junio de 2016

A veces...

A veces no se puede decir "adiós".
No es desprecio por la palabra,
no es apego por lo imposible,
no se trata de querer seguir porque
es más fácil continuar algo comenzado que ir de cero.

A veces no se puede decir "adiós"
porque cuando se ama,
se da tanto de uno que es imposible rearmarse y
dar vuelta la página.

Entonces no se trata de una palabra,
pues sucedería lo mismo si osara usar sinónimos,
de todas formas... ninguno querría salir de mi boca.

Posiblemente "adiós" es una de esas palabras que
nacen con ganas de morir.

A veces no se puede decir "adiós" porque
sería algo así como despedirse de la parte más feliz de uno,
sería como dejar abandonado en la oscuridad
un sentimiento noble que no necesitó nada a cambio para vivir.

No se puede decir adiós porque el amor se pare,
se sufre por dentro, en silencio y se le tiene mucho miedo.
Aquellos que se permiten amar saben que algún día
puede llegar el adiós a destrozarlo todo.

Empiezo a sospechar que verdaderamente
"el olvido es una fantasía"...
y mientras susurro en el silencio de la noche esa frase,
voy dibujando en el vidrio empañado,
letra a letra, mi única certeza:
"no se qué será después".

Aquí quedarán los puntos suspensivos de
tantas historias que alguna vez creí,
quedarán sorpresas, charlas, diferencias y
bellas coincidencias que seguirán
vivas en estos rincones en los que,
envuelta en tus ojos negros, jugué a ser feliz.

sábado, 18 de junio de 2016

Milagros de un día cualquiera

Digo a menudo que un día simple puede convertirse en uno inolvidable.  Sostengo también que depende de nosotros mismos porque confío en la auto-sanación, en la leyenda del ave fénix humanizándose constantemente.

Hoy el milagro tiene autor y para mi pesar, no se su nombre.

Viajar en tren es, muchas veces y al contrario de lo que creen algunos, es un lujo. Hay un mundo que se gesta ahí,  estación por estación.  Las caras son las mismas por largos lapsos de tiempo, algunos repiten la misma rutina de uno y otros son simples pasajeros que decoran el espacio por un ínfimos momentos.

Mientras iba a la estación,  pensé que tenía ganas de tejerle algo a mi pequeño sobrino ya que, mientras más crezca,  más difícil se me vuelve terminar la obra. Es que ser autodidacta tiene sus beneficios y sus contratiempos. Compré agujas, lana azul y empecé a tejer. Algunas estaciones después de la mía, subió un hombre con dos cajas azules y se sentó al lado mío.  Iba callado y noté con la llamada "vista periférica" que miraba  lo que yo estaba haciendo. Una estación antes de llegar me dijo... -qué lindo que tejas, ya no lo hace casi nadie.  Las abuelas de hoy no tejen... te diste cuenta?  La mía lo hacía.  Cada vez que iba a verla me agasajaba como si fuera una fiesta mi visita.  

Irremediablemente se me inundó la mirada que, como es costumbre, era esquiva ante el contacto con un desconocido.  Muchas veces lamento sobremanera ser tan tímida... y me atreví a decir (con la voz apenas clara) "cuando era muy chiquita mi abuela me enseñó".

Siguió su relato:  Yo soy abuelo, tampoco hago muchas cosas de abuelo, no les enseño cosas como hizo mi abuela conmigo... y de repente sus ojos se llenaron de lágrimas.  "Perdón" dijo.  "Gracias, me acercaste hermosos recuerdos, me trajiste a mi abuela" dije yo.

Secó sus ojos... le dije: es para mi sobrino.  Sonrió y sentenció "ese regalo no tiene precio, cuando sea un viejo como yo, va a recordar que tuvo una tía que le regaló lo más lindo que tenemos... -tiempo-".

La calle es una escuela dicen por ahí.  No coincido plenamente, sin embargo, cuando uno se topa con personas que son capaces de hablarle a una completa desconocida para decirle algo lindo, ligado al sentir, ligado a los gestos que decoran la vida, ahí sí que la calle se convierte en una bella escuela.

No esperaba emocionarme nunca en un vagón cualquiera, un sábado cualquiera... pero se cruzó la persona correcta y fue un vagón especial, un sábado especial y a partir de hoy, un recuerdo especial.

Definitivamente nada nos llevamos de esta tierra más que aquello que podemos guardar en la retina y en el corazón.  Por eso, a veces olvidamos caras pero no olvidamos una caricia.

La vida son instantes repletos de autores... cada uno, con su pluma, sabrá escribir una escena mejor.  

Deseo que así sea para cada uno que se acerque a este blog y se deje llevar por la situación, quizás así puedan estar cerca de alguien querido aunque sea abrazando un recuerdo.

miércoles, 15 de junio de 2016

Que dios los perdone

Leve sensación.
En nombre de dios.
En nombre de los pobres.
En nombre de la igualdad.
En nombre de los que menos tienen.
En nombre de...
Ya ni las monjas postradas se salvan.
Y lo peor es que vamos perdiendo el sentido del escándalo,  la ética, en fin... vamos perdiendo el sentido común.

Hoy escuché a un actor cómico decir: "todos los negros morimos soñando con enterrar la guita" calculo que era una  comparación con las OffShore de Macri, la guita afuera de Melconian, etc.

Y yo, aca, soñando con poder irme de vacaciones con mi padre para devolverle un poco de todo lo que me dio desde su honradez laboral y humana, no puedo más que lamentar la estúpida costumbre argentina de ver "menos peor" el robo de uno que el de otro. Y veo con asquerosidad que gente que vive en barrios paquetes se autodenomine "negro" queriendo hacer simpático un término que tan peyorativo e improductivo, utilizan para llamar a un trabajador.

Qué avaricia tan descarada. Que nos perdonen Luz Milagro, el pequeño Néstor (muerto de hambre en el norte de nuestro país), que nos perdonen los médicos que cobran mal, se aguantan golpizas y atienden con elementos que llevan de la casa; que nos perdonen los policías honestos y las maestras que reman en pegamento cada día para cuidar y poner esperanza en el futuro.

Toda la plata corrupta, no importa de quien sea, es dinero que está faltando a gente que vale la pena. Falta en universidades, falta en colegios, falta en los pueblos perdidos de nuestra extensa tierra.

Absorta, desilusionada pero confiada en que mientras existamos dos incapaces de tocar lo que no nos corresponde,  podemos cambiar nuestro entorno.

Eduquemos... que "sacar ventaja" no sea visto con buenos ojos, que el trabajador no sea visto como un boludo... y que los ladrones sean puestos a sembrar la tierra para devolver a la sociedad lo que han robado.

Al gran pueblo argentino, salud.
Guada

jueves, 9 de junio de 2016

Gabriel

Las batallas más difíciles son las que tenemos con nosotros mismos, así lo dicen los sabios, los experimentados, aquellos que con o sin victorias han aprendido algo de la vida.

Recuerdo con total claridad una fría noche de invierno cuando mi edad era de sólo un dígito, estaba en mi cama marinera (la de abajo, que parece ser la primera conquista de los hermanos mayores) estaba esperando el saludo de las 00 como era costumbre en mis cumpleaños y extrañaba mucho a alguien. 
 
Mi pequeña mente no entendía las cosas de los adultos, me preguntaba qué los llevaba a estar lejos de lo que -supuestamente- los hacía felices.  Aquella noche lloré en silencio.  Tenía miedo, quizás, de que llegara mi vida adulta y que me encontrara sin poder hacer las cosas bien.

Definitivamente somos nuestra historia.  

Yo detesto esperar, aborrezco la mentira y se bien que hay promesas que se hacen sin decir "lo prometo" pero también aprendí  a comprender a los demás, quizás con más amor del que pongo para entender mis propias miserias.  

Yo entendí todo el infierno, lo caminé descalza, supe que si soñaba corría el riesgo de que mi libro ardiera y no quedara nada.  Supe que, si me animaba, me iba a costar escribir el final.  Sentí que el corazón dolía, físicamente -nada de poesía encaja en ese dolor- y miré la puerta mil veces esperando que llegara él.  

¿Su nombre?  Gabriel.   

Lo arrastré a mi mundo y creí que mis pocos minutos al mes alimentaban sus sueños como sus pocos minutos alimentaban los míos.  Llegamos a conocernos sin hablarnos, supimos inspirarnos el más grande amor y el más triste desprecio y seguramente quisimos odiarnos.

Hay personas a las cuales nos enfrentamos y entendemos que nos une algo que no tiene explicación en este mundo.  Si es de otra vida, si es demasiado amor, si es locura... quién lo sabe?  

Hay personas que se cruzan y ya nunca más parece ser lo mismo.  

Se intenta.  Se evita.  Se censura.  Se prohibe.  Se condena.  Se ama.

Y de repente, no hay edad, no hay distancia, no hay peligro, nada importa y sin embargo... no alcanza.

La ciencia dirá que fue su crisis de los 40, él dirá que fue mi crisis de los 30 y yo diré que nunca entendí por qué nos cruzamos... no porque me arrepienta, aún hoy no lo lamento, sino porque no me llevo nada de esto.  Sigo batallando sola, peleando contra el viento y el olvido.  Sigo viéndolo entre la gente, sigo desdibujando sus ojos cada vez que encuentro algún sueño que fue nuestro, vivo.

Somos nuestras vivencias, nuestras batallas y lo que hacemos con ellas.  En eso estoy.  Pero es justo decir que tomé malas decisiones, que insistí en ser pieza de un rompecabezas en el que no entraba y hoy soy lo mismo de ayer, con cicatrices que algún día se irán o no... quién sabe?  Después de todo, las heridas son el tatuaje absoluto que nos deja la libertad.  Si elegimos con el corazón, no puede haber estado mal.

A vos... gracias.  Siempre vas a estar en un rincón de mi corazón, por lo que no fue y por lo que fui.


martes, 31 de mayo de 2016

Ariel Dasso: un delirante místico.

Hoy volvió al ruedo "el acosador".
Esta historia, que comenzó en el 2011, es como esas películas que querés que terminen apenas empezadas y te das cuenta de que van a durar demasiado.

Los seres humanos nos dividimos entre "pacientes" y "virulentos" y yo me anoto en la primera fila.  En aquel entonces, cuando transitaba la trasnoche de Aspen, apareció en mis redes sociales un tipo de cara rara que le dio LIKE a 50 fotos en menos de 5 minutos y comentaba cosas hasta de mis dedos del pie.

Mis fotos son extrañas, mayormente.  No me gusta mostrarme y no me genera problema eso, soy así.  Por ese motivo, cuando noté la exagerada demostración de aprobación sobre mis fotos, decidí eliminarlo.   Debemos haber sido amigos sólo un día.

Él se llama Ariel Dasso y ha atentado contra mi paciencia los 365 días de los últimos 5 años.  Confieso que al principio, cuando me preguntó en el primer mail que me envió, ese que me iba a confirmar que estaba ante alguien que no estaba nada bien ¿sos una mujer santa o sos una ramera?  me quedé asombrada.

¿Ramera?  Ya el término, por anticuado, casi deja de ser peyorativo... pero de todas formas, me resultó violento.  Le contesté que no me molestara más, que a él no le interesaba si yo era una ramera o una mujer santa.  Creí que era la salida más apropiada.

A partir de ese momento empezó una persecución insoportable. Tengo cientos de mails de él, degenerados, delirantes, violentos.  Ha pasado por muchos climas y confieso que yo también.

En un momentos sentí mucha pena, pensaba que era triste la idea de que un hombre mayor no pudiera diferenciar la realidad de un delirio.  Sus comentarios siempre hablan (y lo digo en presente porque sigue con su hostigamiento) de los pastores de "Cita con la Vida".  Él insiste en que hay prédicas en las que se habla de mi, de que soy la mujer que dicen los pastores y ahí arma una historia que me hace pasar de la pena al asco.

Pasé 5 años soportando esto, muriéndo de pánico cuando lo distinguí detrás de las puertas de Canal 9 un día en la salida de trabajo en la madrugada.

Desde ese entonces, nada volvió a ser relajado ni feliz en mis salidas y siento que es muy injusto seguir soportando eso como si fuera mi obligación.  Es horrible salir y mirar hacia atrás con la sensación de que hay un loco suelto, de 45 años que escucha voces y mensajes de sus pastores y que insiste con querer obligarme a "cumplir sus profecías".

Me invadió la angustia muchas veces e intenté explicarle que no lo conocía ni pensaba hacerlo, que tenía mi vida... pero nada le importa. Nada.

Creo que ha llegado el momento de asumir los gastos que me acarree contratar un abogado para ver si de una vez por todas, la justicia logra lo que no he logrado ni con mi cordialidad agotada ni con la irresponsabilidad de una familia que acuña el apellido Dasso y que no controla a un hombre que es peligroso para el resto.

Esta es la cara oculta de mi labor.  De  mi trabajo silencioso, al que amo y honro, al que respeto y por el que doy lo mejor que tengo que es mi tiempo.   Cada vez que Ariel Dasso de 45 aparece con sus delirios, tengo muchas ganas de que mi voz no se oiga para ver si así logro su ausencia o al menos su olvido.  Pero para ser sincera... creo que no es justo.

Les pido ayuda con la difusión de estas palabras.  Yo voy a ir a la justicia, pero quiero sentir que muchos conocen esto para estar acompañada.


martes, 10 de mayo de 2016

El temblor

Nadie toma de dos fuentes a la vez.  Es físicamente imposible.
Tan solo intentarlo nos provocaría cansancio mental, nos daría más sed, nos robaría calma, las pulsaciones se acelerarían, desearíamos más y empezaríamos a dudar sobre qué fuente es la que deberíamos elegir.

Comenzaríamos con una, luego seguiríamos con la otra.
Querríamos volver a la primera para recordar el sabor, y luego iríamos a la segunda y automáticamente estaríamos olvidando cómo sabía la primera.
Y tomaríamos de una mirando la otra, beberíamos de una deseando sin cansancio aquella que no elegimos.

No existe momento de mayor libertad y mayor angustia que el simple acto de "decidir".

Y nos invaden frases que repetimos por inercia.

"Más vale malo conocido que bueno por conocer"
"El que no arriesga no gana"
"Cada camino empieza con un simple paso"

Así batalla nuestra mente que no siente, disparando sin piedad a un corazón que no piensa.
Soñamos con situaciones tantas veces...
Son perfectas.
Son tan perfectas que nos dan miedo.

Nadie puede beber de dos fuentes al mismo tiempo.  Siempre que nos levantamos empezamos a caminar con un pie y el otro no se ofende.  Al preparar un café, agarramos una taza y no estalla el mundo por las otras 5 que quedaron en el fondo, esperando.

Repito una y otra vez, no se puede estar en dos caminos al mismo tiempo.  No se puede dormir en dos camas ni soñar dos vidas.

Estamos eligiendo constantemente.  No debería dolernos ya, sin embargo, no logramos entender que elegir nos hace verdaderamente libres, nos permite crecer y nos empuja afuera de los lugares cómodos que teje nuestra más interna oscuridad.

La vida nos sacude, nos derrumba los muros que nos protegen, nos deja al descubierto, nos revuelca por el barro y nos observa desde lejos.

Haberse convertido en ruinas pueden ser una buena forma de volver a empezar.


viernes, 6 de mayo de 2016

Pegados

El amor no ha recibido, al día de hoy, una definición indiscutible.  Siempre existe una palabra más, una menos, una consideración extra o faltante que nos termina mostrando que el ser humano es subjetivo para respirar, para reír, para amar.

En líneas generales, para los poetas el amor es una quimera, es tocar el cielo y caer de golpe al infierno; para los artistas, el amor nace de la tan subjetiva belleza que, en realidad, reside más en los ojos que ven que en el mismo objeto de apreciación. Y para alguna parte de la población, el amor es eso que nos induce a ser mejores, nos motiva.

Pero hay una aclaración absolutamente necesaria en estos tiempos:  el amor, bajo ninguna circunstancia,  es sinónimo de poseer.  La quita de la libertad es el castigo más hostil que puede recibir un ser humano, se puede estar preso en un trabajo, en un cuerpo, en una adicción, en una incapacidad, en un problema y también en una relación.

El límite trazado entre lo amable y lo grosero, entre el contacto afectuoso y la coerción, entre establecer códigos de convivencia y aceptar el despotismo tiene dos responsabilidades absolutamente compartidas e iguales.

La situación violenta expuesta por una pareja mediática argentina, en la que han abundado detalles públicos acerca de las formas en las que solían dirimir sus diferencias desde el inicio de su relación, me ha llevado a preguntarme, basada en esta carrera de acusaciones y desmentidas, ¿qué pasa en una vida después de la violencia?

Es evidente que lo que a mi me extraña, para otros no es más que el preludio de una apasionada reconciliación.  Para ser sincera, alguna vez alguien me dijo eso mismo en una charla "pero una pelea de vez en cuando está buena porque después viene la reconciliación" y así como no lo entendí unos cuantos años atrás, hoy lo entiendo menos.  

Definitivamente hay manifestaciones que terminan poniendo en juego aquella vieja regla de que lo que nos separa de los animales es la razón.  Somos, si no estoy mal informada, la única especie que mata a quien, en teoría, ama.  Sigue siendo ilógico todo.

Pero el objeto de esto que dejo brotar mientras deseo que nadie más muera "en nombre del amor" es que quizás, alguien  lea mis palabras en el momento correcto, en el más atinado.

Vemos un crimen y jamás nos preguntamos si podemos ser nosotros la próxima víctima.  Pero mucho menos nos imaginamos siendo victimarios.  ¿No?  Y esto excede cualquier estadística machista o feminista.  El problema no reside en el género sino en el manejo de nuestra frustración.  

Nadie nos pertenece, así como una manzana no le pertenece al árbol cuando ya se desprendió de él.  
Nadie es objeto nuestro y lamentablemente para algunos, habrá que superarlo.

No debemos acostumbrarnos nunca, pero NUNCA al maltrato.  Un padre no puede tratar de boludo a su hijo cuando se le cae un vaso y lo rompe.  Una madre no tiene derecho a descalificar a su hija por ser poco viva y "engancharse" con el menos "conveniente".  Una maestra jamás puede tratar de incapaz a un niño que es depositado en sus manos con la confianza de que se irá cada día a su casa con algo más en su haber.  Una pareja no puede elegir la ropa de la persona que ama, no puede tener sus contraseñas, no puede destruir la identidad del otro porque entonces, no ama.  

Cuando esas libertades cercenadas se empiezan a ahogar, vendrán los planteos y la desconfianza, vendrán las acusaciones y vendrán las suposiciones, vendrá la angustia, subirán el volumen de las voces, aparecerán los golpes bajos, tomaremos todo aquello que nos brindó esa persona en confianza y lo usaremos en su contra y, cuando ya no nos alcance, provocaremos más y atacaremos sus afectos, y fabricaremos situaciones hasta que un día uno de los dos se va a acercar al otro con sorna y llevará al umbral de la humillación su paciencia.  Después del día en el que uno se anime, no habrá marcha atrás.  ¿De quién es la culpa?

¿Acaso creemos que es posible decir que hay un responsable cuando una relación es enferma?

Todavía me pregunto si alguno es capaz de creer que cuando una mujer muere (pongo el ejemplo porque estadísticamente mueren más mujeres que hombres por crímenes pasionales) el asesino era tal desde que nació.  No!  Y eso es lo importante de este análisis.  Todos somos potenciales asesinos, todos tenemos días buenos y malos, todos tenemos un límite y eso nos permite convivir.  Pero no es justo que creamos que las discusiones, los gritos, las descalificaciones son propias de alguien que venía programado para matar.  

Entonces ¿qué hacemos nosotros con eso?
No nos acostumbremos. No permitamos que una autoridad desestime una denuncia. No coqueteemos con la muerte.  No elijamos lencería, no paguemos caros restaurantes, no tengamos hijos para salvar nuestra pareja.  Que el bolsillo no nos ate hasta que quedemos marcados.  Que llegar a casa sea un refugio y no un campo de batalla.  

Lamentablemente hay cosas que no cambian.  Y la oportunidad no está con la misma persona.
Después de un golpe, de una mentira, de una palabra hiriente no hay vuelta atrás.  Por más esfuerzo que se haga, nada cambia.  Porque no es -una persona o la otra- responsable, es la mezcla química de ambas lo que no funciona.  

No esperes.  No sometas tu cuerpo a un desgaste que luego harás pagar a otros, no sometas a tus hijos a repetir la historia, no los frustres.  Tu falta de decisión será falta de autoestima en ellos.  

Si sos mujer, no sos débil.  Sos mujer y ya con eso es suficiente para que levantes lo mínimo indispensable y vayas a buscar tu oportunidad.  Y nunca más permitas que te quiten valor, que te desprecien, que te alejen del mundo.  No por ser libre se ama menos... al contrario, la gente libre valora bien y ama mejor. Que nada te ate a nadie, hay manos allá afuera que están dispuestas a ayudarte.

Si sos hombre, no sos fuerte. Sos hombre y con eso basta para que salgas a buscar tu oportunidad. No dejes que un entorno violento desintegre tus valores hasta convertirte en tu peor versión.  A veces lo que creemos que es amor, no lo es. A veces, ser hombre exige responsabilidades sociales que pesan mucho.  No te vuelvas esclavo.  El peso de tus reacciones puede condenarte.


Es bueno y muy sano crecer en un hogar en el que, por más fallas que hayan existido, haya habido buen trato.
No nos acostumbremos.  No tenemos dueños.
No aceptemos ni toleremos maltrato ni de superiores, ni de familiares, ni de parejas, ni de compañeros, ni de nietos, ni de hijos.
La violencia es una enfermedad epidémica que anida en las personas frustradas y que se esparce con demasiada rapidez.

Podemos frenar esto aprendiendo a respetar la vida, sabiendo que los grandes líderes del mundo también han fracasado y que se han superado con esfuerzo y con amor.  Podemos frenar esto entendiendo que las personas no somos trofeos sino compañeros de camino.  Seamos responsables, seamos el ejemplo para los que vienen.  

La violencia no pide permiso.

SI CONOCÉS A ALGUIEN QUE SUFRE VIOLENCIA, LLAMÁ AL 144
La violencia desde adentro no siempre es tan claramente visible. 









jueves, 5 de mayo de 2016

Muere el olvido



Decenas de órdenes repetidas en silencio para sentenciar el olvido,
música fuerte, ruido, comedias, luces y todo se olvida... sólo un rato.
A veces se apuesta tanto...
y son cosas tan propias que no tienen precio en el mercado.


Después de todo,

¿qué hace uno con uno mismo cuando se siente acabado?

¿cómo se dibuja la sonrisa?

¿cómo se condenan los labios?

¿cómo se guarda la angustia cuando el corazón está alterado?

¿cómo se apagan los ojos que guardan sueños dorados?

¿cómo se borra la pena de lo oído?

¿cómo se cree que el futuro no es igual al pasado?


Después de todo,

¿qué gana el que intenta y siempre sale dañado?

¿qué hace cuando se le cae de las manos el tiempo confiado?

¿qué puede hacer si volar le da miedo?

¿qué, si está acostumbrado a correr con el lazo atado?



A veces, no es bueno abrir puertas que estaban con candado.

El olvido tiene sus tiempos.

El miedo da alivio porque de coraje se ha disfrazado.

Hay que reordenar el caos, serenar la pena, volver a la oscuridad los pecados.



miércoles, 4 de mayo de 2016

El peso de la palabra

La noche estaba absolutamente avanzada, tuve una charla con alguien a quien en un momento dije: "tengo cuidado con las palabras que uso porque las palabras tienen valor".

Estoy acostumbrada a parecer severa y en realidad, posiblemente lo sea.  Conmigo, principalmente.  Odio faltar a la verdad, detesto hacer cosas que se alejen de mis sentimientos, de mi intuición, de mi instinto humano más primitivo.  Pensé que quizás, había dicho algo que podía hacer que me vieran como una mujer ruda y frené mi pensamiento porque después de escuchar varias estupideces, entendí que el mundo va a decir lo que le convenga, lo que sienta, va a hablar por sus miedos, por sus sentimientos más bajos, por los más nobles, por los más instintivos y eso ya está respondiendo todo el dilema.  Por muy buenas intenciones que se tengan, siempre habrá alguien hablando mal, descalificando, poniendo palos en la rueda, tirando tus pantalones mientras subís.  Por eso, trato de pensar con mucha más dedicación en esos que  extienden la mano, esos que prestan oídos, brazos, pañuelos.  Esos que te regalan una canción, que piensan en vos cuando tienen una oportunidad, cuando algo sobra ¿por qué no?

Vuelvo a esa frase, "tengo cuidado con las palabras que uso porque las palabras tienen valor".
Tiene valor el buen día de un maestro que dejó a sus hijos en la escuela o al cuidado de su abuela, que preparó el desayuno a su marido, que olvidó pintarse las uñas después de arreglar su jardín.
Tiene valor un apretón de manos de alguien que empieza el día cuando el sol aún duerme, que deja en su cama un pedazo de sí mismo para que cuide a su "vieja" que está cansada de trapear.
Tiene valor la mirada de un niño que repite la frase que alguien puso en un papel para enviarlo a la calle a pedir. 
Tiene valor la sonrisa de un portero, de quien te alcanza el café en el trabajo. 

En un mundo tan bañado de superficialidad, se me hace difícil no expulsar verbalmente lo que pienso, lo que siento.  
Como digo siempre... "los amigos no se tocan" los amigos no son ese "alguien" con quien uno se acuesta cuando pesa la soledad.  Los amigos son gente que toca el corazón en un momento y ahí se quedan, son la respuesta que se espera y la que no. Son la sal en la herida porque es mejor curar que tapar algo que no está bien.

Cuando me senté acá... pensaba en mis primeros amigos.  Creo que fueron mis abuelas.  Es cierto que han sido amistades poco objetivas.  Para ellas fui "la princesa rusa" "Lupita" y hacía casi todo bien.  Sin dudas han sido mis amigas.

Con ellas agarré por primera vez un par de agujas de tejer, me escapé de casa sin permiso, comí golosinas cuando no debía, dormí en horarios imprudentes, recorrí barrios, ferias, iglesias y usé tacos que me quedaban demasiado grandes.

Hoy me desperté y vi una noticia en mi país (Argentina) y pensé en ellas.  Trabajaron toda su vida, fueron personas de bien, tuvieron que afrontar situaciones distintas pero muy difíciles, ambas eran aguerridas aunque de características diametralmente opuestas.  Una era dulce, amorosa, considerada, con ella me sentía cuidada y a salvo.  La otra era temperamental, libre y tan fuerte que si se te antojaba volar, ella te convencía de que podías y verdaderamente lo lograbas... con ella no estaba a salvo pero me sentía fuerte.

Qué bendición encontrarse en la vida con gente que nos de tanto sin siquiera imaginarlo, ¿no?

Muchos abuelos, como una de las mías, murieron esperando algo de Pami.  Un ente que recibe dinero de cada uno de los que trabajamos para brindarles a nuestros viejitos una estadía  mejor.  

Las palabras tienen valor.  No debemos olvidar eso.  
Cuando volvamos al origen, cuando aprendamos a querer al de al lado como si fuera un amigo, cuando pensemos en los abuelos ajenos como si fueran los propios, no van a existir depósitos con sillas de ruedas nuevas esperando podrirse.  

Todavía recuerdo cuando revisé la contestadora en septiembre y una mujer muy amable decía "Hola, queríamos avisarle a la familia de la señora Zarlenga que ya está disponible el colchón".  Sentí muchas ganas de destripar el teléfono contra la pared.  Mi abuela había muerto casi cuatro meses atrás, escarada, viejita, cansada después de toda una vida de trabajo, de responsabilidad, de haber cumplido con los impuestos.  

A veces, no basta con hacer las cosas bien, eso está claro.  Pero hubo un momento en el que casi nadie puso lo mejor de sí y todo se fue contaminando con propagandas de ayuda que tenían, así como tiene la luna, una cara oculta.

Siento bastante desesperanza con todo lo que veo.  
Sigo pensando que la "viveza criolla" ha corrido su límite al punto de excusar a verdaderos criminales. No hablo solo de esto... hablo de cada situación en la que veo que "los invisibles" nos pasan por al lado sin que los podamos notar.

Las palabras tienen valor.   Claro que lo tienen.
Tenemos responsabilidad sobre ellas, sobre los compromisos que asumimos y sobre los más débiles. Siempre.

martes, 3 de mayo de 2016

Hay algo peor que fracasar, no haberlo intentado.

Su prudente soledad lo llevaba a estar horas delante de un libro, tenía un sueño que había postergado por cosas de la vida -con el paso de los años hay planes que cuestan más-.  Se metía cada noche en su computadora para espiar un poco cómo era el día a día de amigos, compañeros de estudio y de trabajo, para reírse quizás, para descubrir canciones o poesías.

Era un ritual.  Su café, su cigarro mentolado, un cúmulo de fotocopias marcadas con resaltadores gastados, una luz tenue que iluminaba lo necesario y una computadora a la que un tiempo más tarde, terminaría odiando.

En su habitación dormía alguien a quien había elegido y a quien definía como "diamante" así que no haría falta describir lo mucho que esa mujer significaba para él.  

Alguna vez lo oí contar al pasar que su vida estaba en orden, que era feliz, que todo tenía un lugar específico antes de que apareciera "ella".  La nombraba con odio y con amor.  Era casi imposible entender cómo podía alguien sentir con la misma intensidad sentimientos tan opuestos.  Por eso, preferí dejarlo hablar.  Él pidió su café y yo, lista para escuchar su historia, pedí licuado de ananá.

Sus ojos profundamente negros, su pelo que se dejaba decorar por el paso de los años, una expresión de tristeza en su mirada me impedía escuchar su relato sin  imaginar qué había detrás.

Al parecer, la historia nació así como nacen las historias del siglo XXI, una computadora de por medio, una red social, dos solitarios.  Nunca coincidieron. Ella parecía no necesitar a ningún hombre, aunque quizás se moría de ganas de caminar con alguien al lado.  Él se describía como un tipo fiel pero repitió en varias charlas "si no estuviera casado... quisiera estar con vos".  Ella era estricta consigo más que con el resto y él estaba acostumbrado a esquivar críticas que pudieran mancharlo.

Nuestra charla se hizo amistosa y me contó bastante de esta historia.  Él hizo el primero y ella el último regalo.  Creo que la pensaba y la quería más de lo que pudo contar, es que... como sospecharán, ese "si no estuviera casado..." dejó de ser tan determinante y terminó estando con ella.  Es cierto, quizás no como ella hubiese querido, quizás ni siquiera como él hubiese esperado.  

Me dijo que me había citado en ese café para contarme la historia porque era el lugar en el que todo había comenzado.  Me miró y susurró, casi con la voz quebrada "ella estaba sentada ahí mismo y yo exactamente donde ahora estoy sentado".  Le hubiese querido preguntar qué sintió la primera vez que la vio, pero creo que ya lo había olvidado.  Tenía tanto enojo que se me hacía difícil comprender qué pasaba por su cabeza, por su corazón y simplemente seguí buscando frases que explicaran ese amor del que ella tanto había hablado.   Es que no lo dije, a ella la conocí en un viaje a un pueblo lejano, algún tiempo atrás.

Le propuse a él que dijera palabras que la definieran y lamento tener que decir que, en su mayoría, eran palabras que no parecían esconder amor.  Soberbia, infantil, una boluda.  Sí.  Se que no es difícil encontrar gente con esas tres cualidades, pero... confieso que esperaba otras palabras.  Seguía intentando entender en qué momento, su relato coincidiría con lo que ella había dicho.  Lo miré durante las tres horas que me dedicó para permitirme contarles esta historia pero no pude sacar demasiado... quizás sea mejor dejarles los números y las anotaciones que ella guardó hasta hace algunos días.

Cuando la encontré en aquel pueblo estaba sacando fotos sola mientras el atardecer incendiaba el paisaje.  Tenía los ojos pequeños y se veía triste... no fue fácil que me dejara entrar en su mundo, pero valió la pena el esfuerzo porque nació una amistad y de ella, esta historia.

Me dijo que se habían visto veinticinco veces en poco más de tres años. Que al principio él se paseaba con ella de la mano y que de a poco, la iba soltando. Pudo verlo solamente una vez el mismo día en el que él cumplía años, elegía regalos  y le escribía cartas que ella misma le leía antes de arrojarlas a la basura para cuidarlo.  Pasaba semanas sin verlo.  En un momento, me dijo con la voz al borde del llanto "Jamás le reclamé nada, lo extrañaba todo el tiempo, lo amaba tanto..." y les juro que sentí pena.  

Tuve la sensación de que ella se quedó con la angustia propia de los "no comprendidos".  Me dijo que cuando pensaba en algo para sorprenderlo, él insistía con la idea de que ella hacía todo para convencerlo, para qué el la eligiera.  Parecía generarle angustia sentir que él tendía a tratarla de farsante, de "poco relajada".  En varias oportunidades mencionó que discutían mucho, qué él parecía descorazonado y que, basado en sus estudios, solía culpar a las "hormonas" de ella de causar los malos entendidos.

Me relataba la historia mientras tomaba fotos en ese furioso atardecer, y algunas lágrimas morían en su bufanda enorme, sus anteojos estaban empañados y yo no podía parar de preguntar.  Me contó muchas cosas que van a ser sólo una charla de amigas que no puedo publicar, pero esta historia termina con dos vidas que chocaron en un punto.  Él la detesta porque quisiera tenerla atada a su vida cada vez que algo no funciona, cada vez que se siente solo o cada vez que siente ganas de vivir y volver a soñar.  Ella siente que su amor se apagó con cada palada de arena que él iba tirando sobre esa fogata que hacía todo para sobrevivir y para iluminar.  

Hubo un silencio largo.  Las dos estábamos sentadas en el medio de la nada.  Frente nuestro, el sol prácticamente extinto.  Sobre nuestras cabezas, la luna nueva, tímida, delicada, escuchaba atenta y se nos sumaba.  Pregunté:  ¿puedo publicar un breve relato de esta historia?  ¿me permitís ir a buscarlo? ¿hay forma de que yo pueda hacer algo?  Contestó: nunca me creyó.  Le di mi tiempo, mi confianza, mi fidelidad y nunca entendió que esto no se trataba de ganar un juego.  Ahora entiendo que yo me tomaba seriamente su sufrimiento y la situación, y él... -suspiró- él únicamente estaba tratando de sentir que no estaba fuera de juego.  Yo fui eso en su vida.  Pienso así cada día y de a poco, lo voy olvidando.

Se que no es una historia con final feliz.  
Pero, las historias tristes sirven para que, cuando lleguen las felices, tenga sentido valorarlas.

Sus identidades no son publicadas, no porque lo hayan pedido sino porque ellos dos, son pasado.

lunes, 2 de mayo de 2016

El pacto

¿Qué hace que exista más de una persona bajo las estrellas pidiendo "por favor, no me mientas"?

Es tan fácil ser pesimista como optimista, salir de una historia nos hace mostrar nuestra naturaleza en estado puro.
El manso, culpable por no amar, trata de acompañar a la que considera víctima del desamor hasta la orilla próxima más segura, porque no amar no significa odiar.
No amar, es haber dejado de admirar aquello por lo cual nació el amor -al menos para mi-.

A veces no resulta y es casi como una regla que, el que "abandona" es el criminal del caso.
Y se esparcen sobre el final de la historia, decenas de calificativos que van a decorar tu memoria incansablemente hasta que algún día, todo haya muerto definitivamente.
Pero, el "mientras tanto" es difícil.

Una vez alguien me dijo "No deberías creer nunca en alguien que no puede ser fiel a lo que siente" y aún así, decidí creer.  Y al elegir, la vida me dio dos opciones: oportunidad o lección.
No hubo felicidad pero hubo un gran aprendizaje, supe que era así... que ¿de qué sirve ser fiel si no se es fiel a lo que se siente? Esa es la raíz de la mentira.

Por eso... por difícil, por extraño, por angustiante que sea...  es mejor "que sea".  La vida se hace andando, sin importar si el camino es corto o es largo.

A veces, el paisaje es escarpado, y duelen las heridas y asustan los sueños que vamos matando cada vez que fallamos, pero siempre vale la pena respirar profundo y continuar para que quede atrás el pasado.

Me dijiste: por favor no me mientas y yo dentro mío sólo pude pensar "por favor... no te mientas" que con eso, los dos habremos ganado.


Dedicado a la insistente casualidad que habita mis días.

miércoles, 6 de abril de 2016

Siglo XXI también sos un cambalache.

Argentina! 
Tierra fértil que nos ha bendecido con un Piazzolla y un Gardel, un Maradona y un Messi, un Quinquela y una Mora... con el tango, el asado, viñedos interminables, ríos caudalosos, montañas, lagos, saltos y un sin fin de vacas pastando en un verde que enceguece.

Argentina, sí!  La del sur de América!  Donde hay gringos, negros, mestizos,  colonias alemanas y senegalesas, donde conviven el guaraní y el inglés como si estuvieras abriendo un libro de antropología bien gráfico y claro.

Argentina es un país en el que nos las sabemos todas. Y no es una frase. 
Nos las sabemos todas!!!
De verdad. 
En Argentina todos nos creemos mil. 
Si nos dan un bastón de mando, lo agarramos. Sí, así como lo escuchas! Sabemos de economía y de leyes, somos mecánicos e ingenieros, nos automedicamos porque la medicina es algo de fácil entendimiento para un argentino. Somos peritos de exquisitos conocimientos capaces de resolver casos en media hora.  Pero principalmente,  amamos que nos peguen. 

Nos gusta que nos peguen pero no cualquiera.  Ojo! Nos gusta que nos pegue el que nos gusta que nos pegue. Por eso, si a Marta le pega su marido, Marta es una boluda que no hace nada ni piensa en sus hijos y aguanta infidelidades y violaciones y golpes porque es boluda... pero yo no soy boluda! No! No lo soy porque Robertito es adorable, me cachetea de vez en mes pero en realidad lo hace porque me ama y siente celos y no me quiere perder y después el pobre... ay, me creés si te digo que con cada reconciliación me trae algo? Lavarropas con luces, repasadores nuevos, un LCD que es la envidia del barrio.
Ves? No es lo mismo.
Qué?  Que sí?  No! Este ojo morado es porque a mi apenas me tocás se me marca el moretón.

Esta escena grafica lo lamentable que habita en la mente de una gran porción de nuestra sociedad.  Y me arriesgaría a decir que este intento de pasaje satírico, es bastante más real de lo que quisiéramos.

Esta es la lógica argentina.  Hasta ayer, todo lo que se hablaba sobre cuevas y lavado y enriquecimiento ilícito era una campaña de desprestigio contra una pobre viuda y su familia que vivían con la modestia característica de la gente honesta.  Pero hoy que algunos tocaron el pianito y lucen chalecos antibala en lugar de camisas caras, hay un silencio atroz hasta que... el actual presi aparece en una nómina de "Panamá Papers" y los que hasta ayer estaban mudos, piden la renuncia, la cabeza y la conciencia moral del actual primer mandatario.

Y yo... que soy muy poco corrupta (no me animo a decir "en absoluto" porque me queda un poco más de media vida aún y la gente cambia) me pregunto... ¿Verdaderamente nos importa la justicia? ¿Verdaderamente nos importa saber?  Digo, no es por menospreciar criminales, pero... no les dio alivio ver que uno de los responsables de la tragedia de Once se iba esposado con una cara que expresaba absoluta preocupación y que, a mi ignorante e intuitivo entender decía "¿Ahora quién podrá ayudarme?"? 
Porque a mi sí.  No por anti-K sino por el simple motivo de ser humana.   Pero hoy, escuchaba a una periodista decir "ojalá la justicia actúe así de rápido con Macri" y me preguntaba dónde estaba reclamando justicia ella misma hace unos meses apenas, cuando moría el niño Néstor o Luz Milagro, o cuando La Plata quedaba bajo agua, o cuando se estrellaba un tren en Castelar, otro en Once o en la Tragedia de Barracas.  

Digo, qué reclamamos?  Justicia o ganar?  Si el que me gusta a mi es corrupto, es menos corrupto porque lo quiero?   Y la respuesta es Sí.  Claramente.

No se en qué momento terminamos siendo 40 millones de imbéciles con Síndrome de Estocolmo que amamos que nos peguen.  Elegimos quién, eso sí.  La nalgada de este me gusta, la de este no.

Es raro. Es ridículo. Es obsceno. Es desalentador.
La disociación que logran algunas personas es asombrosa.  Y después de preguntarme largamente cómo era posible, entendí que no es ilógico.  Somos mujeres golpeadas... nos regalan un perfume caro y nos olvidamos de la nariz rota.

Propongo algo, agarremos la Constitución Nacional, saquémosle la tierra y las telas de araña y repasemos un poco lo que dice.  Después, mate de por medio, pensemos en la cantidad de veces que somos una lacra en nuestros laburos, con la gente que nos quiere, con los que nos necesitan, cuánto faltamos a nuestra palabra, lo mediocres que nos volvemos queriendo aparentar algo para lo cual después hay que salir a lamer botas para mantener lo que no somos.

No es muy difícil.  Tenemos NO LO QUE MERECEMOS sino lo que somos.  Y por brutos, nos van a meter el perro 15 mil veces.  Pero no seamos imbéciles... festejemos la justicia y que sea un camino de ida que no tenga ninguna bandera más que la verdad.  

Falta más libro y menos opinión.  Falta más lógica y menos protesta absurda.  El argentino promedio pierde mucho tiempo criticando lo que consume y envidia en lugar de trabajar para ser mejor. Y aunque parezca poco humilde, en ese grupo no entro yo.

Ojalá todo cambie algún día, aunque difícilmente vaya a verlo.  

Ojalá se terminen los privilegios. 

Ojalá nuestros congresistas vayan más a las Salas Honorables que a Disney.  

La política no puede ser sinónimo de impunidad y mucho menos de inmunidad.  Mientras sigamos eligiendo qué delincuente nos gusta más o menos, ellos van a usarlo para mantenernos con un placebo ridículo y observando detrás del vidrio cómo los seres pensantes de la Argentina se comen unos a otros desprestigiando o defendiendo a los que, muy equivocados, creyeron que cuando les dimos un voto les regalamos nuestra dignidad.

Siglo XXI también sos un cambalache.
Por Guada Michaelis

viernes, 1 de abril de 2016

Espacios

Para qué sirve la soledad?
No hablo de la soledad eterna, sino de esa breve, esa que surge día a día.
Es tan efímera, tan casual que se pierde en este mundo plagado de agendas y horarios, de planes sociales y fotos sonrientes que deben ser publicadas en la internet con la mayor celeridad posible para dar fe de lo bien que se la pasa.

Para qué sirve?
Sirve para estar con uno mismo un ratito... para entender esa orquesta que suena dentro, que suena con fuerza pero no sabemos escuchar.  Sirve para captar el ritmo y aprender a bailar con ese hermoso musculoso que nos permite despertar cada día.  Sirve para entender que el silencio nos puede sacar una linda sonrisa, la oscuridad nos puede traer luz.  Sirve para hablar con nosotros mismos sin necesidad de mentirnos.

Yo tiré la moneda varias veces, hice apuestas a las estrellas, le hablé a Dios, pedí perdón al universo, canté con fuerza y sentí que mi voz se quebraba de dolor.  Compré talismanes para dormir mejor, me dormí contando ovejas y también soñando con que el agua de un mar solitario me mojaba los pies, pero en realidad... siempre supe que ahí dentro, no en mi cerebro, sino en mi corazón, había cosas que no se podían cambiar cuando uno disponía.

Para qué sirve la soledad?  Para valorar la presencia.  De una, dos o mil personas.  Para ver los espacios vacíos y amarlos así tal cual son y para elegir uno que vamos a guardar para lo lindo que nos tenga preparada la vida.  Todo, tarde o temprano, pasará o llegará o se irá o volará o morirá pero también, algo nacerá.

La soledad sirve para reconciliarse con uno y para aprender que es justo haberse arriesgado a volar, que el único compromiso que debe tener un hombre en este mundo es con su propia libertad.

Ahí voy

jueves, 31 de marzo de 2016

Una canción con nombre de varón.

Estaba escuchando a Jorge Drexler,  suelo dejar que el azar me lleve a las canciones y así siento que las re-descubro. Es como mirar fotos, siempre hay un detalle que aflora con fuerza.
La causa casual me dejó boba cuando empezó a sonar Raquel. Dije: "Raquel es un nombre algo antiguo, de hecho... los Auténticos Decadentes supieron hacer la mítica canción que se convirtió en el clásico de los carnavales carioca en la que Raquel es también protagonista.

Como es de costumbre, mi mente voló.
De repente, me pregunté: ¿Existe una canción hecha por una mujer que tenga nombre de hombre?

Me arriesgo a decir que no. Las canciones de mujeres hablan del hombre como se nombra un medicamento genérico.  El macho alfa, el de las manos grandes, el fuerte, cuando no, el mentiroso inescrupuloso bla bla bla.

En cambio "ellos" le escribieron a María,  Raquel, Daiana, Carol, Isabel, Natalie, Carolina, Elisa... y me pasaría horas citando títulos de los más variados estilos musicales.

Se ha planteado en mi una gran duda. ¿Acaso las mujeres, pícara o hábilmente,  escriben impersonalmente a fin de no tener que dar cuentas y por qué no, quedar bien con varios en distintos momentos? ¿Será que los hombres pueden poner el nombre de una mujer a una canción porque han conocido un acto de amor que inspira esa gratitud? ¿ Será que los hombres no llegan a generar un amor así de "grande"?

La duda está planteada. Voy a hacer una canción con varios nombres de hombres. Algo así como un aporte afectuoso.